Historia

Patrimoni històric de Sant Andreu

La Fabra i Coats es una parte fundamental del barrio de Sant Andreu y un punto clave para entender su historia.

Fundada en 1837 por Ferran Puig y Gibert con el nombre de El Vapor de Fil, el establecimiento de la fábrica en Sant Andreu se convirtió en un símbolo claro del paso de una sociedad agrícola, que aprovechaba el Rec Comtal para sus cultivos, a una nueva destinada a la industria.

Puig i Gilabert dirigió la empresa asociado con su yerno, Camil Fabra i Montanills, bajo el nombre de Camil Fabra i Cia y dedicada completamente a la fabricación de hilados y torcidos de lino.

Por su parte, en Escocia, un empresario llamado James Clark y la familia Coats dominaban el 80% de la producción de hilo para coser en Gran Bretaña, éxito profesional que les dio la posibilidad de expandir su empresa hacia Japón, México, Europa e incluso en Cataluña.

El 1903 los "Sucesores de Fabra y Portabella", los directivos de la fábrica catalana en aquella época, firmaron un acuerdo de fusión con Clark que dio como resultado la "Compañía Anónima Hilaturas de Fabra y Coats", acontecimiento importante que supuso la primera inversión extranjera en la economía industrial catalana.

Desde ese momento, la historia de la Fabra i Coats es una historia de éxitos que podemos ver en la continua ampliación de la fábrica con el anexo de nuevos espacios, como Ca l’Alzina, en la calle Gran y la diversificación de su producción, que se amplió con géneros de punto, popelina para las camisas, ropa de gabardina, ropa de vaqueros, calcetines, medias...

En 1911, la Fabra i Coats se establecía como el primer contribuyente industrial de Sant Andreu y uno de los principales de la ciudad de Barcelona, ​​con un total de 1.600 trabajadores, de los cuales un 80% eran mujeres. Dicen que fue por la gran cantidad de mujeres que trabajaban en la fábrica que se la llamó popularmente Can Mamella, por el gran número de familias que alimentaba, pero también Els Alemanys, Les Filatures o Can Portabella.

Y es que, gracias a la asociación de la industria catalana con la inglesa, la fábrica introdujo una gran cantidad de ventajas laborales que aún no estaban implantadas en España. En 1905, por ejemplo, fundaron el "Socorro Mutuo para Empleados de la Compañía Anónima Hilaturas de Fabra y Coats", encargado de asegurar que los trabajadores cobraran una paga en caso de que tuvieran una baja por enfermedad o, incluso, de cobrar una cantidad trimestral una vez se retiraran. Se ofrecieron préstamos y ayudas destinadas a la vivienda (en Sant Andreu, la Fabra i Coats llegó a construir un total de 260 viviendas para los trabajadores) y se creó un servicio médico que atendía a los accidentes laborales pero también a los hijos de los trabajadores, con un servicio de pediatría. Además, también se incentivaron las actividades culturales y deportivas: el Club Ancora creó un taller de teatro aficionado, visitas a museos y otras industrias e incluso una biblioteca, por otra parte, el club deportivo "Las Hilaturas" para la educación y el descanso creó un equipo de fútbol y de tenis.

La crisis del textil y la reconversión industrial del sector a finales del siglo XX hizo que desde los 70 hasta los 2000, la Fabra i Coats sufriese un proceso de caída que finalizó con su cierre en 2005.

El Ayuntamiento se encargó de comprar los edificios para su conservación y reconversión en lo que conocemos ahora cuando escuchamos el nombre de Fabra i Coats: un espacio multidisciplinar que acoge todo tipo de creadores artísticos, espacios de servicio social, centros, bibliotecas... un centro de hibridación que abarca la contemporaneidad sin olvidar de dónde venimos, conservando la memoria histórica de la fábrica.

[Imágenes: Archivo Amics de la Fabra i Coats]