Cambiar el modelo de movilidad (2a parte - propuestas)

En nuestro anterior artículo veíamos como el actual modelo de movilidad comporta importantes problemas para el conjunto de la ciudadanía. Para conseguir transformar ese modelo las ciudades y regiones más avanzadas vienen desarrollando en las últimas décadas múltiples acciones que, en esencia, persiguen dos objetivos básicos:

1. Reducir las necesidades de movilidad (es decir la distancia y tiempo que es necesario invertir para acceder a bienes y servicios). Lo que implica básicamente incidir sobre la localización e intensidad de las actividades en el espacio, a través de herramientas de planificación territorial, urbanísticas y de promoción y regulación de la actividad económica.

2. Modificar las cuotas modales (es decir los medios de transporte que se utilizan para realizar los desplazamientos); incentivando aquellos que resultan más eficaces, eficientes y equitativos desde un punto de vista social. Esto implica: aumentar el porcentaje de desplazamientos que se realizan a pie, en bici o en transporte público; y reducir los que se realizan en coche o moto.

Es importante señalar que esto implica cambios significativos en las políticas públicas de movilidad; ya que resulta preciso re-equilibrar los modos que se habían privilegiado en las últimas décadas (coche y moto) con los que se habían menospreciado (caminar, ir en bicicleta o en transporte público). Pero también es crucial explicar que todas las experiencias muestran cómo los beneficios colectivos que derivan de implantar las propuestas superan con creces algunas molestias individuales que puedan darse durante el proceso de implementación de los cambios.

Para alcanzar los objetivos anteriores, las experiencias con éxito emplean paquetes de acciones que deben actuar sinérgicamente. Algunas se dirigen a mejorar la oferta de infraestructuras y servicios de movilidad; pero otro importante ámbito que ha cobrado auge en las últimas décadas (porque es barato de implementar y altamente eficaz si se hace bien) es el de la gestión de la demanda (en inglés Transport Demand Management).

Desde Barcelona En Común estamos impulsando e implementando acciones en ambos ámbitos, que cobran más sentido cuando las miramos globalmente. En cuanto a las mejoras de infraestructuras y servicios cabe señalar el nuevo contrato de bicing, las mejoras en las infraestructuras ciclistas, la implementación de la red ortogonal de bus, la colaboración y negociación con las diversas administraciones para mejorar las infraestructuras de metro y tren, la apuesta por la innovación en movilidad eléctrica, etc. En cuanto a la gestión de la demanda es importante destacar las medidas a implementar en episodios de contaminación, las tasas al aparcamiento o las medidas para gestionar la movilidad turística...

Pero estamos hablando de cambiar un modelo que se ha ido consolidando a lo largo de décadas; un modelo cultural transmitido incesantemente por la publicidad, la televisión, los medios; un modelo asociado a las imágenes de éxito, de potencia, de velocidad, de competición, de individualismo... Y sin embargo son cada vez más las personas que aman esta ciudad y que apuestan por que la mejor manera de garantizar los derechos y la calidad de vida individual es a través de una gestión inteligente de los bienes comunes. Y ellas pueden hacer una contribución imprescindible para cambiar el modelo de movilidad: ganar el sentido común. Y a ello dedicaremos nuestro siguiente (y último) artículo de esta serie sobre movilidad.

Grup municipal Bcomú

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