La muralla medieval de Barcelona

Esta guía pretende ser un instrumento para contar la historia de las construcciones defensivas de la ciudad levantadas durante los siglos XIII y XIV, unas construcciones que han dejado rastro en la trama urbana de ciutat vella y de las que se han encontrado en distintos puntos restos arqueológicos

Barcelona, ​​como muchas otras ciudades de Europa y de todo el mundo, tiene una trayectoria histórica en la que aparece, durante siglos y con continuidad, una realidad arquitectónica y urbanística: las murallas de la ciudad. Barcelona fue fundada a finales del siglo I aC, cuando el emperador Augusto decidió establecer varias colonias en Hispania, entre ellas Barcelona -entonces Barcino. Ya desde este primer momento la ciudad tuvo murallas. A finales del siglo IV, se levantaron unas nuevas, conservadas con gran integridad tanto en altura como en muy buena parte de su circuito original. El motivo de este excepcional estado de conservación es que estas estructuras fueron aprovechadas por otras construcciones y quedaron integradas en arquitecturas de épocas posteriores.
A partir del siglo XI, Barcelona inició una etapa de expansión urbana en el entorno de este antiguo núcleo fortificado. Siguiendo los ejes de los caminos que conducían a la ciudad, aparecieron pequeñas áreas con casas. Al cabo de unos cien años, estas áreas habían crecido y aparecían nuevas, de manera que se formó un tejido urbano casi continuo. Así pues, la antigua muralla romana quedaba cada vez más tapada con nuevas construcciones. Este ritmo de crecimiento se prolongó durante todo el siglo XIII, e incluso se acentuó. Entonces los suburbios pasaron a ser propiamente ciudad. La transformación y el crecimiento no sólo eran físicos; lógicamente, estaban vinculados a cambios en los ámbitos sociales, económicos y políticos.

Plano de la muralla

Las primeras noticias de portales a mediados del siglo XIII

Tenemos constancia de la existencia de portales en diferentes puntos de la trama urbana fuera del antiguo recinto fortificado de origen romano a partir de ese momento. Es lógico: había que controlar de alguna manera el acceso de las personas y de las mercancías, y se tenían que establecer los límites físicos y administrativos de la ciudad. Hay documentos del siglo XIII que mencionan varios portales, como el del Puente de Campderà, el del Pou d'en Moranta, el que estaba al lado de las casas de Berenguer de Vilar-Joan, el de la Boqueria, el de la Drassana y el de la calle del Born. De estos portales, no se ha encontrado ningún resto arqueológico y no se conoce la ubicación exacta, pero se han podido llegar a establecer hipótesis sobre su ubicación. Por otra parte, ninguno de los documentos que hacen referencia a la existencia de estos portales no explica cómo eran ni cuándo se hicieron, ni siquiera si definían un perímetro amurallado. Ahora bien, teniendo en cuenta que en aquellos años la dinámica de crecimiento urbanístico y de expansión económica de la ciudad era alta, posiblemente ninguno de estos puntos de acceso no tenía una estricta función defensiva. Más bien debían ser lugares con una finalidad administrativa, de cobro de tasas y de impuestos. En función de ello, probablemente ninguno de estos portales no tenía una estructura arquitectónica importante, que requiriera grandes obras y un gran gasto. En su concepción se debía optar por un criterio funcional que hiciera posible adaptarse con rapidez a los cambios urbanísticos. Sólo una situación militar comprometida habría obligado a abandonar este sistema, y eso no se produjo hasta finales del siglo XIII

La fortificación a partir de 1285

En 1285, las tropas del rey de Francia entraron en Cataluña y sitiaron la ciudad de Gerona. Entonces el monarca catalán, Pere II el Gran, ordenó que Barcelona se fortificara adecuadamente desde el punto de vista militar. La crónica de Bernat Desclot narra el episodio con gran precisión cuando dice que el rey ordenó que se hiciera "[...] un vall en gir de la ciutat, [...], ab mur de terra [...], tot traucat de ballesteries. E de vint en vint brasses féu fer cadafals de fusta riba lo vall". Se trataba de una construcción de urgencia que dotaba a la ciudad de algo que en aquellos momentos no tenía porque la cuestión defensiva no había sido una prioridad hasta ese momento, a pesar de la existencia de los portales. Por otra parte, había edificios, entre los cuales algunos religiosos, que quedaban fuera del sistema de portales. Es probable que este hecho influyera en la concepción del nuevo perímetro para que estas construcciones quedaran dentro de la zona protegida. Una vez pasado el momento de peligro, las obras continuaron. Dejaron de ser una intervención de urgencia y se comenzó a hacer una muralla propiamente dicha, con muros y torres de piedra. Este perímetro incorporó algunos portales que ya existían, como el de Jonqueres o el de la Portaferrissa. Otros portales, como el del Pont de Campderà o el del Born, quizás por las razones que se han explicado, fueron sustituidos por nuevas construcciones situadas más lejos. En aquellos momentos la dirección de las obras fue asumida por el Consejo de Ciento, el gobierno municipal de la ciudad, creado el mismo siglo XIII. Hay que remarcar que esta fue la primera obra de gran envergadura y de interés público que estuvo bajo el control de la municipalidad. Del avance específico de las obras, no se sabe nada, y también se desconoce en qué orden se construyeron las defensas. El único dato que tenemos es la lápida en la que se da fe de la finalización del Portal Nuevo en 1295, conservada en el Museo de Historia de la Ciudad. Tampoco se conoce con precisión si el recinto se llegó a concluir y qué perímetro seguía. Es seguro que todo el frente marítimo se dejó sin fortificar, mientras que por el lado de tierra se debía describir un arco que iba desde donde hoy está el parque de la Ciutadella hasta el final de la Rambla. Es posible que algunos sectores de este arco, incluidos los extremos, no se acabaran del todo.

La refortificación a partir de 1357

En 1357 la ciudad de Barcelona pidió autorización al rey Pere III para rehacer y mejorar las defensas de la ciudad. El rey de Castilla había hecho incursiones en las fronteras de Aragón y de Valencia y estaban en el inicio de una larga guerra. Una de las primeras acciones del Consejo de Ciento fue la adquisición de varias canteras en la montaña de Montjuïc, lo que indica que los trabajos que se querían llevar a cabo tenían cierta envergadura. Las obras comenzaron simultáneamente en tres puntos del recorrido: en los dos extremos del perímetro junto al mar -conocidos como esperons-, y en un sector de muro cerca de Santa Ana, en lo alto de la Rambla. Los trabajos se ejecutaron los años siguientes, hasta que se completó la totalidad del circuito planteado a finales del siglo XIII, con la modificación de algunos tramos. Por ello se puede hablar de "refortificación". Los años 1360-61, las actividades se centraron enfrente de la Rambla y San Daniel. El año siguiente se iniciaron las obras en el sector de la Boqueria. Se tuvieron que realizar trabajos complejos, porque además de la muralla, se cambió el curso de la riera d'en Malla. Además, en esta etapa el Consejo municipal ordenó que fueran derribadas todas las casas y otras construcciones que estuvieran a menos de 37 metros del muro por la parte de fuera, y a menos de 3 metros por la parte de dentro. Esta orden se ejecutó y se mantuvo como normativa a cumplir a perpetuidad: de hecho, la anchura de la actual Rambla concuerda con lo que establecía esta disposició. El año 1363, se realizaron nuevos trabajos en los muros de Framenors y de San Daniel. Al mismo tiempo, se iniciaron las intervenciones en la zona de Jonqueres y de las empalizadas de San Pedro, que los dos años siguientes se extendió tanto hacia el Portal Nou como hacia el Portal dels Orbs (es decir, la actual zona que va desde el Arco de Triunfo, pasando por la Ronda de San Pedro, hasta la avenida del Portal del Ángel). Desde el mes de febrero de 1364 se buscaron soluciones que permitieran actuar con cierta efectividad en la excavación del valle. Bernat Roca, uno de los arquitectos más destacados de la ciudad y responsable de las obras de la catedral, concibió una excavadora con forma de noria, artefacto que se construyó pero con el que no tuvo éxito en sus propósitos. Por tanto, los años siguientes el trabajo de la excavación del valle la hicieron los hombres y mujeres de Barcelona, a fuerza de brazos y aportando ellos las herramientas. Mientras continuaban los complejos trabajos en la Rambla, entre 1.366 y 1.367 se terminó una buena parte de las obras de los muros y se avanzó en la excavación del valle. Parte de la tierra que se sacaba del foso se ponía en el interior de los muros, el resto, en la parte exterior de la zanja. En 1366, también se emprendieron nuevos trabajos en los muros de los portales de Jonqueres y de Santa Ana, en los sectores de San Daniel y de Framenors, el Portal Nou y, finalmente, en la Portaferrissa, donde se comenzó la construcción de un puente de piedra. A partir de 1367 y hasta 1370 se levantaron nuevas torres en diferentes puntos del perímetro y se comenzaron las obras de los puentes que salvaban el valle delante de los portales de Jonqueres, Santa Ana y la Boqueria. A partir de 1368 se trabajó en la obra de las almenas y de la cubierta de las torres, y en 1371 se iniciaron trabajos en el sector de Trentaclaus, donde se construyó un muro nuevo. Para hacer frente a todas estas obras, el Consejo adquirió más terrenos en Montjuïc para abrir nuevas canteras

La muralla del frente marítimo

El día 9 de junio de 1359, un grupo de naves castellanas y genovesas se situó delante de Barcelona con la intención de atacarla por mar. No se recordaba que nadie lo hubiera intentado nunca. De hecho, se creía que era una empresa bastante complicada, prácticamente imposible, debido a la existencia de bancos de arena y arrecifes. Estaban convencidos de que sólo los navegantes barceloneses tenían los conocimientos y la pericia suficientes para esquivarlos y llegar a la playa. Por esta razón todo el frente marítimo se había dejado sin fortificar. Pero este ataque de 1359 demostró que también era necesario proteger la ribera de la ciudad, a pesar de que las obras aún tardaron unos años en concretarse. Durante el verano de 1367 se iniciaron unos primeros trabajos en la construcción de la muralla que debía proteger el frente marítimo. No era una obra sencilla. La nueva muralla no podía convertirse en un obstáculo para todas las actividades vinculadas con el mar, algunas de las cuales, como la actividad mercantil, tenían un carácter fundamental para la economía de la ciudad. Al Consejo de Ciento le costó llegar a concretar un proyecto que tuviera en cuenta estas cuestiones, y los trabajos definitivos no se iniciaron hasta 1370. Este proyecto preveía que todo el frente marítimo quedara dividido en tres partes. La parte central, donde se concentraba la mayor parte del tráfico de mercancías, quedaría completamente abierta. Las dos de los extremos tendrían una muralla donde se levantarían torres y se abrirían varios portales y puertas. Todos estos accesos debían garantizar el tránsito de personas, de mercancías y de embarcaciones pequeñas. A medida que las obras avanzaban, el proyecto se simplificó. El sistema de portezuelas sólo se respetó por el lado del barrio de Ribera, porque en esa zona es donde vivían la mayoría de marineros, de pescadores y demás gente de mar en Barcelona. Durante el siglo XVI se reconstruyó todo este tramo de muralla. Entonces se decidió cerrar completamente el frente marítimo, incluido el sector central, donde se construyó un portal de estilo renacentista y aspecto monumental, el Portal de Mar

La fortificación del Raval

Cuando comenzaron los trabajos en los muros de la ciudad, en 1358, el barrio del Raval ya existía, pero no se contempló que quedara incluido dentro del área fortificada. Así pues, la decisión de fortificar este barrio se tomó más tarde y nació del compromiso que había adquirido el Consejo de Ciento con los que vivían. El gobierno de la ciudad requirió su colaboración en los trabajos que se llevaban a cabo en la Rambla, y ellos aceptaron. A cambio, pidieron que su barrio quedara incluido dentro de la zona fortificada. Esta ampliación del trazado, bastante importante, no se concretó hasta 1368. Preveía sólo la construcción de un valle, con estructuras de tapia y/o empalizadas, y de algunos portales, que tenían que ubicar en relación con los puntos de acceso que ya existían (como el Portal de Godai) o en puntos nuevos (por ejemplo en el extremo inferior de la calle de Robador). Este proyecto fue modificado entre 1372 y 1375. Tras unas complejas negociaciones con el rey, el Consejo de Ciento aceptó cambiar el trazado y ampliar el perímetro. En ese momento se decidió que las Drassanes debían quedar incluidas dentro del área defendida. También a partir de este acuerdo, había que construir una muralla propiamente dicha, con torres, todo de piedra. El cambio de proyecto significó un incremento considerable de la superficie protegida, la cual incluía grandes áreas de campos y huertos. Los trabajos de construcción del valle del Raval según el proyecto de 1368 se iniciaron simultáneamente en sus extremos: por el sector de Tallers y en la calle Hospital (en dirección a las hortes de Sant Pau, al otro lado de la Rambla). Mientras que el tramo de Tallers quedó incorporado al nuevo proyecto, las estructuras de la calle Hospital quedaron inutilizadas. Siguiendo la nueva propuesta, en 1377 ya se había construido el Portal de San Antonio, con las torres llamadas de Sant Iu y de Sant Urbà que lo flanqueaban. Los trabajos continuaron y la documentación indica que en el año 1389 el recinto se había cerrado en su totalidad, aunque quedaban algunos tramos donde la obra aún no era de piedra. Las obras de construcción en el Raval continuaron en el siglo siguiente hasta alcanzar el levantamiento de muros y torres en la totalidad del recinto

Características constructivas y arquitectónicas

El conjunto de la muralla de Barcelona tenía unos muros de un grosor que variaba entre los 2,20 y los 3 metros (incluso un poco más), según los sectores. A partir de los datos aportados por la arqueología, parece que en la mayor parte de la obra se utilizaron sillares pequeños o medianos, de forma regular y desbastados, unidos con mortero de cal al que se solía dar una pátina de color anaranjado. Algún sector presenta un mejor trabajo, con el uso de piedras más grandes y mejor trabajadas. Por lo que se refiere a las torres, se podían encontrar de planta cuadrada, poligonal y semicircular o ultrasemicircular. La explicación de esta variedad de soluciones radica en la duración de las obras. Sin embargo, los datos arqueológicos de que se dispone ponen de manifiesto que las torres de planta cuadrada y poligonal fueron empleadas en el recinto de la ciudad, tanto en las obras comenzadas en 1285, como en buena parte de las campañas constructivas iniciadas en 1358. Las torres de planta semicircular y ultrasemicircular se impusieron a partir de finales del siglo XIV, tenían un aspecto más monumental y eran las mayoritarias en el sector del Raval, excepto en el tramo de las Drassanes. El número de torres varió con el tiempo. Ya se ha visto que en las campañas constructivas de la segunda mitad del siglo XIV se añadieron nuevas torres en el recinto de la ciudad. Los portales presentan varias soluciones siguiendo el mismo esquema de tipologías que se ha visto con las torres. Algunos portales, como el de la Boqueria, el de Santa Ana, el de San Antonio, el Portal Nou y el de San Daniel, estaban flanqueados por dos torres de planta poligonal. Otros estaban abiertos en torres que podían ser de planta cuadrada (es el caso de los portales de Santa Madrona, que se ha conservado, y el de Sant Pau), o también de planta circular (como el de Sant Sever, abierto a una de las torres de Canaletes, en lo alto de la Rambla). Parece que también había algunos portales que más bien fueron portezuelas, es decir, accesos abiertos directamente al muro

El fin de las murallas

La aparición y la evolución de las armas de fuego, cada vez más potentes y efectivas, hizo cambiar las técnicas constructivas relacionadas con la fortificación. Las torres pasaron a ser un estorbo, porque sobresalían y eran un blanco fácil para los cañones. De cara a la defensa era mucho más eficaz construir grandes superficies terraplenes delante de los portales y también en los puntos más críticos del perímetro. En Barcelona estos cambios se concretaron entre los siglos XVI y XVII, sin que ello significara una alteración del trazado de las murallas. A inicios del siglo XVIII se construyó la Ciutadella, una fortaleza militar que seguía los modelos de la escuela de ingenieros militares franceses. Esta obra tuvo un fuerte impacto en la trama urbana y representó la alteración más significativa en el sistema de defensas de la ciudad. Hacia la mitad del siglo XIX, cuando Barcelona estaba en pleno proceso de industrialización, las murallas se derribaron. Su desaparición se consideraba una necesidad imprescindible para garantizar el crecimiento urbanístico de la ciudad. Todo el arco de la muralla de tierra desapareció el verano de 1854. En 1868 fue el turno de la desaparición de la Ciutadella, donde se construyó un gran parque urbano, y a continuación se eliminó la muralla de mar. Del conjunto de las murallas medievales de Barcelona, el único fragmento que quedó en pie fue el que estaba asociado a las Drassanes. La razón de su conservación es que en esos momentos el conjunto de este edificio histórico era un cuartel militar y por eso no se tocó.