Colau, dos años después

El pasado 24 de mayo se cumplieron dos años de las Elecciones municipales de  2015, aquellas en las que Ada Colau se convirtió por sorpresa en la alcaldesa de Barcelona con una victoria mínima de 11 regidores sobre un total de 41. Colau llegaba con la carta de presentación de la alcaldesa de todos, la que iba a cambiar las cosas con transparencia y austeridad.

La verdad, es que Ada Colau quiere convertir Barcelona en su comuna. Pretende dejar atrás la vieja lucha de clases comunista por el enfrentamiento social de barrios. Una ciudad en la que el PSC es la muleta ‘podemita’ que no cuenta para nada. Es la Barcelona de unos pocos, porque el legado de Colau es el gobierno de unos cuantos, que además lo ejercen de forma absoluta, excluyendo, cuando no insultando a los que no piensan como ella. Ataques al turismo, al comercio o los hoteles, menosprecio a la Policía y el Ejército, escarnios a la Corona y a la Iglesia.

Colau dice dialogar pero gobierna por decreto. Su modelo es conocido: intervencionismo, dirigismo, sectarismo ideológico, clientelismo, confrontación y mucha gesticulación. Es el peor exponente de un extremismo que algunos llaman populismo. Hace política pero no gobierna y gesticula porque pretende poder hacer la revolución en 2019 con una mayoría amplia. 

Barcelona se ha convertido en una ciudad en la que la permisividad municipal ha provocado un efecto llamada con el top manta y un incremento de las ocupaciones ilegales con el apoyo del propio gobierno que en algunos casos hasta les ha pagado las obras. Además, con Colau los hurtos han crecido un 5%, a lo que cabe sumar que ser incívico resulta gratis en Barcelona ya que no se cobra el 85% del importe de las multas.

Si Colau ha podido gobernar ha sido porque no solo ha tenido socios de Gobierno, sino también cómplices en la oposición, y que la fragmentación política y el proceso independentista han sido sus aliados para impedir una alternativa sólida. Apuesto por una Barcelona construida desde la centralidad, ya que actualmente está escorada en su izquierda más extrema y complaciente con el independentismo. El pacto de colaboración con el independentismo de Colau, la lleva a respaldar la convocatoria de un referéndum ilegal y la renuncia de defender los intereses de Barcelona ante la Generalitat.

Es necesaria una alternativa a Colau con un compromiso por Barcelona y los barceloneses, desde unos principios rectores obvios en la gestión municipal, e ideológicamente sólidos como el compromiso social y en valores, la colaboración público-privada, la libertad de elección, el principio de autoridad democrática, el derecho a la propiedad, la iniciativa privada, la gestión eficaz, la solvencia económica  y la seguridad jurídica.

Espero que estos dos primeros años de Gobierno de Colau solo sean un mal sueño, y el inicio de sus dos últimos años como alcaldesa antes de las Elecciones de 2019.

Alberto Fernández Díaz

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