Una Barcelona con mirada de niño/a

Hace un tiempo tuve el gusto de cerrar una conferencia del gran pedagogo italiano Francesco Tonucci. Entre las muchas cosas que dijo Tonucci recuerdo una anécdota que me sirve como metáfora de lo que hoy, Día Mundial del Juego, quisiera transmitir. El pedagogo hablaba de una niña a la que le habían regalado una muñeca a pilas que podía ”hablar”, algo que anunciaban por la televisión y que la niña deseaba. A los tres días la niña había abandonado la muñeca que “hablaba” y había vuelto a sus muñecas de siempre, sin pilas. Cuando le preguntaron por qué, sencillamente dijo: la muñeca sólo sabe decir 4 cosas. En cambio las otras dicen todo lo que yo quiero.

La imaginación de un niño, de una niña, es infinita como lo es su necesidad de jugar. Jugar es aprender, y jugar al aire libre es necesario, más en tiempos de ipads, móviles, pantallas de ordenador etc, que promueven el juego en solitario y el sedentarismo, a la vez que sobreestimulan el cerebro de forma que ha aumentado muchísimo la hiperactividad infantil y el déficit de atención, y ha aumentado también la obesidad infantil hasta el punto de convertirse en un problema de salud serio en todas las grandes ciudades de Occidente.
El déficit de juego al aire libre tiene que ver con el déficit de “espacios dónde jugar” y también con la calidad de esos espacios.

Barcelona no puede ser “la muñeca a pilas que sólo sabe decir 4 palabras”. Queremos que sea la otra, la que estimula la imaginación y ofrece infinitas posibilidades para el juego.
Es un tema que nos tomamos muy en serio: caminar hacia una ciudad más “jugable”, con más y mejores áreas de juego diseñadas con mirada de niño, y no sólo para garantizar la tranquilidad de los adultos. Por eso estamos impulsando un ambicioso Plan de Juego, para renovar las áreas que ya existen y crear nuevas, más amplias, con más verde y con más elementos jugables que aún no puedo desvelar porque son sorpresa. Quiero dar las gracias a los 4000 niños y niñas que participaron en una macro encuesta de la que sacamos datos importantes para re-pensar y re-diseñar no sólo las áreas de juego sino todos los espacios “jugables” en la ciudad.

Una ciudad que promueve jugar, pensada con mirada de niño/a, es, además, una ciudad más sana, más segura, más pacífica y amable, porque el juego al aire libre es signo de buena salud. Que los niños y las niñas puedan jugar libremente, sin tantas limitaciones y sintiéndose seguros/as, es algo que contagia de salud, de creatividad y de libertad a toda la ciudad. Las ciudades en las que los niños y las niñas juegan al aire libre son, en definitiva, ciudades mejores, no sólo para los niños y las niñas sino para toda la ciudadanía.
El bienestar en una ciudad puede medirse, perfectamente, viendo si en las salidas de las escuelas, en las plazas o en las áreas específicas para el juego hay o no hay niños y niñas jugando.

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Sobre el blog

Este blog recoge ideas, pensamientos y reflexiones sobre mi día a día como alcaldesa de Barcelona.

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