Capítulo I. Crónica. Narración, historia y subjetividad

De 31 Enero, 2014 - 18:00 hasta 16 Marzo, 2014 - 15:00
Tres alertas en las que puede incurrir todo pensamiento alternativo más el peligro de ser manipulado, Antonio Ortega (2014)
La importancia del pepino, Ana García Pineda (2014)
Outside of all things, Richard T. Walker (2013)
Hal, Foc Negre (2014) Pere Noguera
The Second Gift, Aurélien Froment (2010
Folklore #4, Patricia Esquivias (2009)
Taller / workshop - Diana Artus

DIANA ARTUS / PATRICIA ESQUIVIAS / AURÉLIEN FROMENT / ANA GARCÍA-PINEDA/ TORIL JOHANNESSEN / PERE LLOBERA / ANTONIO ORTEGA / RICHARD T.WALKER

+ Raymond Pettibon / Josep Ponsatí / Àngels Ribé

Comisariada por David Armengol y Martí Manen

I. Crónica. Narración, historia y subjetividad supone el primer capítulo de El texto: principios y salidas, un programa de exposiciones centrado en el papel de la escritura en el arte. A modo de símil literario, el programa mantiene un esquema heredado de la estructura del libro: un prólogo, tres capítulos centrales y un epílogo. Cada uno de los capítulos se dedica a una manera específica de entender el relato desde la práctica artística, algo que, a través de un ejercicio de correspondencia conceptual entre quien escribe y quien lee, ofrece tres posibles relaciones emocionales entre el arte y su entorno inmediato. En un primer lugar, la crónica como transmisión subjetiva de un acontecimiento. A continuación, la flexibilidad del relato ficticio (II. Huidas. La ficción como rigor, marzo-mayo). Y, por último, el compromiso fuerte y directo que exhibe el manifiesto (III. Manifiesto. Arte hoy, ante las dudas, mayo-julio).

Como tipología de texto, la crónica implica la narración de una situación. Mediante un tiempo, mediante una posición específica, la crónica refleja una historia susceptible de veracidad, un relato surgido de la realidad y la experiencia que conlleva un grado de subjetividad en los modos de narrar y transmitir unos acontecimientos. Formas propias y singulares que asumen a su vez un reto más destacado, más solemne: la capacidad de exponer delante de los demás aquello que está frente a nosotros, aquello que nos rodea o aquello que, según creemos, merece ser contado.

De manera directa (la primera persona) o indirecta (la tercera), la experiencia vivida implica que la crónica tenga algo de paseo, algo de rastreo, algo de investigación y —también— algo de crítica. Un factor humano que invita a múltiples posibilidades de redefinición de lo acontecido. Una vivencia que genera diferentes miradas, actitudes y reacciones emocionales. Al fin y al cabo, un impulso que empieza en quien observa y narra, para luego dirigirse a aquellas personas que reciben e interpretan desde su propia individualidad o pertenencia colectiva. 

Ya sea a través del uso de registros tan dispares como la escritura, la oratoria, la imagen, el objeto, el sonido o la acción, el ejercicio narrativo en la crónica es habitual —e incluso inherente— en la condición de artista durante toda la historia del arte. Una labor de análisis y especulación sobre la realidad —más romántica y disfuncional en algunos casos, más activista y práctica en otros— que da lugar a aproximaciones al entorno inmediato capaces de liberarse de los parámetros estrictos que dominan nuestra vida cotidiana. Y ahí reside la potencia del papel de artista-cronista: en su capacidad de incidencia crítica a base de prescindir, en la medida que lo considere oportuno, de las normas establecidas manteniendo, al mismo tiempo, un contacto con lo real.

Crónica. Narración, historia y subjetividad cuenta con diferentes modos de abordar la condición de artistas como cronistas del presente. Narraciones flexibles y libres que, de un modo u otro, convierten la exposición en una colección de relatos fragmentados donde las palabras, las imágenes y los objetos funcionan como un texto expandido en el espacio y el tiempo. Un texto en el que el usuario lee a través de sus movimientos.