Presentación

Soy Ada Colau, la primera alcaldesa de la ciudad de Barcelona.

Nací la madrugada del 3 de marzo de 1974, en Barcelona. Mi infancia y parte de la adolescencia la pasé en el barrio del Guinardó, donde vivía con mi madre y mis hermanas, pero a lo largo de mi vida he vivido en muchos barrios, como el Congrés, el Gòtic, la Ribera o la Barceloneta. Ahora vivo en la frontera entre el Camp d’en Grassot y la Sagrada Família con mi compañero, Adrià, y mis dos hijos, Luca y Gael.

Soy nieta de migrantes que llegaron a Barcelona buscando oportunidades. Mis abuelos paternos eran pastores en Güel (Huesca) y vinieron durante la posguerra a Barcelona en busca de un futuro mejor. Los maternos vinieron de Almazán, un pueblo de Soria.

El interés por la política y la inquietud social me vienen desde la adolescencia, cuando empecé a colaborar con Amnistía Internacional y con Amics de la Gent Gran. A los 18 años decidí estudiar filosofía en la Universidad de Barcelona. En la universidad tomé contacto con la actividad política: con muchos otros compañeros y compañeras, fundamos la Asamblea de Filosofía e hicimos encierros y huelgas contra las sucesivas reformas de desmantelamiento de la universidad pública. Me quedé a 30 créditos de terminar los estudios. En casa no había dinero y pronto tuve que buscarme la vida. He hecho todo tipo de trabajos y cursos que siempre he compaginado con mi afición principal: leer. En el 2000 empecé a realizar trabajos relacionados con el mundo de la comunicación, como tareas de consultoría, producción televisiva y traducción e interpretación del italiano.

La década de los 2000 fue convulsa. Ante los cambios sociales y económicos que se produjeron en el mundo, muchas personas preocupadas por la pérdida de calidad democrática nos movilizamos contra el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la guerra de Irak.

Ya en aquellos años me especialicé en temas de vivienda, pues el activismo me llevó a constatar cómo la flagrante vulneración de este derecho estaba produciendo en todo el Estado la vulneración de muchos otros derechos. De esta constatación nació el movimiento V de Vivienda, semilla de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), que pusimos en marcha después del estallido de la burbuja inmobiliaria y de la que fui portavoz hasta el 2014. En pocos años, el trabajo colectivo de la PAH se ha convertido en un referente internacional en la defensa de los derechos sociales.

Sin embargo, más allá de estas experiencias como activista, con quien más he aprendido a amar la ciudad es con el mundo vecinal, primero como socia de la Asociación de Vecinos del Casco Antiguo y, más tarde, como miembro de las juntas de la CONFAVC y la FAVB. Allí conocí la mejor de las Barcelonas: la de sus barrios, la de los vecinos y las vecinas que han batallado por cada calle, cada plaza y cada equipamiento. En el 2007 también empecé a trabajar en el Observatorio DESC, primero como técnica de cooperación y después como responsable del Área de Derecho a la Vivienda y la Ciudad.

En primavera del 2014, personas procedentes del movimiento vecinal, la academia y los movimientos en defensa de la sanidad y la educación públicas nos juntamos en un proyecto para recuperar la ciudad y la pusimos al servicio del bien común.

Ahora estamos en el Ayuntamiento con un mandato ciudadano de cambio y de diálogo para hacer de Barcelona una ciudad más justa y democrática. 

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