Dinamización comunitaria en el barrio de Sant Miguel de Olot

Acción comunitaria. Una intervención comunitaria en el barrio de Sant Miguel de Olot busca generar relaciones positivas en el barrio y romper los estigmas que puede haber entre los vecinos y vecinas mismos y de la ciudad hacia el barrio.

Compartimos la primera entrevista que hemos hecho a los y las referentes de los proyectos que han formado parte del estudio Servicios públicos motores de la acción comunitaria. Estudio Exploratorio de cuatro casos "(abril 2019)

La entrevista ha sido realizada por el educador social y activista cultural Antonio Alcántara por encargo de la Dirección de Acción Comunitaria del Ayuntamiento de Barcelona y puede consultarse en el estudio “Serveis públics motors de l’acció comunitària. Estudi Exploratori de quatre casos” (abril 2019)

Personas entrevistadas: Marta Teixidó, educadora social e iniciadora del proyecto; Jordi López, educador asocial y actual técnico comunitario en el barrio; Anna Casamitjana, educadora social, psicopedagoga y coordinadora del equipo de atención a la comunidad del CAS G (Consorcio de Acción Social de la Garrotxa).


Dinamización comunitaria en el barrio de Sant Miquel de Olot. Intervención comunitaria en los barrios y municipios de la Garrotxa

¿Cuál es la finalidad del proyecto?

La finalidad del proyecto es generar relaciones positivas en el barrio y romper los estigmas que puede haber entre los vecinos y vecinas mismos y de la ciudad hacia el barrio. En definitiva, pasar de coexistir a poder convivir. Trabajamos sobre ejes o ideas bastante diferentes que marcan nuestra intervención: la acción comunitaria, la educación, el territorio, la relación vecinal y la corresponsabilidad.

La idea es poder resolver las necesidades del barrio de una manera colectiva y conjunta. Poder pasar de la idea que hay de lo mío a lo nuestro; ver cómo lo hacemos para pasar de la queja eterna a la propuesta, en un marco donde hemos pasado de oler chorizo ​​picante andaluz a cúrcuma marroquí.

Este proyecto se desarrolla, en la práctica, en el Programa de intervención comunitaria en los barrios y municipios de la Garrotxa, del área de Atención a la Comunidad del Consorcio de Acción Social de la Garrotxa (CAS G) y se enmarca dentro del Plan para la inclusión y la cohesión de Olot (2013 a 2019). La esencia de este Programa de intervención comunitaria en los barrios y en los municipios de la Garrotxa es promover las relaciones sociales en un territorio desde una mirada educativa y comunitaria.

¿Cuál es el motivo de su nacimiento?

El barrio de Sant Miquel – les Tries está ubicado en la periferia este de la ciudad de Olot. Es un barrio que históricamente ha tenido mucha vida social. Ha tenido la segunda fiesta mayor más grande de Olot y dispone de una plaza central muy grande y de algunas plazas internas entre bloques que generan todo un espacio de relaciones que se pueden trabajar. Además, está cerca de dos volcanes. Tradicionalmente el barrio ha acogido personas inmigrantes y esto hace que tenga un porcentaje alto. Las redes familiares y vecinales del barrio han vivido una regeneración causada tanto por la salida del barrio de una parte significativa de los antiguos vecinos y vecinas como por la llegada de un número importante de inmigrantes.

Es alrededor del año 2000 que un diagnóstico del municipio de Olot dibuja tres barrios sobre los que hay que actuar debido a su situación: Casco Antiguo, Sant Roc y el barrio de Sant Miquel. En 2005, se iniciaba la propuesta de trabajar con un consejo de barrio (CdB) para tomar decisiones sobre lo que pasaba. En 2006, afloró un conflicto vecinal debido a la carta firmada por aproximadamente 200 vecinos sobre el uso de la plaza central del barrio. Este punto fue el que generó que se contratara una persona para hacer dinamización en la plaza. Inicialmente el Consejo de Barrio está ocupado por la asociación de vecinos y vecinas (AVV), y aquí hubo mucho trabajo de dinamización para abrirlo a más diversidad y también para poder tener un espacio donde coordinar los recursos que llegaban al territorio.

En este sentido, el Plan integral de mejoras del barrio (PIAM), que se inicia a través de un diagnóstico participativo en el barrio en el año 2014, ha hecho que se diversificara la gente que participaba en el barrio y hemos conseguido este año poder pasar del “ladrillo” en lo social y con más voces. Hemos podido pasar de dedicar todos los esfuerzos a obras poder imaginar proyectos sociales. El PIAM se trabajó con los vecinos y vecinas y con otros agentes implicados para crear 26 acciones de mejora que favorecerían la remodelación urbanística y la creación de equipamientos de ciudad en el barrio.

El trabajo de dinamización ha pasado por hablar con las personas que no son protagonistas y que no forman parte de entidades. Se ha ido más allá de las personas que ocupaban la presidencia. Y aquí vemos que tiene lugar el cambio y, por ejemplo, se está recuperando la Fiesta del barrio.

¿Hay marco de referencia construido de manera común?

Sí, tenemos un marco de referencia que nos permite caminar. Es el Plan para la inclusión y la cohesión social de Olot 2013-2019. Es nuestro marco teórico, lo que nos guía y nos da las líneas que nosotros mismos marcamos el 2012. Lo encontrará aquí: Plan Olot.

Y lo hicimos nosotros a partir del encargo de nuestra directora para que juntáramos dos áreas de trabajo: la de Ciudadanía e Inmigración y la de Dinamización comunitaria. Así nace el área de Atención a la Comunidad con un marco conceptual y de actuación en el que estuvimos trabajando dos años en los que nos apoyaron la Universidad de Girona, la Cooperativa etcéteras o Oscar Rebollo, que estaba en el Instituto de Gobierno y Políticas Públicas (IGOP). Para nosotros fue una manera de ordenar todos los planes y los programas sectoriales que llegan y que, a veces, se solapan y segmentan mucho los ámbitos de actuación: por ejemplo, el Plan de desarrollo comunitario, el Plan de ciudadanía e inmigración, el Plan local de inclusión social, y la colaboración con el Plan educativo de entorno, el Plan de barrios, etcétera. Así podemos enmarcarlos en nuestra intencionalidad y estructura.

Y la perspectiva comunitaria inserta de lleno en esta lógica. La finalidad principal es la cooperación entre los diversos agentes para dar respuestas a las necesidades de la comunidad y acordar acciones preventivas. Hablamos de enredarse, vincular, desde una postura proactiva que hace protagonistas a las personas de su propio cambio sin perder de vista la diversidad y la especificidad del territorio y la comunidad. Pensamos que las necesidades individuales pueden convertirse colectivas. Es un valor añadido en el trabajo conjunto entre la ciudadanía y la Administración, ya que no podemos intentar afrontar los retos actuales de manera aislada.

¿Como es la organización del trabajo comunitario?

Desde nuestra área de trabajo activamos diversos programas y proyectos que vamos interrelacionado, y uno que, poco a poco, se ha hecho de la ciudadanía ha sido el Consejo de Barrio. Este Consejo nace a partir del diagnóstico que hemos comentado con anterioridad y que se hizo en el municipio de Olot alrededor del año 2000. Al principio, no tenía el apoyo de la AVV porque parecía un espacio para competir. Con el tiempo y por su manera de funcionar, ha aparecido como un espacio con sentido propio que trabaja temas comunes que afectan al barrio y que, al mismo tiempo, permite alimentar las entidades del barrio, entre las que se encuentra la AVV, para que desarrollen sus proyectos propios.

El Consejo de Barrio (CdB) está legitimidad por los diversos actores (Administración, entidades, vecinos y vecinas a título individual) y por el pasan las decisiones que están marcadas por el PIAM o bien por otros conflictos o necesidades concretas. Es el lugar donde se priorizan los 150.000 euros del PIAM y también donde se aprueba recuperar un solar para hacer un huerto comunitario o donde se plantea mover la pista deportiva porque molesta unos vecinos y vecinas. Hay que decir que la pista que se puso era por una decisión del CdB y que, cuando los vecinos y vecinas afectados se quejaron, otros vecinos y vecinas les dijo: “Venid al CdB y allí hablamos entre todos y todas”.

También se apoya actividades como la Batalla de Gallos (RAP) y se hace red, o bien se intenta impulsar la fiesta mayor del barrio y el Espacio Social Bufadors, utilizado como espacio para actividades, asociaciones, talleres y que en verano se transforma en el taller de las mujeres del costurero para hacer los vestidos de papel del Ball Pla. Es la idea de recuperar el relato y la práctica del barrio organizado y protagonista de sus tradiciones a través de la fiesta mayor. El baile de trajes de papel, el Ball Pla, era una manera de hacer burla del baile de carpa de los burgueses en el centro de Olot y hoy es una tradición muy potente en el barrio.

En el CdB, participan entidades, vecinos y vecinas a título individual y el equipo técnico referente de los temas tratados. Lo dinamiza Jordi y él rellena y ordena los temas a trabajar. Al principio, fue recibido con indiferencia y crítica, porque era un momento de conflictividad con el cierre de una guardería y la apertura de una mezquita. Pero, poco a poco, hemos demostrado que el CdB es una herramienta para tomar decisiones sobre temas que nos afectan de manera comunitaria y, desde allí, articular las propuestas.

El CdB busca que pasemos de la idea del yo a la idea de nosotros. Por lo tanto, busca implicar al máximo número de personas y parte de la idea de mejorar Olot desde el barrio. En el CdB, puede participar cualquier persona del barrio, que tiene derecho a hablar y votar.

¿Cuáles son los roles de los diversos agentes implicados?

Tenemos unos cuantos.

El agente técnico hace el liderazgo del espacio, genera presencia y vínculo, da una mirada global, resuelve técnicamente y pone en contacto con otros espacios de la Administración.

El agente político da libertad de acción y confianza, y facilita y abre los espacios.

Otros agentes, como la red de profesionales que apoyan, facilitan y entienden la demanda. Son personas concretas, como el o la policía de barrio, la persona referente de cultura, etcétera.

Y tenemos las entidades. Pero depende de cada una, para que encontremos las que lo apoyan, reciben propuestas y aportan, al tiempo que también encontramos las que presentan conflictos.

Y también tenemos el vecindario que no está asociado. Este perfil decide, aporta, suma a los otros espacios, hace de informador en el barrio, utiliza el boca a boca, moviliza el barrio y hace red.

¿Qué aprendizajes metodológicos genera el trabajo directo de los servicios con la gente no organizada?

Podemos hacer una batería. Algunos son los siguientes:

– Hablar con las personas que no son presidentes. Vamos a buscar otros perfiles y nos damos cuenta de que tienen mucha más información que los informadores clásicos. Hablamos con todo el mundo. Desde la mezquita hasta el bar, desde la plaza hasta la AVV, con todos y todas. Se trata de cambiar el modelo clásico e ir más allá de la asociación para hablar también con el vecindario no asociado. Aumentamos visiones, aparecen más liderazgos y equilibramos los espacios de poder. Es pensar en una perspectiva de igualdad de oportunidades.

– Perder el miedo a pedir. Por ejemplo, al frutaro: cuando sabe que es para una cosa del barrio, lo da.

– Tener flexibilidad en la construcción de proyectos. Debemos alimentarnos y alimentar otros proyectos. Se trata de ser un engranaje en el barrio con una mirada sistémica.

– Llamar a las puertas de los vecinos y vecinas directamente. El hecho de que estemos vinculados a otro proyecto de Servicios Sociales en el barrio, que mira el tema de las viviendas, hace que conectemos muchas cosas. Por lo tanto, la relación necesaria con otros servicios se emplea para generar la complicidad.

– Tener presencia constante. Somos una unidad móvil y puedes encontrarnos cuando quieras. Damos respuesta a Whatsapp rápidamente. Somos accesibles. Desayunamos en los bares y hablamos en la calle. Podemos responder con un sí o quizás con un no, o tal vez hay que hablar con este o aquel, pero damos respuesta.

– Ser transparente y honesto. Esto es muy importante. No tener objetivos escondidos. Hay un punto de militancia. Me creo el trabajo y, además, vivo en Olot. Esto hace que me entere de todo.

¿Cuál es el impacto? Qué cosas no habría si el proyecto desapareciera?

Cambiaría el discurso. Pasaríamos, de nuevo, a decir que las cosas no son posibles y que el barrio está fatal. Se perdería la implicación vecinal en la construcción de las propuestas. Perderíamos diversidad de miradas e inquietudes, y aumentarían las etiquetas, los prejuicios y el conflicto. Con todo lo que supone un aumento del racismo.

¿Qué retos tiene el proyecto?

A veces me pregunto dónde están los compañeros y compañeras de Salud o Enseñanza. Están informados, pero muchas de las acciones que hacemos los tocan de manera transversal y no los tenemos presentes. ¿Como los sumamos?

Estamos al inicio de este proyecto; lo ideal es poder llegar a lógicas de cogestión en las que haya una calidad y un liderazgo vecinal.

También es necesario que nuestra manera de hacer contamine los CdB de otros barrios. Hay que funcionar por criterios y legitimando el espacio desde la diversidad. Y, además, que tengamos una interrelación entre nosotros.

Y, en definitiva, hay que seguir apostando para que las inversiones incluya el “ladrillo” y también lo social. Tenemos el espacio público arreglándose, y ahora también las relaciones.