Menos ideología y más gestión

Las promesas se las lleva el viento y más las electorales. De esto la alcaldesa Colau y su equipo saben, y mucho. Vendieron a sus votantes una ciudad idílica y han acabado gobernando con políticas que recuerdan al  comunismo más rancio. Han pasado de hacer activismo contra Trias casi a hacer activismo contra los propios barceloneses, a los que ha puesto en medio de conflictos prefabricados por la alcaldesa como  la ocurrencia  de las ‘superillas’, el drama de las terrazas o  el choque con los trabajadores del metro, por citar tres de los muchos ejemplos posibles.

En el trasfondo se sitúa la incapacidad de la alcaldesa para casi todo pero, especialmente, para  llegar a acuerdos, para escuchar voces diferentes a la suya propia. Esta falta de empatía política ha convertido  la propia  gestión municipal en un problema para la ciudad. No hay más que repasar el último barómetro municipal o preguntar a los ciudadanos.

No hay consenso ni diálogo y en consecuencia,  ni  PAM, plan de inversiones y ordenanzas.  Ni siquiera ha conseguido su loable objetivo de reducir las desigualdades. Al revés, la brecha entre barrios ricos y pobres se ha ensanchado. El acceso a la vivienda es más difícil que nunca y  suben el precio de los alquileres y la gentrificación. 

Si Barcelona no se ha detenido pese al freno de mano de la nula gestión del gobierno es porque los técnicos y funcionarios municipales sí están a la altura y están supliendo las carencias gestoras del gobierno con su profesionalidad.  Y con el agravante de que la alcaldesa compromete continuamente su trabajo con decisiones arbitrarias y contrarias a la ley.

Barcelona tiene que salir de esta nueva edad media a la que se la ha condenado. Deben crearse  las condiciones que permitan a emprendedores y a los inversores, a las ideas y al talento apostar por Barcelona. Y a  los comerciantes, los autónomos  y los restauradores a crear empleo. Pero  eso pasa por garantizar una seguridad jurídica de la que ahora se adolece, abriendo la puerta a la colaboración público-privada, y así recuperar el  prestigio y la competitividad que se está poniendo en peligro.

En definitiva, Colau debe aprender a gobernar y dejarse de tanta ideología, de tanto rescatar la misma parte de la memoria histórica y de flirteos independentistas que no le convienen nada a una ciudad abierta, cosmopolita y plural como Barcelona. Lo que hace falta es más gestión y menos postureo; más inversión y menos sectarismo. Más proyectos y menos propaganda.

 

Carina Mejías

Presidenta del grup municipal de Cs

 

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