‘Las cosas buenas de la vida’ Capítulo 2: Echar raíces. La pertenencia

Vida comunitaria. El segundo de los cinco vídeos y reportajes que explican el efecto de la acción comunitaria sobre la vida cotidiana retrata espacios y dinámicas que cohesionan la identidad de los barrios. Y de quienes forman parte de ellos.

El barrio del Besòs i el Maresme tiene cerca de 23.000 habitantes. No los podíamos conocer a todos, uno por uno, durante el tiempo de nuestro rodaje. Así que tiramos del hilo a partir de una vecina y de allí salió una historia de cambio personal, desencadenada a partir de su implicación en el barrio. 

A partir del arraigo de esta vecina, seguimos tirando del hilo y fueron surgiendo los relatos de otras mujeres, comprometidas y arraigadas: que aportaban lo mejor de sí mismas y que se han ido dando cuenta de que cada vez más pertenecen a su territorio, que tienen una red de personas, con las que se reúnen y se sienten bien. Y que desempeñan un papel relevante. Personas con quienes comparten la cotidianidad. Y con quienes pueden tener la confianza y el compromiso de luchar por mejorar la vida: la propia y la de todas las vecinas y vecinos.

La historia de Yolanda, de Hanan y de Loli es más que la historia de algunas vecinas que empiezan a conocer mejor su barrio. Es la historia que cambia la vida de una persona en la de una vecina; y la de un barrio, en una comunidad.

La vida cerca de casa

Un barrio es un territorio donde todo pasa más cerca, donde a menudo las cosas están más a la medida de las personas. También conocemos los problemas más de cerca. Sabemos quién lo pasa mal, y todo lo que no funciona nos pasa por delante mientras caminamos por la calle.

Y la comunidad, a su vez, el tejido de vecinas y vecinos que se comprometen a cerrar filas, que son solidarias las unas con las otras, no tiene el bálsamo que cura todos los problemas. Pero sí ofrece una red desde donde estos problemas se pueden afrontar. La comunidad aporta cuidados, lazos, vínculos y acción coordinada.

En el Besòs i el Maresme el contexto social es complejo (situaciones de exclusión social, infravivienda, conflictividad, etcétera) y uno de los aprendizajes de visitarlo de la mano de los agentes comunitarios ha sido comprender la capacidad de articulación entre vecinas, equipamientos, entidades y servicios para abordar conjuntamente los retos en el territorio.

Iniciativas y voces diversas en el barrio del Besòs

Un ejemplo de esta colaboración puede ser la Comisión Vecinal Besòs-Maresme, “Barri net!” (barrio limpio), que trabaja para mejorar entre vecinos y vecinas la limpieza del barrio (aspecto que a menudo genera polémicas entre vecinas). La comisión es tan diversa como el barrio y, entre las acciones de sensibilización que han organizado, Hanan nos ha contado que se han hecho una serie de vídeos, con personas de orígenes diversos, colaborando con el Distrito, y en siete idiomas: catalán, castellano, árabe, urdu, chino, inglés y francés. Puedes encontrar los vídeos aquí. El hecho, más que encontrar una solución definitiva, es que trabajar conjuntamente aporta instrumentos y formas de colaborar y de canalizar los conflictos (en este caso, los que se generan en torno a la limpieza) de un modo constructivo y activo y tendiendo puentes entre personas del barrio.

El movimiento asociativo del barrio nos aporta muchos otros ejemplos de este rol de construcción y cuidados conjuntos. Uno de ellos es el papel que han ejercido las asociaciones de vecinos y vecinas y los espacios comunitarios cuando, últimamente, han surgido colectivos vecinales que expresan su malestar en torno a la percepción de la inseguridad en Barcelona. El fenómeno se ha vivido con preocupación en los espacios comunitarios y las asociaciones de vecinos y vecinas, también porque, además de cuestionar la línea de trabajo en la convivencia que practican estos espacios, aquellos colectivos también han cuestionado su compromiso con las necesidades del barrio. El tejido comunitario (desde los espacios a pie de calle hasta las mesas de articulación entre planes comunitarios y servicios municipales) se ha movilizado intentando buscar soluciones, establecer puentes.

En el Besòs i el Maresme, por ejemplo, desde el Plan comunitario nos indican que, gracias a la Asociación de Vecinos y Vecinas del Maresme, se ha conseguido generar un canal de comunicación con el grupo de vecinas y vecinos que lideran el movimiento de descontento. En su momento, la Asociación de Vecinos y Vecinas del Maresme invitó al colectivo a la Muestra de Entidades y Servicios del barrio y este espacio de contacto ha facilitado poder hablar, contrastar opiniones y romper estereotipos con respecto a ciertos equipamientos del barrio.

El acercamiento ha sido una manera de establecer puentes, de acercar algunas visiones, de explicarse mutuamente las visiones y experiencias, y de hacer que, en definitiva, todas las partes se sientan menos extrañas entre ellas.

Es cierto que, probablemente, eso no ha transformado todavía las causas estructurales que también están en la raíz del descontento, pero sí desactiva hasta cierto punto la polarización entre colectivos de vecinas y vecinos y permite que se vayan trabajando algunas tensiones en beneficio de todo el barrio.

Así pues, la acción comunitaria desempeña un papel clave en la acogida de las vecinas, la facilitación de relaciones y el aliento para que cada persona haga por el barrio aquello que puede aportar, de modo que las vecinas echan raíces en el barrio y tejen redes entre ellas.

El barrio y el horizonte

En el contexto de un barrio con dificultades, a menudo los vecinos y vecinas desean incorporar cambios estructurales que no llegan solo con la acción comunitaria. Lo que sí es cierto es que la acción comunitaria consigue, también, ir dibujando el barrio que los vecinos y vecinas querrían llegar a ser.

La Pasarela Intercultural y Feminista muestra el orgullo de las vecinas de ser del barrio y pertenecer a él, de conocerse y encontrar los puntos en común con vecinas de diferentes culturas, generaciones y afinidades. Es un espacio donde se crece colectivamente y se construye una alegría colectiva, vinculada al barrio.

El Casal de Barrio es un lugar acogedor para cualquier persona, donde, quien lo necesita, encuentra una red y actividades; y quien puede aportar, aporta con sus habilidades, de forma generosa y convencida. Las asociaciones, como Àmbar Prim (asociación feminista con más de 25 años de historia), van construyendo la igualdad, la emancipación y los cuidados de forma concreta en el barrio.

Y las mesas vecinales son espacios donde los puntos de vista divergentes se escuchan, se tienen en cuenta y se trabajan para acabar implantando acciones colectivas que aborden los problemas de todas y que sean compatibles con las sensibilidades y las necesidades de todas.

Todos estos espacios son sitios donde se toman decisiones, donde las vecinas y vecinos del barrio se hacen protagonistas y tienen tanto la capacidad de opinar, como de decidir, de hacer aquello que creen que es bueno para su barrio, para sus vidas. Y tienen la capacidad de dirigirse a la Administración o a otros agentes públicos y privados por el barrio, no solo para reclamar, sino también para construir conjuntamente los cambios estructurales que hacen falta para garantizar sus derechos.

Un ir tejiendo diálogos, transformaciones personales y éxitos colectivos, que son la verdadera definición de lo que denominamos empoderamiento.

Es la historia de un barrio que se convierte en comunidad. Y de personas que se convierten en vecinas empoderadas.