Orígenes medievales

Siglo XIII

El origen del Archivo Municipal es inseparable de la creación progresiva del régimen jurídico del municipio de Barcelona a lo largo del siglo XIII. La piedra de este nuevo gobierno municipal autónomo la puso el rey Jaime I (12499 y fue consolidada por sus sucesores que renunciaron a las prerrogativas reales en favor del municipio.

El primer lugar de reunión conocido de los Consejeros de la Ciudad fue el Convento de Santa Catalina, También llamado de los dominicos o predicadores, y donde se comenzaron a guardar los privilegios de la ciudad en grandes cajas de madera.

1336.

Se convino formar una rúbrica o índice de estos privilegios y otros documentos archivados en las cajas.

1369.

Por una serie de conflictos entre los dominicos y los consejeros de la ciudad, se decidió no reunirse más en el convento de Santa Catalina y construir la Casa de la Ciudad. Las cajas con el archivo fueron trasladadas al convento de los frailes menores de San Francisco, donde permanecieron con un cierto abandono y dispersión en los siglos posteriores

1391.

En la sala del Treintanario había un arquibanco con privilegios y otras cartas y concesiones a la ciudad. Con todo, los Consejeros disponen vigilancia nocturna porque "algú no hi posqués dan donar ne a les coses e scriptures".

1495.

Los Consejeros disponen dejar las cajas del archivo en el convento de San Francisco ya que "aquelles han stat tant temps en dit monastir que no és memòria de persones haver stat en altra part". La permanencia de estas cajas con los frailes menores resultó funesta a la larga ya que se perdió documentación del Archivo Municipal.

Primeros intentos de organización (s. XVI-XVIII)

1583.

Pere Joan Comes (1562-1621), canónigo, archivero y cronista barcelonés, compiló el Llibre d'algunes coses assenyalades, en el cual transcribió un gran número de documentos municipales de los años 1423-1579. La obra no fue publicada hasta el año 1887.

1610.

El notario Esteve Gilabert Bruniquer (1561-1641), por encargo de los consejeros, formó la Rúbrica dels privilegis reials, útil para consultar la dispersa documentación de concesiones reales.

1614.

Bruniquer redactó el Cerimonial dels magnífics Consellers i regiment de la Ciutat, conocido también como las Rúbriques de Bruniquer que fueron publicadas en 1912-1916. Constituyen un útil repertorio de la documentación municipal de Barcelona (clasificados por capítulos temáticos: protocolos, elecciones, embajadas, comercio, defensa, aprovisionamiento, obras públicas, sanidad, etc.)

1779-1792.

Edición de las Memorias históricas sobre la marina, comercio y artes de la antigua ciudad de Barcelona, de Antoni Capmany de Montpalau (1742-1813), en las cuales el autor edita numerosos documentos que había consultado en el Archivo Municipal de la ciudad.

Periplo por diferentes lugares

A raíz de la inestabilidad política de los primeros decenios de siglo y después de los disturbios y de los decretos desamortizadores, las cajas del archivo municipal fueron depositadas en el convento de monjas de San Juan de Jerusalén, desde donde posteriormente fueron trasladadas e ingresadas en el Archivo de la Corona de Aragón.

1834.

En el marco de los repetidos intentos de poner orden y dignificar las instalaciones del Archivo Municipal durante estos inicios del siglo XX, se creó una Comisión de Restauración del Archivo integrada por los regidores Pau Soler y Trens, el marqués de Llió, Josep Maria de Llinàs y Andreu Avel·lí Pi y Arimon, la cual procedió a una primera ordenación provisional del Archivo Municipal.

1842.

A causa del bombardeo de Barcelona, se hundió el techo incendiado del Salón de Ciento, hecho que provocó la pérdida de las series más antiguas de la Mesa de Cambio correspondiente al siglo XV.

1848.

El Archivo se trasladó al piso más alto del edificio nuevo de las Casas Consistoriales, donde fué distribuido en seis salas. El Consistorio encargó entonces una reordenación más completa, promovida por el síndico Domènec Garriga, confiada al erudito Ramon Muns Serinyà y al archivero Municipal Antoni Brunet.

A la muerte de éste, le sucedió en el cargo Lluís Gaspar y Velasco, que ejerció hasta 1896. Éste y otros funcionarios conservadores del Archivo Municipal - Josep Puiggarí y Llobet, después Alfons Damians i Manté- atendían a los cada vez más numerosos consultores.