"Y llegó el día que me planté. Quería volver a estudiar"

Formación. Recibir una orientación académica profesional puede ayudarte a seguir tu camino formativo en momentos de duda y frustración. ¡Te lo demuestra una joven usuaria del CAAJ con su testimonio!

¿Los estudios no te motivan y piensas en abandonarlos? ¿Los dejaste y te arrepientes? ¿No sabes qué estudiar? ¡Contacta con el Centro de Asesoramiento Académico para Jóvenes (CAAJ) o con los Puntos de Información Juvenil (PIJ) de Barcelona! Expertas te orientarán gratuitamente sobre el camino formativo que puedes seguir o cómo retomarlo con ánimos renovados.

Con seguridad encontrarás el provechoso apoyo que también recibió A.M.C., una joven de Nou Barris usuaria del CAAJ.

Ella nos explica cómo un asesoramiento académico acabó siendo una experiencia transformadora en su vida:

 

Tengo un trabajo que es cómodo y cobro muy bien. Tengo una casa que no tiene terraza, pero la luz natural lo compensa. Participo de una asociación juvenil en mi tiempo libre. No me complico demasiado, me da pereza estudiar, total, la vida son cuatro días y ya me está bien…

Y con este discurso bajo el brazo me tiré 8 años de mi vida, de los 19 a los 27. Ahora, que tengo 30, miro atrás y me digo: “Niña, que miedosa fuiste…”.

Yo, que siempre había sacado tan buenas notas en la ESO y que no faltaba nunca a clase, entré en el Instituto a estudiar Bachillerato (que yo había escogido, mis padres siempre me dieron libertad a la hora de escoger) y todo se torció…

Mi preferencia era ir a conciertos y fiestas de jueves a domingo, y dormir en las clases el resto de la semana. Por descontado, tuve que repetir aquel primer curso. Aunque sentí frustración y me prometí a mí misma que en el siguiente año sería más aplicada, no cambió nada. A mediados del primer trimestre desaparecí del Instituto.

Estaba rabiosa conmigo misma, por no ser bastante responsable, por no ser bastante madura, por no entender por qué actuaba así, por no saber quién era. Y, en lugar de enfrentarme a mí misma y de buscar una solución, me busqué un trabajo. El horario era cómodo y las tareas también. Tener una nómina a final de mes que me permitía seguir saliendo de conciertos, empezar a viajar por el mundo y, comprar muebles para mi casa nueva, hacía acallar todas las voces interiores que me gritaban “¡Sigue estudiando, mema!”.

Al cabo de un par de años decidí volver a estudiar telemáticamente ya que trabajaba a jornada completa, y saqué las materias que me quedaban para obtener el título de Bachillerato, pero la motivación que sentía a principio de curso fue disminuyendo a medida que iban pasando los días y volvía a apoderarse de mí aquella pereza… Y la historia se volvía a repetir: frustración, rabia, contradicciones, vergüenza, angustia. Ya estamos. ¡Otra vez dentro de la espiral!

Dentro de esta espiral viví 5 años más, fustigándome por ser cómo era, por haberme fallado otra vez y por no seguir los tempos establecidos a nivel social. Pero, incongruentemente, yo no salía de mi zona de confort (trabajo-casa-asociación-conciertos-viajes-caprichos) a pesar de saber que mi actitud repercutiría negativamente en un futuro cada vez menos lejano.

El punto de inflexión llegó el día que me quedé sin trabajo, aquel donde había trabajado durante 8 años. Fue una bofetada de realidad. Por otra parte, en el ámbito personal ocurrieron una serie de sucesos que hicieron que me replantease mi ritmo de vida, mis objetivos, mis aspiraciones…

Y llegó el día que me planté. Quería volver a estudiar. Necesitaba formación académica para llegar no sé dónde (no tenía un objetivo demasiado claro), pero deseaba formarme y aprender algo relacionado con el campo social (¡eso sí que lo sabía!).

Después de tantos años yo no tenía ni idea sobre cómo funcionaba el sistema educativo, tenía mil dudas respecto a los itinerarios académicos, qué vía era la mejor en mi caso… y en medio de tantas dudas conocí a las asesoras académicas del CAAJ.

Asistí a una asesoría individual que realizaban en mi barrio: ellas me ofrecieron todo tipo de información en torno a mis inquietudes e intereses académicos, me respondieron a las mil preguntas que yo les hacía y después de una hora de asesoría, lo vi todo muy claro. Tenía la información, tenía las ganas, adelante. Decidida. ¡Volvía a creer en mí!

El pasado abril me presenté a las Pruebas de Acceso a la Universidad para mayores de 25 años, y aprobé. ¡Había aprobado! ¡Qué satisfacción tan grande!

No negaré que volver a estudiar fue difícil, y más sin asistir a clases preparatorias aunque me dejaron el temario (¡gracias Jackie!). Había perdido el hábito de estudio completamente, la memoria me jugaba malas pasadas, pero con voluntad y frutos secos salí adelante. Me conocía mejor y sabía qué técnicas de estudio me funcionaban. Me había demostrado a mí misma que las cosas podían cambiar, que yo podía cambiar, que había cambiado, y pensé en una frase que dice “nada cambia si nada cambias”. Cuánta razón…. ¡Lo había conseguido!

Finalmente, el pasado septiembre me volví a sentar en una clase: iniciaba un Ciclo Formativo de Grado Superior. ¡Buf! Estoy conociendo tanta gente enriquecedora, tantos proyectos nuevos, complementando mi experiencia asociativa con contenido académico… Creo que es uno de los mejores años de mi vida.

Cuando acabe este ciclo, que tiene una duración de 2 años, empezaré el grado de Educación Social.

Quiero recalcar que el papel del CAAJ fue fundamental en mi trayectoria académica. El alto nivel del servicio, tener profesionales a tu alrededor que te asesoran (¡nunca decidiendo por ti!), con tanta sinceridad y empatía, es digno de reconocimiento. ¡Gracias por vuestro trabajo, por el apoyo recibido y por la energía que desprendéis!

“Vamos lentos porque vamos lejos”.

No dejes que la espiral del miedo te ahogue. ¡Vamos!