Origen de las rosas de Sant Jordi

Cada 23 de abril por Sant Jordi, se venden millones de rosas por toda Cataluña. La gran demanda, concentrada en un solo día, provoca que una gran mayoría de ellas tengan que importarse. Según datos del Mercado de Flor y Planta Ornamental de Cataluña, el año 2015 sólo un 15% de las rosas fueron suministradas por productores locales, sobre todo del Maresme. Eso implica que el resto vengan de múltiples destinaciones como España u Holanda, pero los grandes productores mundiales son Colombia, Ecuador e incluso algunas llegan de Kenia y Etiopía.

La importación y el cultivo de estas rosas está envuelto en diversas problemáticas, una de ellas es el elevado consumo de combustibles fósiles y emisiones de gases de efecto invernadero provocadas para su transporte. Otra son las precarias condiciones laborales que sufren los trabajadores y trabajadoras que cultivan estas rosas, ya que en muchos casos no cobran un salario digno y pueden llegar a tener graves problemas de salud vinculados a la inhalación de productos químicos destinados al conreo de las rosas. Por último, la utilización de biocidas y el elevado consumo de agua provocan efectos muy negativos para el medio ambiente.

Para concienciar sobre esta situación, la Sociedad Catalana de Educación Ambiental, promueve la campaña #RosesSenseEspines con el objetivo de reflexionar sobre los impactos ambientales, económicos y sociales que hay tras esta tradición. También pretende fomentar un cambio de hábitos a través de la propuesta de alternativas que reduzcan este tipo de consumo.

En los links adyacentes podéis consultar la web de la campaña #RosesSenseEspines y diversos artículos que tratan esta problemática. También encontraréis la reseña de una película que muestra la cara oscura del negocio del cultivo de rosas.