Sobre la libertad de expresión

22 febrero 2018

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Democracia , Justicia

No me gustan nada las letras o las manifestaciones artísticas que expresan odio, insultan o bromean con la violencia. Pero que no me gusten es precisamente cuestión de gustos, no de derechos.
Existe algo por encima de mis gustos o los de cualquiera: la libertad de expresar ideas, máxime cuando lo hacemos a través de una expresión artística, sea una letra de rap, sea una viñeta cómica, sea una obra expuesta en una feria.

La libertad de expresión es, me atrevería a decir, uno de los mayores logros de las democracias, y no se inventó para proteger a los poderosos para que pudieran decir lo que quisieran, sino al revés, para proteger al pueblo y dejar que se expresase libremente ante injusticias y abusos de poder. El rap es un estilo musical que juega al límite. Rebelde. Cáustico. Satírico. Un arma, bastante inofensiva por cierto, que tienen los jóvenes para expresarse como se expresan los jóvenes: jugando con los límites y la provocación. En otros tiempos el pueblo expresaba sus deseos, sus quejas y frustraciones a través de sátiras que hoy se estudian en escuelas y universidades. Quevedo, Cervantes o Goya… todos ellos fueron rebeldes y críticos ante el poder, y lo expresaron en poemas, novelas o cuadros.

Esta semana muchas personas nos hemos indignado con la condena a Valtonyc de más de tres años de prisión ( ¡3 años! ) por cantar o rapear cosas que no hacen daño real a nadie (y menos a la “realeza”) por mucho que no gusten.

No puedo dejar de comparar esta burrada con algo que viví en carne propia: el día que Cristina Cifuentes, entonces Delegada de Interior, me señaló ante un micrófono como “lideresa proetarra amiga de terroristas”. En el juicio reconoció que mentía pero su defensa se amparó en la libertad de expresión. Y ganó. Por el camino, y directamente como consecuencia de esa acusación falsa, mi familia y yo recibimos amenazas graves, en un momento en el que ni era alcaldesa ni cargo electo, sino una ciudadana de a pie portavoz de un movimiento que denunciaba los desahucios.
Ningún poderoso debería ampararse en la libertad de expresión para machacar a un ciudadano, y menos con mentiras.

Vivimos una democracia al revés cuando la libertad de expresión protege a quién tiene poder pero deja expuesto a quien no lo tiene, porque es una herramienta que se creó justo para lo contrario. Una democracia fuerte con los débiles y débil con los fuertes, es una democracia enferma.
Es desolador la cantidad de libertades que en poco tiempo estamos perdiendo. Ayer nos despertamos con otro ejemplo: la retirada de una obra de arte de Arco por incluir presos políticos y llamarlos presos políticos, cosa que al parecer, molesta a muchos políticos, pero que entra dentro de la libertad de expresión del artista, sólo faltaría. También lo vimos en sentido contrario en Barcelona, cuando PdCat y ERC se apuntaron al linchamiento del maravilloso escritor Javier Pérez Andujar cuando hizo uno de los mejores pregones que han tenido las fiestas mayores de nuestra ciudad.

Una ofensiva retrógrada que vivimos en estos tiempos en que todo se judicializa, al tiempo que la justicia se politiza para proteger siempre a los mismos.

Con cada sentencia como la de Valtonyc, con censuras como la de Arco o la del libro “Fariña” sobre el narcotráfico en Galicia, somos todos un poco menos libres. Y no podemos acostumbrarnos. No podemos ceder nuestras libertades, ni quitar importancia a hechos que sientan precedentes muy serios y que sumados unos a otros son un gran síntoma de una democracia en declive y en peligro.

Desde Barcelona haremos lo que esté en nuestra manos para resistir este ataque. Las ciudades hemos sido y debemos seguir siendo espacios de libertad, de convivencia en la diversidad, de conquista de derechos. De esperanza y alegría frente al autoritarismo y la censura. Que así sea.

Sobre el blog

Este blog recoge ideas, pensamientos y reflexiones sobre mi día a día como alcaldesa de Barcelona.

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