“Cuidar es ayudar a que mi madre no pierda autonomía”

Mercè Iglesias comenzó a cuidar a su casa, en el Poblenou, a su hermana y su madre en 2002. Su hermana sufría una parálisis cerebral, con un 90% de discapacidad, que requería cuidados las 24 horas. Mercè compaginaba su trabajo como comercial y la de cuidadora de su hermana, con la ayuda de una profesional de los cuidados que contrató algunas horas para apoyarlo. Su hermana murió en 2015 y, desde entonces cuida de su madre, María Rochina, que con los años ha necesitado más atención.

¿Qué son los cuidados para ti?
Dedicarte a los cuidados es atender a las necesidades de las personas que no pueden hacerlo por sí mismas. En mi caso, ayudo a mi madre a hacer cosas que realmente no puede hacer por sí sola. Soy de la opinión que no hay que hacerle todo. Facilito lo que veo que sí puede hacer, aunque suponga más tiempo. Cuidar es ayudar a que no pierda autonomía.

¿Cómo es tu día a día como cuidadora?
En 2015 murió mi hermana y, desde entonces, la salud de mi madre fue deteriorándose. Ahora tiene 94 años. La cuido desde antes de jubilarme y hace 4 años que tiene una alta dependencia. No está nunca sola. Esporádicamente me viene a ayudar a una persona profesional.
Tengo 72 años y cada mañana levanto a la madre de la cama, le cambio la muda, la ducho y el arreglo. Le preparo el desayuno, que aún puede tomarse por sí sola. Vamos a dar un paseo. Volvemos a casa y hago la comida y, a partir de la tarde, nos estamos en casa, porque no puedo permitirme contratar los servicios de una cuidadora profesional. Una amiga me ayuda algunas horas.

¿Crees que el modelo de organización habitual de los cuidados en el hogar es discriminatorio?
Aunque hay excepciones, en general sí, es discriminatorio por el trato que reciben las personas que necesitan cuidados y debido a que las tareas caen a menudo en manos de las mujeres. Pienso que falta sentido común. Cualquiera puede cuidar, pero hay mucha gente abandonada, a pesar de tener familia. Hace pereza cuidar a familiares enfermos, claro, pero alucino que estamos perdiendo un valor como es el cuidado hacia personas de nuestro entorno.

Casi siempre son las mujeres las que cuidan de otras, por aquella cultura de culpa que arrastramos. Incluso, son las nueras las que cuidan de sus suegros, habitualmente. Hay excepciones, como digo, pero pocas. En ocasiones, a mí me ayudan a mi hijo y mi nuera, tengo suerte, pero el peso principal recae en mí. Yo me tuve que espabilar porque no tengo hermanos. A los conocimientos informales que ya adquirí de cuidar a mi hermana, luego le sumar los de un taller de cuidadores al que asistí al CAP Larrard (Parque Sanitario Pere Virgili).

¿Los cuidados a las personas, están lejos de ser entendidas como una tarea imprescindible?
En algún momento u otro de nuestras vidas, todo el mundo necesita ser cuidada. Yo lo he hecho con mi hermana y lo sigo haciendo con mi madre. A lo largo de la semana me queda poco tiempo para mí, por lo que preferiría pagar una persona que cuidara de ella unas horas, que pagar a alguien para que limpiara la casa. Esto ya lo hago yo. Pero está claro que tanto el cuidado de familiares que lo necesitan como cuidar de la casa son tareas que deben realizarse. No se pueden evitar.

¿Y quién cuida de ti?
De mí no cuida nadie. Me cuido yo sola. Bueno, para ser justa debo decir que mi hijo, de vez en cuando, me acompaña a actividades. Pero yo soy autónoma, me lo gestiono y no pido mucho. A pesar de estar jubilada, culturalmente soy muy inquieta. Voy a talleres de música clásica y geneología, donde busco mis orígenes. Mi medicina es hacer cosas que me gustan. Hay veces que estoy saturada y la psicóloga me da una mano.

Una cuidadora debe estar satisfecha con lo que hace. Costa cuidar de una persona con la que has tenido desavenencias a lo largo de la vida. Cuidar de personas que no han dado amor, cariño, duele. Te has de poner barreras para protegerte. Tener cuidado de una persona con la que te llevas bien, es más fácil.

¿La ciudad te ofrece recursos para atender tus necesidades?
Tuve apoyo cuando mi hermana estaba mal. Desde el Ayuntamiento de Barcelona me enviaron cuidadores diariamente, incluso los fines de semana. También recibí ayuda de la Ley de Dependencia, 500 euros mensuales. Son unas ayudas que me fueron bien, como pensionista que soy, que cobro 1.300 euros. Volví a pedir ayuda para mi madre después de que sufriera un episodio grave. Desde el Departamento de Salud valoraron que tenía un grado 3, porque entonces tomaba una medicación muy fuerte, y tenía un 75% de incapacidad. Ahora está mejor y ha recuperado autonomía. Pero si ahora necesito marchar unos días para desconectar, no puedo acceder a ayudas. Hay unas listas de espera muy largas.