La conservación de la memoria colectiva

No tengo miedo. Empiezan los trabajos de inventario y de catalogación de las ofrendas ciudadanas que completarán la memoria integral en que se está trabajando desde el día siguiente del atentado.

Hay cajas, muchas cajas. Hasta 155, llenas de textos, de carteles, de prendas de ropa, de objetos de decoración y de peluches, muchos peluches. La noche del 28 de agosto, 11 días después del atentado, se retiraron más de 5.000 objetos que la ciudadanía había depositado en la Rambla para expresar su recuerdo y pésame a las víctimas. Un volumen tan grande como la motivación de preservar la memoria de la respuesta ciudadana: que hasta la más sencilla nota escrita a mano en un trocito de papel forme parte del recuerdo de unos hechos que marcaron a toda la ciudad.

Los técnicos del Museo de Historia de Barcelona y del Archivo Municipal de Barcelona han iniciado la tarea de recuento y catalogación de todo lo que la ciudadanía y los visitantes de la ciudad depositaron en 149 puntos de la Rambla y que se recogió cuidadosamente hace un par de semanas.

Los trabajos principales que se están realizando en esta primera fase, que se extenderá hasta primeros del 2018, se centran en la limpieza de los objetos, en retirar los restos de cera y parafina de las velas que había en las ofrendas. Posteriormente, se efectuará un tratamiento individualizado, pieza por pieza, en caso de que sea necesario. Los textos se alisarán y se guardarán en sobres y carpetas, y posteriormente se digitalizarán.

El objetivo es disponer de la información más completa posible del tributo y la respuesta ciudadana al atentado que complete la memoria integral en que se está trabajando desde el día siguiente de los hechos, y de la cual ya forma parte toda la documentación fotográfica y de vídeo, así como las firmas y dedicatorias recogidas tanto en el libro de condolencias físico como en el virtual que se activó.

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