Fecha: A partir del 08/03/2016

Lugar: Variable

Barcelona Colonial es un ámbito de diálogo sobre la transmisión memorial de las narrativas coloniales en todas sus dimensiones y, en particular, en su expresión simbólica en el espacio público y en la gestión que hace de ello una sociedad democrática contemporánea. Este ámbito de reflexión es organizado y promovido por el Instituto de los Pasados Presentes.

Barcelona colonial: monumento, arquitectura y espacio público

07/06/2017

El acto contó con la intervención de Gustau Nerín, antropólogo, y el diálogo “Los monumentos de hoy día y la plaza Antonio López”, entre Juan José Lahuerta, director de la Cátedra Gaudí, y Núria Ricart, profesora de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona.

El monumento a Antonio López

Poco después de la muerte de Antonio López, en 1883, el Ayuntamiento de Barcelona dio apoyo a la propuesta de erigir un monumento conmemorativo de su figura, en el marco de una política de embellecimiento del espacio público, que entonces empezaba a incorporar a los personajes contemporáneos. El monumento, en mitad del paseo de Isabel II, cerca del puerto, se inauguró en 1884, en alusión a las empresas navieras y comerciales fundadas por Antonio López. En la construcción del monumento participaron arquitectos destacados de la época, como Josep Oriol Mestres, y diversos escultores de renombre, como Venanci Vallmitjana, autor de la estatua de López, y Lluís Puiggener, Rossend Nobas, Joan Roig y Francesc Pagès, que hicieron los cuatro relieves de mármol del pedestal, que representan la actividad mercantil y bancaria (en frente), la Compañía Trasatlántica (detrás), los Ferrocarriles del Norte (en el lado mar) y la Compañía de Tabacos de Filipinas (en el lado montaña). La estatua de López se hizo con bronce fundido de los restos de barcos en desuso de la Trasatlántica. La iniciativa de erigir un monumento a Antonio López había sido de su hijo, Claudi López, y de Manuel Girona, grandes prohombres de la sociedad barcelonesa del momento, aunque ya entonces había discrepancias en la valoración del personaje y de la oportunidad del monumento. En 1885, Francisco Bru, cuñado de López, hacía un retrato demoledor en La verdadera vida de Antonio López y López:

¿Qué os parece, españoles, esta indignidad? ¿Qué les parece a los barceloneses? Pueden estar muy ufanos de tener en una de sus plazas públicas la estatua de un chalán de carne humana, célebre por su vil crueldad en la isla de Cuba, antes de serlo en la Península por sus millones y suntuosidades. Con razón podría llamarse a aquella plaza la plaza de los Negreros, porque será la rehabilitación monumental y la apoteosis radiante de todos los comerciantes de carne humana.

La polémica sobre el monumento tuvo otro momento notable en 1902, a raíz de la muerte de Jacint Verdaguer. Entonces, la revista satírica La Campana de Gràcia publicó, en su número 1.727 (junio de 1902), un auca (pareado) en que proponía sustituir la estatua de López por la de Verdaguer y “convertir en bronce la estatua desbancada para hacer caridad a los pobres”, en línea con la sensibilidad social de mosén Cinto. El pareado se intitulaba, significativamente, Una idea práctica y un acto de justicia. A principios de la Guerra Civil, finalmente, el monumento fue derribado, y el metal, reconvertido en material de guerra, como rechazo a la obra que conmemoraba a un indiano vinculado al tráfico de esclavos. Pero durante los primeros años del franquismo, en 1944 y en tiempos del alcalde Miquel Mateu i Pla, la obra se reconstruyó. Con la colaboración del escultor Frederic Marès, la estatua de López se repuso con piedra de Montjuïc, y el conjunto monumental se reubicó a pocos metros del emplazamiento original. Con el tiempo fue cogiendo fuerza la visión crítica del monumento, considerado como una apología de un arribista sin escrúpulos y un negrero, y se hicieron toda una serie de acciones ciudadanas y de análisis críticos, que se intensificaron a finales de la década de los noventa, cuando se celebró cerca del monumento la Fiesta de la Diversidad. En el año 2010, SOS Racismo y los sindicatos CC. OO. y UGT pidieron al Ayuntamiento de Barcelona que lo retirara. En los últimos años han sido numerosas las peticiones al Consistorio barcelonés para que se pronuncie sobre el tema, y se han multiplicado y diversificado argumentos y propuestas sobre cómo convendría actuar en concreto en relación con el monumento.

Museo de Historia de Barcelona

Antonio López y López (Comillas, 1817 – Barcelona, 1883)

Antonio López y López nació en Comillas (Cantabria) en 1817, en el seno de una familia con escasos recursos económicos. Pronto decidió emigrar: primero a Lebrija (Sevilla), después a México y, finalmente, a Cuba. En aquella colonia española acabó instalándose en la ciudad de Santiago, donde impulsó diversas actividades empresariales, algunas de manera individual y otras junto a un grupo reducido de socios, en dos compañías (Valdés y López y Antonio López y Hermano), durante las décadas de los cuarenta y de los cincuenta. Entre las diversas actividades a las que se dedicaron López y sus socios en Santiago de Cuba, hay que recordar la gestión de cuatro cafetales y de cuatro ingenios de azúcar, unas fincas trabajadas sobre todo por mano de obra esclava. Si en el cafetal Dulce Unión trabajaron, por ejemplo, 65 esclavos, en los ingenios de azúcar San José de Naranjo y Armonía lo hicieron 25 y 81 esclavos, respectivamente. López también participó entonces en el tráfico de esclavos desde las costas africanas hacia Cuba, una actividad que era ilegal desde 1820. En la compleja cadena del tráfico atlántico, López se encargaba de recibir en el oriente cubano los cargamentos o “partidas” que los capitanes de fuselajes negreros llevaban clandestinamente desde África. Después, él mismo o sus socios se dedicaban a vender a aquellos africanos esclavizados en Santiago de Cuba, o de remitirlos a sus corresponsales para venderlos en otros puntos de la isla (Cienfuegos, Matanzas, La Habana…). López también gestionó una línea regular de vapores entre Guantánamo y Santiago de Cuba, servida por el vapor General Armero, uno de los primeros fuselajes de vapor de la marina mercante española. Como muchos otros indianos enriquecidos en la Gran Antilla o en algún otro lugar de América, López volvió a la Península con su mujer y sus hijos. Optó por instalarse en Barcelona, donde residía la familia de su esposa, y desde la capital catalana empezó a desarrollar una intensa actividad empresarial gracias a la inversión del capital que había acumulado en Cuba. Una actividad variada como hombre de negocios en la que destaca, en primer lugar, la fundación, en 1857, y la gestión ulterior de una firma naviera de fuselajes de vapor (primero llamada Antonio López y Compañía, y después, Compañía Trasatlántica), una empresa encargada del servicio oficial de los vapores correo a las colonias españolas de las Antillas desde 1861, y que pronto se convirtió en la primera naviera mercante del país. Gracias a esta concesión, los fuselajes de la naviera de López transportaron a las Antillas a los miles y miles de soldados españoles que fueron obligados a luchar, en aplicación del injusto sistema de levas, en las diversas guerras coloniales (Santo Domingo, 1863, y Cuba, 1868-1878 y 1895-1898). También desde Barcelona, López contribuyó decididamente a la fundación, en 1876, del Banco Hispano-Colonial, una entidad que financió el esfuerzo militar que el Gobierno hizo en la Guerra de los Diez Años, en Cuba, y de la que fue el primer presidente. Una vez acabada la guerra, López se sirvió de aquel Banco Hispano-Colonial para articular un potente holding empresarial formado por diversas empresas como, por ejemplo, la poderosa Compañía General de Tabacos de Filipinas, una firma que nació en 1881 para cubrir el vacío que dejaría el libre comercio del tabaco en aquella otra rica colonia española situada en el mar de China. Portada de la revista Umbral con el monumento sin la escultura de Antonio López, 1936. Desde Barcelona, Antonio López y López desarrolló también una notable actividad política, a veces de manera pública y a veces entre bastidores. Tuvo, por ejemplo, un papel destacado en la fundación del Círculo Hispano Ultramarino de Barcelona, una entidad que nació en 1871 con el objetivo de frenar eventuales políticas reformistas en Cuba o en Puerto Rico, y de defender un statu quo colonial basado en la preponderancia absoluta del trabajo esclavo en ambas colonias. Como premio a la intensa actividad pública de un empresario que podemos considerar un paradigma del hombre hecho a sí mismo, recibió de Alfonso XII, en 1878, el título de marqués de Comillas y, en 1881, el de grande de España. Murió en Barcelona el 16 de enero de 1883, y dejó un gran legado patrimonial y empresarial. Una comisión selecta y reducida de prohombres de la ciudad pronto promovió la idea de renombrar la barcelonesa plaza de San Sebastián plaza de Antonio López y de colocar una estatua, obra de Venanci Vallmitjana, que se inauguró el 13 de setiembre de 1884, y cuyo coste asumieron los admiradores de López mediante una colecta abierta.

Martín Rodrigo y Alharilla, profesor titular de historia contemporánea en la Universidad Pompeu Fabra

Consultad el programa Barcelona colonial: monumento, arquitectura y espacio público.

¿Por qué hay un monumento de Colón en Barcelona?

07/11/2016

Conferencia de Gustau Nerín y Stéphane Michonneau el 7 de noviembre de 2016 en el Salón del Tinell.

Lee la conferencia de Gustau Nerín.

Lee la conferencia de Stéphane Michonneau.

Espacio público, género y memoria

08/03/2016

Reflexión sobre la dimensión de la memoria en el espacio público de la ciudad y añadiendo la perspectiva de género al debate, destacando los puntos de vista de mujeres arquitectas, urbanistas e historiadoras.

Coincidiendo con el día 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, el Observatorio Europeo de Memorias de la Fundación Solidaridad de la Universidad de Barcelona y el Ayuntamiento de Barcelona proponen un espacio de debate en torno a la mesa redonda “Espacio público, género y memoria”. El objetivo de esta actividad, organizada en el marco del seminario internacional “Memoria, arquitectura y espacio público”, es reflexionar sobre la dimensión de la memoria en el espacio público de la ciudad y añadir la perspectiva de género al debate, destacando los puntos de vista de mujeres arquitectas, urbanistas e historiadoras.

Se ha invitado a formar parte de la mesa a las arquitectas Zaïda Muixí y Olga Tarrasó; a la historiadora y crítica de arte Carme Grandas; al historiador y comisionado de Programas de Memoria del Ayuntamiento de Barcelona Ricard Vinyes; al concejal de Vivienda, Josep Maria Montaner, y al arquitecto Julian Bonder. El objetivo es generar un diálogo sobre el pasado, el presente y las propuestas en torno a las políticas públicas de memoria en el espacio urbano.  El debate estará guiado por algunas cuestiones clave, por ejemplo, cómo crear espacios de ciudadanía, cómo superar los déficits memoriales y de género en el espacio público y cómo construir procesos de memoria en el espacio público consolidando la perspectiva de género.

Antonio López y López (Comillas, 1817 – Barcelona, 1883)

Antonio López y López nació en Comillas (Cantabria) en 1817, en el seno de una familia con escasos recursos económicos. Pronto decidió emigrar: primero a Lebrija (Sevilla), después a México y, finalmente, a Cuba. En aquella colonia española acabó instalándose en la ciudad de Santiago, donde impulsó diversas actividades empresariales, algunas de manera individual y otras junto a un grupo reducido de socios, en dos compañías (Valdés y López y Antonio López y Hermano), durante las décadas de los cuarenta y de los cincuenta. Entre las diversas actividades a las que se dedicaron López y sus socios en Santiago de Cuba, hay que recordar la gestión de cuatro cafetales y de cuatro ingenios de azúcar, unas fincas trabajadas sobre todo por mano de obra esclava. Si en el cafetal Dulce Unión trabajaron, por ejemplo, 65 esclavos, en los ingenios de azúcar San José de Naranjo y Armonía lo hicieron 25 y 81 esclavos, respectivamente. López también participó entonces en el tráfico de esclavos desde las costas africanas hacia Cuba, una actividad que era ilegal desde 1820. En la compleja cadena del tráfico atlántico, López se encargaba de recibir en el oriente cubano los cargamentos o “partidas” que los capitanes de fuselajes negreros llevaban clandestinamente desde África. Después, él mismo o sus socios se dedicaban a vender a aquellos africanos esclavizados en Santiago de Cuba, o de remitirlos a sus corresponsales para venderlos en otros puntos de la isla (Cienfuegos, Matanzas, La Habana…). López también gestionó una línea regular de vapores entre Guantánamo y Santiago de Cuba, servida por el vapor General Armero, uno de los primeros fuselajes de vapor de la marina mercante española.

Como muchos otros indianos enriquecidos en la Gran Antilla o en algún otro lugar de América, López volvió a la Península con su mujer y sus hijos. Optó por instalarse en Barcelona, donde residía la familia de su esposa, y desde la capital catalana empezó a desarrollar una intensa actividad empresarial gracias a la inversión del capital que había acumulado en Cuba. Una actividad variada como hombre de negocios en la que destaca, en primer lugar, la fundación, en 1857, y la gestión ulterior de una firma naviera de fuselajes de vapor (primero llamada Antonio López y Compañía, y después, Compañía Trasatlántica), una empresa encargada del servicio oficial de los vapores correo a las colonias españolas de las Antillas desde 1861, y que pronto se convirtió en la primera naviera mercante del país. Gracias a esta concesión, los fuselajes de la naviera de López transportaron a las Antillas a los miles y miles de soldados españoles que fueron obligados a luchar, en aplicación del injusto sistema de quintas, en las diversas guerras coloniales (Santo Domingo, 1863, y Cuba, 1868-1878 y 1895-1898). También desde Barcelona, López contribuyó decididamente a la fundación, en 1876, del Banco Hispano-Colonial, una entidad que financió el esfuerzo militar que el Gobierno hizo en la Guerra de los Diez Años, en Cuba, y de la que fue el primer presidente. Una vez acabada la guerra, López se sirvió de aquel Banco Hispano-Colonial para articular un potente holding empresarial formado por diversas empresas como, por ejemplo, la poderosa Compañía General de Tabacos de Filipinas, una firma que nació en 1881 para cubrir el vacío que dejaría el libre comercio del tabaco en aquella otra rica colonia española situada en el mar de China.

Desde Barcelona, Antonio López y López desarrolló también una notable actividad política, a veces de manera pública y a veces entre bastidores. Tuvo, por ejemplo, un papel destacado en la fundación del Círculo Hispano Ultramarino de Barcelona, una entidad que nació en 1871 con el objetivo de frenar eventuales políticas reformistas en Cuba o en Puerto Rico, y de defender un statu quo colonial basado en la preponderancia absoluta del trabajo esclavo en ambas colonias. Como premio a la intensa actividad pública de un empresario que podemos considerar un paradigma del hombre hecho a sí mismo, recibió de Alfonso XII, en 1878, el título de marqués de Comillas y, en 1881, el de grande de España. Murió en Barcelona el 16 de enero de 1883, y dejó un gran legado patrimonial y empresarial. Una comisión selecta y reducida de prohombres de la ciudad pronto promovió la idea de renombrar la barcelonesa plaza de San Sebastián plaza de Antonio López y de colocar una estatua, obra de Venanci Vallmitjana, que se inauguró el 13 de setiembre de 1884, y cuyo coste asumieron los admiradores de López mediante una colecta abierta.

Martín Rodrigo y Alharilla, profesor titular de historia contemporánea en la Universidad Pompeu Fabra

El monumento a Antonio López

Poco después de la muerte de Antonio López, en 1883, el Ayuntamiento de Barcelona dio apoyo a la propuesta de erigir un monumento comemorativo de su figura, en el marco de una política de embellecimiento del espacio público, que entonces empezaba a incorporar a los personajes contemporáneos. El monumento, en mitad del paseo de Isabel II, cerca del puerto, en alusión a las empresas navieras y comerciales fundadas por Antonio López, se inauguró en 1884.

En la construcción del monumento participaron arquitectos destacados de la época, como Josep Oriol Mestres, y diversos escultores de renombre, como Venanci Vallmitjana, autor de la estatua de López, y Lluís Puiggener, Rossend Nobas, Joan Roig i Francesc pagès que hicieron los cuatro relieves de mármol del pedestal, que representan la actividad mercantil y bancaria (en frente), la Compañía Transatlántica (detrás), los Ferrocarriles del Norte (en el lado mar) y la Compañía de Tabacos de Filipinas (en el lado montaña). La estatua de López se hizo con bronce fundido de los restos de barcos en desuso de la Trasatlántica.

La iniciativa de erigir un monumento a Antonio López habia sido de su hijo, Claudi López,  y de Manuel Girona, grandes prohombres de la sociedad barcelonesa del momento, aunque ya entonces había discrepancias en la valoración del personaje y de la oportunidad del monumento. En 1885, Francisco Bru, cuñado de López, hacía un retrato demoledor en La verdadera vida de Antonio López y López: » ¿Qué os parece, españoles, esta indignidad? ¿Qué les parece a los barceloneses? Pueden estar muy ufanos de tener en una de sus plazas públicas la estatua de un chalán de carne humana, célebre por su vil crueldad en la isla de Cuba, antes de serlo en la Península por sus millones y suntuosidades. Con razón podría llamarse a aquella plaza la plaza de los Negreros, porque será la rehabilitación monumental y la apoteosis radiante de todos los comerciantes de carne humana.»

La polémica sobre el monumento tuvo otro momento notable en 1902, a raíz de la muerte de Jacint Verdaguer. Entonces, la revista satírica La Campana de Gràcia publico, en su número 1.727 (junio de 1902) un auca (pareado) en que proponía sustituir la estatua de López por la de Verdaguer y «convertir en bronce la estatua desbancada para hacer caridad a los pobres», en línea con la sensibilidad social de mosén Cinto. El pareado se intitulaba, significativamente, Una idea práctica y un acto de justícia.

A principios de la Guerra Civil, finalmente, el monumento fue derribado, y el metal, reconvertido en material de guerra, como rechazo a la obra que conmemoraba a un indiano vinculado al tráfico de esclavos. Pero durante los primeros años del franquismo, en 1944 y en tiempos del alcalde Miquel Mateu i Pla, la obra se reconstruyó. Con la colaboración del escultor Frederic Marès, la estatua de López se repuso con piedra de Montjuïc, y el conjunto monumental se reubicó a pocos metros del emplazamiento original. Con el tiempo fue cogiendo fuerza la visión crítica del monumento, cosiderado como una apología de un arribista sin escrúpulos y un negrero, y se hicieron toda una serie de acciones ciudadanas y de análisis críticos, que se intensificaron a finales de la década de los noventa, cuando se celebró cerca del monumento la Fiesta de la Diversidad. En el año 2010, SOS Racismo y los sindicatos CC.OO. y UGT pidieron al Ayuntamiento de Barcelona que lo retirara. En los últimos años han sido numerosas las peticiones al Consistorio barcelonés para que se pronuncie sobre el tema, y se han multiplicado y diversificado argumentos y propuestas sobre cómo convendría actuar en concreto en relación con el monumento.

Museo de Historia de Barcelona (MUHBA)

Enlace a la entrevista sobre Antonio López con el historiador Martín Rodrigo en Eldiario.es

Enlace a la notícia sobre la Fiesta de Despedida a la estatua de Antonio López

Enlace al reportaje sobre la Fiesta de Despedida a la estauta de Antonio López

Descolonizar Europa. Legados coloniales y construcción de la diferencia

El congreso tuvo lugar los días 11 y 22 de mayo del 2018.

Comisaria: Sara Santamaría

Organiza: Instituto de los Pasados Presentes y El Born CCM

¿Qué participación tuvo Barcelona en el comercio de esclavos? ¿Qué implicación tuvieron los indianos en las transformaciones socioeconómicas y urbanísticas de la ciudad? El doctor Martín Rodrigo y Alharilla, historiador y profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Pompeu Fabra, realizó un repaso del legado colonial de la ciudad con motivo del Once de Septiembre.

El doctor Martín Rodrigo y Alharilla fue el ponente de la tradicional conferencia en el Saló de Cent para conmemorar el Once de Septiembre. Con el título “La dimensión colonial de la Barcelona contemporánea”, Rodrigo y Alharilla analizó el legado y la implicación de la ciudad en el comercio de esclavos a lo largo del siglo XIX.

Prohombres, indianos y comercio de esclavos

Especializado en la participación catalana y española en el tráfico de esclavos, Rodrigo y Alharilla explicó por qué el comercio de esclavos fue una práctica muy extendida durante gran parte del siglo XIX y cómo, incluso después de que fuera declarada práctica ilegal en 1820, desde Barcelona —puerto de salida de barcos negreros que zarpaban en dirección a África— se financiaba el tráfico de esclavos hacia las Antillas.

Muchos barceloneses se beneficiaron económicamente de esta práctica y lideraron el movimiento antiabolicionista, que tenía un apoyo popular importante, y de mantenimiento del statu quo imperial en las colonias. Otros, después de haber hecho fortuna en el comercio de esclavos y mercancías, volvieron para instalarse en Barcelona y contribuyeron al dinamismo económico y urbanístico de la ciudad. El crecimiento de la ciudad con la construcción de L’Eixample es un ejemplo: muchos de los promotores de los edificios del distrito, Antonio López, Eusebi Güell y otros como los Cargó, los Goytisolo o los Xiqués, se habían enriquecido gracias a sus negocios en las colonias.

Lee el texto completo de la conferencia.

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