Mujeres, ciència y Ciudad

Hace dos años, las Naciones Unidas decidieron instaurar el 11 de febrero como Día de las Mujeres y Niñas en la Ciencia. Con ello, se consagraba una conmemoración, pero también una denuncia y un llamado de atención. El año pasado, ni una sola mujer fue galardonada con un premio Nobel en Ciencia. Tampoco el anterior. Desde su primera entrega en 1901, solo el 3% de los casi 600 premios Nobel científicos han recaído sobre mujeres.

Estas cifras no se justifican por la falta de aportaciones de las mujeres a la ciencia. Mujeres científicas ha habido muchas. Y muy buenas. Muchas de estas mujeres fueron invisibilizadas, discriminadas y silenciadas por el pensamiento de su época. Pero su contribución al progreso científico y social ha sido decisiva.

En España, los pocos avances producidos en los últimos años se han visto eclipsados por  retrocesos preocupantes. Las mujeres se gradúan y se doctoran más. Pero solo lideran el 20% de los grupos de investigación. A las dificultades que nuestras científicas tienen que afrontar para conciliar la vida familiar y la dedicación a la investigación, hay que sumar el efecto devastador que los necios recortes en la financiación pública están teniendo en el campo de la ciencia.

Las ciudades no siempre tenemos las competencias y los recursos para revertir esta situación. Pero no podemos permanecer indiferentes. Una ciudad republicana, laica, que se atreva a pensar de forma crítica, como pedía Kant, no puede permitirse desperdiciar el talento y la mirada de nuestras investigadoras. Políticas culturales y educativas, ayudas financieras, premios, congresos internacionales, son herramientas para promover la vocación científica de las mujeres, ya desde pequeñas.

La directora del CERN, la física italiana Fabiola Gianotti, recordaba que la ciencia no puede reparar por sí sola las fracturas sociales del mundo actual, pero que sin ella no hay ni progreso ni entendimiento mutuo. La conmemoración del 11 de febrero debería servir para que las administraciones hagamos autocrítica y asumamos un compromiso real con la ciencia. Sería la mejor manera de reconocer la contribución de tantas mujeres a la mejora de la calidad de vida de todos.  

Gerardo Pisarello.

 

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