Omitir y sancionar el castellano

La semana pasada, unos carteles del Ayuntamiento de Barcelona sobre las convocatorias de Audiencias Públicas en el distrito de Ciutat Vella, editados en varios idiomas como catalán, árabe, urdu y tagalo, pero excluyendo el castellano, se convirtieron en centro de las críticas al gobierno municipal de Colau. En el último Pleno municipal, decidí interpelar a la alcaldesa sobre este tema, utilizando unas breves palabras en árabe, para pedir que me explique los motivos por los que el consistorio omite el castellano en la información pública. Como se imaginarán, Colau no justifico los motivos, todo y tratarse de una lengua oficial junto al catalán en el Ayuntamiento de Barcelona. La alcaldesa se dedicó a desviar la atención con otros argumentos, sin explicar los motivos reales de la exclusión del castellano.

Puede ser que la alcaldesa no quisiera profundizar más en el tema, ya que pocas horas después del Pleno municipal del viernes 23 de diciembre, tenía una cita. Colau era la ‘estrella invitada’ en la cumbre independentista convocada por el presidente Puigdemont. Una reunión con aquellos partidos a favor de un referéndum por la independencia, los mismos que votaron un Reglamento Lingüístico que dejaba al castellano en una segunda fila, cuando la normalidad de Barcelona es el bilingüismo catalán y castellano.

Sepan que el año pasado la Generalitat sancionó a 17 empresas en Barcelona por el único hecho de no rotular en catalán, siendo el motivo de la mayoría de estas sanciones el uso del castellano. Unas multas puramente ideológicas, y que no vienen motivadas por ninguna infracción que afecte al cumplimiento de normas vinculadas a la actividad económica. El Ayuntamiento de Colau debería instar a la Generalitat de Cataluña para que deje sin efecto las denuncias por no rotular en catalán en Barcelona. Es surrealista sancionar a emprendedores y comerciantes, cuando estos ya sufren infinitas trabas burocráticas por parte de la administración. Pero todavía es más absurdo que te multen por tener un rótulo en castellano y en cambio el ayuntamiento use el árabe o urdu antes que el castellano en la información pública. Por cierto, según las propias encuestas municipales, el castellano es la lengua habitual del 50% de los barceloneses.

Colau parece que únicamente es bilingüe para cobrar impuestos o hacernos pagar las multas, pero en cambio es ‘bífida’ cuando excluye el castellano en muchas de las comunicaciones municipales. ¿Será que está más pendiente de su futuro político como posible candidata a la Generalitat que en gobernar Barcelona?

Alberto Fernández Díaz

 

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