Cambiar el modelo de movilidad (3a parte - ganar el sentido común)

En nuestro anterior artículo veíamos como para poder conseguir un cambio profundo y duradero en el modelo de movilidad es necesario ganar el sentido común. Por eso, a continuación procuraremos dar argumentos en favor de un nuevo modelo y cuestionar algunos mitos...

La competencia por el uso de un bien común escaso: el espacio público

Cualquier ocupación particular del espacio público en la ciudad (para terrazas, realizar eventos, desarrollar obras de edificación, etc.) está sometida a una tasa, y es algo que nos resulta de sentido común. Sin embargo, nos hemos acostumbrado a que cuando se trata de aparcar, el uso de un bien común escaso para fines privados tenga tasas muy bajas o incluso sea gratuito. Si alguno de nuestros vecinos decidiera usar la acera o una plaza de aparcamiento para almacenar sus electrodomésticos cuando no los utiliza probablemente pensaríamos que está haciendo un uso abusivo del espacio público que cabría regular…

En la misma línea, el hecho de destinar espacio libre de la ciudad a almacenar coches privados provoca que dicho espacio no pueda destinarse a otros usos (aceras más anchas, caminos escolares, bancos, juegos infantiles, parques, carriles bici, etc.); y, en último término, provoca un empobrecimiento de la diversidad de actividades urbanas, que está íntimamente relacionado con aspectos como la vitalidad urbana, la seguridad, etc.

¿Subsidiar el coche o subsidiar otros medios de transporte y actividades?

El hecho de tener tasas muy bajas o incluso la gratuidad para el aparcamiento supone, en términos prácticos un subsidio al uso de este medio de transporte, que como ya vimos no es el social y económicamente más eficaz, eficiente y equitativo. Cabe pues reconsiderar qué medios de transporte y actividades es preferible subsidiar desde la administración pública.

Las tasas al aparcamiento favorecen la equidad social

Conviene desmontar el mito de que las tasas al uso del coche acentúan las desigualdades sociales. Ya vimos que hay colectivos que no tienen acceso al coche y que sin embargo, son de los que más sufren sus impactos negativos. En términos de equidad, las tasas al aparcamiento (o la ausencia de ellas) se aplican a las personas que los utilizan, mientras que los beneficios de la aplicación de las tasas (o los perjuicios de su ausencia) se repercuten al conjunto de la ciudadanía.

Mejorar la eficacia y eficiencia del uso del coche

No se trata de erradicar el coche como modo de transporte, sino de favorecer su uso en aquellos desplazamientos en los que resulte adecuado y desincentivarlo en aquellos que no.

Las experiencias muestran que gestionándolas adecuadamente, mecanismos como las tasas pueden optimizar la ocupación de las plazas de aparcamiento y aumentar las rotaciones (es decir, reducir el tiempo que un vehículo permanece aparcado, permitiendo que una plaza se use más veces). Además, el reducir el número de coches circulando en busca de aparcamiento puede contribuir a reducir la congestión.

En definitiva, las tasas al aparcamiento no pretenden que ir en coche se convierta en inasequible, sino, sobre todo, hacer más transparentes y realistas los costes sociales de su uso; incentivando nuevas estrategias más coherentes con dichos costes: desplazamientos fuera de la hora punta, compartir coche, etc.

 

Grup municipal Bcomú

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