Antonio Ruiz Villalba, trabajador de la SEAT asesinado por el franquismo

19 octubre 2015

Amigas y amigos:

Nos encontramos aquí para recordar a Antonio Ruiz Villalba, asesinado por los grises ante esta misma explanada. Antonio murió por defender nuestros derechos y libertades, aquellos que hacen posible que hoy nos encontremos ante su placa sin miedo a ser detenidas o encarceladas. Cuando asesinaron a Antonio, yo aún no había nacido. Lo haría tres años más tarde, un 2 de marzo de 1974, el mismo día que ejecutaban a Salvador Puig Antich. Así se encargaron de recordármelo mis padres, y así lo recuerdo yo cada año cuando llega esta fecha. Es la memoria de todos quienes nos han precedido lo que da sentido a nuestra lucha, lo que nos permite saber de dónde venimos y por qué estamos aquí.

No recuerdo nada del fin del franquismo. Era demasiado pequeña para hacerlo. Pero sí recuerdo las conversaciones en casa, en la escuela, los programas de la televisión posteriores; y siempre había algo que no cuadraba. Por un lado, la historia oficial, que glorificaba la moderación política y el compromiso democrático del monarca; por otro, una historia bien diferente, que hablaba de movilizaciones populares, de huelgas, de torturas y muertes a manos de los grises. Si perdemos esta historia de resistencia, si olvidamos que Franco murió en la cama, pero el franquismo fue derrotado en las calles y en las explanadas de las fábricas, nos estarán arrebatando no solo nuestro pasado, sino también la clave de nuestro futuro: que toda libertad es el resultado de la lucha por conseguirla.

Este es el motivo por el que estamos hoy aquí recordando a Antonio. Esta es la razón de ser del memorial democrático de la SEAT: recordarnos que las libertades que disfrutamos han sido logradas gracias a la movilización vecinal y obrera. Así pues, recordar hoy a Antonio Ruiz Villalba es recordar también el ejemplo de dignidad y resistencia del movimiento obrero de este país. Es recordar a Manuel Fernández Márquez, asesinado en la huelga de la térmica del Besòs. Es recordar a Pedro, a Francisco, a Romualdo, a José y a Bienvenido, asesinados en la iglesia de San Francisco de Asís de Vitoria. Es recordar a los seiscientos trabajadores de la SEAT despedidos por su militancia sindical, muchos de ellos torturados en la comisaría de Vía Laietana. Sin embargo, es recordar también las victorias obreras, es recordar el año 1977, cuando después de seis años de resistencia se logró la amnistía y readmisión de todos los compañeros y compañeras despedidos. Es, en definitiva, recordar que, cuando perdemos el miedo y nos organizamos y actuamos de forma colectiva, es posible transformar la realidad.

La historia de nuestro país y nuestra ciudad es también la historia del movimiento obrero: la huelga de La Canadiense, la huelga de tranvías y la lucha de la SEAT. Porque fuisteis vosotros los que convertisteis aquella fábrica que aspiraba a ser "modelo" del régimen franquista, construida mediante una arquitectura represiva y dirigida inicialmente por militares, en un modelo de organización y resistencia obrera para todo un país, hasta el punto de que "cuando la SEAT tose, es el conjunto de España el que se resfría".

Recordar el pasado es siempre una forma de pensar nuestro presente. Si hoy estamos aquí, es también para recordar que detrás de la consecución de todo derecho hay una lucha. Sin la huelga de La Canadiense, no tendríamos la jornada de ocho horas; sin la lucha de las sufragistas, las mujeres no tendríamos derecho a voto y yo no sería alcaldesa; sin la lucha del movimiento obrero, no existirían los derechos sociales, los derechos laborales y las libertades democráticas. Por este motivo, en un momento en que nuestros derechos y libertades vuelven a estar amenazados no por una dictadura militar, sino por una dictadura financiera, hay que continuar la lucha por la democracia, hay que seguir volviendo a salir a la calle. Por Antonio y por todas nosotras.

Muchas gracias.

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