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¿Qué es consumo responsable?

La Ley 22/2010, del 20 de julio, del Código de Consumo de Cataluña define el consumo responsable como el consumo moderado, informado, reflexivo y consciente de bienes y servicios, teniendo en cuenta los criterios de sostenibilidad cultural, ambiental, socioeconómica y lingüística.

El consumo responsable es un concepto que defiende que debemos cambiar nuestros hábitos de consumo y ajustarlos a nuestras necesidades reales y a las del planeta, escogiendo opciones que favorezcan el medio ambiente y la igualdad social, es decir, que generen el mínimo impacto ambiental y los máximos beneficios sociales posibles. En concreto, el consumo responsable está vinculado a la producción, la distribución, el uso y el gasto de productos y servicios, y proporciona los medios para repensar su ciclo de vida. Vivimos en una sociedad que fomenta un consumismo desmesurado con políticas de usar y tirar y, hoy más que nunca, es evidente la necesidad de un cambio profundo en nuestros hábitos de consumo.

Reducción del consumo

Consumir de forma responsable también implica consumir menos. En primer lugar, podemos optar por comprar y consumir solo aquellos bienes y servicios que realmente utilizaremos. Por otra parte, podemos convertirnos en personas críticas y no dejarnos convencer por una publicidad que nos empuja a un consumismo superfluo y, a menudo, innecesario.

La Coordinadora de Usuarios de la Sanidad, Salud, Consumo y Alimentación sugiere una serie de preguntas para ejercer un consumo responsable y prevenir compras innecesarias

  • ¿Necesito lo que quiero comprar?
  • ¿Quiero satisfacer un deseo?
  • ¿Estoy eligiendo libremente o es una compra compulsiva?
  • ¿Cuántos tengo ya?
  • ¿Cuándo lo usaré?
  • ¿Cuánto me durará?
  • ¿Podría pedírselo prestado a un amigo o a un familiar?
  • ¿Puedo seguir sin él?
  • ¿Lo podré mantener, limpiar o reparar yo mismo?
  • ¿Tendré ganas de hacerlo?
  • ¿He buscado información para conseguir mejor calidad y menor precio?

¿Qué es consumo colaborativo?

El consumo colaborativo es un amplio y variado movimiento que propone compartir, colaborar y acceder o intercambiar bienes y servicios en lugar de poseerlos; busca pasar de la propiedad al uso. Sería la manera tradicional de compartir, intercambiar, prestar, alquilar, intercambiar y regalar redefinida a través de la tecnología moderna y las comunidades.

Se puede compartir el coche, la lavadora, la bicicleta, libros, CD, roba, electrodomésticos, muebles, juguetes, una comida... También se puede reducir la cultura del usar y tirar mediante el intercambio, la reutilización, la compra y venta de segunda mano o la donación entre particulares de diferentes productos.

Además, no solo se pueden compartir o intercambiar bienes materiales. Personas con intereses comunes se están reuniendo para compartir e intercambiar bienes menos tangibles como el tiempo, el espacio, habilidades y dinero. Estos intercambios tienen lugar principalmente en el ámbito local o de barrio, donde se comparten espacios con múltiples finalidades.

Consejos para una compra responsable

Algunos consejos básicos para una compra responsable:

  • Informarse sobre los aspectos básicos de la compra y escoger lo más idóneo a nuestras necesidades.
  • Comprar solo lo que sea necesario y lo que se ajuste a nuestras posibilidades económicas.
  • Escoger productos ecológicos.
  • Comprar productos a granel, con poco embalaje o con materiales fácilmente reciclables y de bajo impacto ambiental.
  • Evitar el uso de bolsas de plástico y de papel de aluminio en el cesto de la compra y utilizar bolsas reutilizables y recipientes para llevar los alimentos.
  • Evitar la compra de productos que contengan sustancias tóxicas o peligrosas para la salud.
  • Elegir productos de proximidad que potencian la economía local y reducen los costes y los impactos derivados del transporte.
  • Elegir productos de comercio justo para favorecer las economías locales de los países del sur y garantizar el derecho laboral de los trabajadores de toda la cadena de producción, distribución y comercialización.
  • Poner tus ahorros en la banca ética.
  • Practicar formas de turismo que no tengan impacto negativo en la sociedad receptora ni en el medio.

¿Qué es la prevención de residuos?

La generación de residuos es una problemática estrechamente ligada al hecho de consumir. Cuando consumimos, de forma más o menos voluntaria, producimos unos residuos que de un modo u otro se tienen que tratar. Separar los residuos para su posterior reciclaje es una práctica cada vez más habitual, pero no la única, ni mucho menos, suficiente. Hay que hablar también de prevención de residuos.

La gestión de los residuos municipales se basa en una pirámide jerárquica establecida por la legislación europea, española y catalana. En esta, la prevención ocupa el primer lugar, por delante del reciclaje, y la disposición controlada se plantea como la última opción. Eso lleva implícita la idea de que el mejor residuo es el que no se produce. La prevención de residuos puede ser cuantitativa (peso, volumen...) o cualitativa (prevención de residuos tóxicos, peligrosos...). Para dar a conocer qué es la prevención o reducción de residuos, hace unos años que se celebra la Semana Europea de la Prevención de Residuos.

La Semana Europea de la Prevención de Residuos (EWWR) se remonta al año 2009. Se trata de una iniciativa anual para promover actividades y acciones dirigidas a sensibilizar a la población con respecto a los residuos, basada en la filosofía de las tres R (reducir, reutilizar y reciclar), y enfocada, sobre todo, a su prevención. Además, también coordina una jornada de limpieza (el Clean-Up Day), que son campañas de diferentes ambientes a nivel europeo y tienen el objetivo de visibilizar la problemática del aumento de los residuos y su gestión deficiente.

Cada edición de la Semana Europea de la Prevención de Residuos gira en torno a una temática en concreto. En el 2014 se trató el despilfarro alimentario; en el 2015, la desmaterialización; en el 2016, se tratará la prevención de los residuos peligrosos... La página web de la EWWR pone al alcance de la ciudadanía toda una serie de herramientas y recursos para profundizar en la temática.

Más información:

¿Qué es comercio justo?

Según la Organización Mundial del Comercio Justo (WFTO), el comercio justo se define como un sistema comercial basado en el diálogo, la transparencia y el respeto, que busca una mayor equidad en el comercio internacional, al priorizar los criterios sociales y ambientales por encima de los económicos.

El comercio justo contribuye al desarrollo sostenible al tener en cuenta el medio ambiente y al complementar las economías locales de los países del sur, garantizando unas condiciones laborales dignas de los trabajadores y trabajadoras.

El comercio justo es un movimiento social que, a través de una práctica comercial, una labor de sensibilización y un trabajo de movilización social, aspira a cambiar los actuales modelos de relaciones económicas y a participar en la construcción de alternativas; o dicho de otra manera, es un proceso de intercambio de productos que, respetando el medio ambiente, busca repartir equitativamente los esfuerzos y los beneficios.

La lucha por un comercio justo es, para muchas organizaciones que se dedican a ello, una lucha para cambiar las injustas estructuras del comercio internacional, donde unas pocas empresas transnacionales que dominan organismos multilaterales, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, y las políticas agrarias y comerciales de los principales gobiernos están impulsando un modelo agrícola, comercial y de consumo injusto e insostenible. La práctica del comercio justo debe ir acompañada necesariamente por la denuncia y la lucha contra el actual sistema de comercio internacional y por hacer transparente todo el proceso comercial, tanto en el norte como en el sur, para que el consumidor responsable pueda valorar la coherencia de los productos que compra. El comercio justo no es un sector de actividad, sino que forma parte de un proceso de construcción de otra sociedad.

Los principios en los que se basa el comercio justo son los siguientes:

  • Corregir las desigualdades existentes en las relaciones comerciales internacionales.
  • Promover alternativas de consumo más respetuosas, basadas en la participación de personas y comunidades.
  • Garantizar un salario justo para los trabajadores y trabajadoras.
  • Asegurar unas condiciones dignas de trabajo.
  • Proteger los derechos de los niños.
  • Aplicar la transparencia en todo el proceso de comercialización, tanto en el norte como en el sur.
  • Garantizar las igualdades de género.
  • Salvaguardar las minorías étnicas.
  • La sostenibilidad ecológica.

¿Qué es consumo de proximidad?

El consumo de proximidad hace referencia, por una parte, a la distancia geográfica entre la producción y el punto de consumo del producto y, por otra parte, tiene relación con la trazabilidad y el acceso a la información de los productos consumidos. En este sentido, hacer un consumo de proximidad significa escoger productos y servicios hechos en un entorno próximo y conocer su origen, cómo se ha producido, etcétera. El consumo de proximidad permite, a la vez, una relación más estrecha y directa entre quien produce y quien consume.

Consumir de proximidad... ¿nos aporta beneficios?

  • En primer lugar, el acortamiento de las distancias favorece que podamos optar por un producto fresco y de temporada.
  • Permite reforzar la economía local y el mantenimiento de explotaciones familiares agrarias y ganaderas.
  • Reduce el gasto energético asociado al transporte y a la contaminación. ¡Importar productos de otros continentes produce toneladas de emisiones de CO2 a la atmósfera!
  • Favorece la conservación de variedades agroalimentarias autóctonas que han ido quedando en segundo plano.

¿Qué es consumo ecológico?

Los productos ecológicos son aquellos productos elaborados bajo los parámetros de la agricultura o ganadería ecológica, de proximidad y de temporada.

La agricultura ecológica se define como una práctica agrícola que no utiliza productos químicos como síntesis, como por ejemplo los fertilizantes químicos, los pesticidas y las fitohormonas. Tiene como objetivo asegurar un sistema viable y sostenible de gestión agraria que combine técnicas de producción dirigidas, en todo momento, al uso óptimo y sostenible de los recursos naturales, minimizando el impacto de la actividad agrícola en el medio ambiente, mediante unas buenas prácticas agroambientales, como el uso responsable de la energía y de los recursos naturales. La agricultura ecológica tiene en cuenta la preservación y la mejora del suelo, los ciclos de la naturaleza y la adecuación del tipo de cultivo a la climatología de la zona.

La primera diferencia con la agricultura convencional, la que establece la base de todas las técnicas que se aplican a este tipo de agricultura, es considerar el espacio agrario como un ecosistema. La agricultura convencional basada en abonos químicos, monocultivos, arado excesivo y herbicidas es muy productiva a corto plazo, pero pone en peligro la viabilidad del suelo a largo plazo y está contribuyendo a una pérdida de la biodiversidad cultivada (variedades de fruta, verdura, cereales, legumbres...) que, en algunos casos, es dramática. Miles de variedades autóctonas, adaptadas a condiciones diversas, se han perdido en pocos años. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), entre 1900 y el 2000 se perdió el 75 % de la biodiversidad cultivada.

Por el contrario, los sistemas agrarios ecológicos son por definición diversos y se les aplican técnicas diferentes para mantener la diversidad biológica y conservar la biodiversidad cultivada: rotaciones y asociaciones de cultivos, uso de semillas tradicionales, cubiertas vegetales permanentes, mantenimiento de cercos y márgenes boscosos, integración de agricultura y ganadería, entre otros.

En términos de salud, los productos ecológicos están libres de productos tóxicos persistentes procedentes de pesticidas, antibióticos, fertilizantes sintéticos, aditivos y conservantes utilizados en la agricultura convencional para eliminar insectos y plagas y combatir enfermedades. Tampoco está permitido el cultivo de organismos modificados genéticamente (OMG) en la agricultura ecológica, ya que estos pueden tener consecuencias negativas tanto para la salud como para el medio ambiente. Hoy por hoy no hay resultados científicos que demuestren que el cultivo de los OMG sea inofensivo para el medio y la salud humana, y se desconoce si la ingesta de plantas modificadas genéticamente supone un peligro para los que las consumen.

Cataluña fue pionera en el desarrollo de la agricultura ecológica en España. Al principio, fue de la mano de grupos de consumidores naturistas y vegetarianos que buscaban alimentos libres de tóxicos. Poco a poco se fueron añadiendo explotaciones familiares, muchas de las cuales todavía utilizaban técnicas tradicionales, por lo que les resultaba relativamente fácil encajar la agricultura ecológica en sus principios y, actualmente, es un sector que va en aumento en nuestro territorio.