El paseo de Gràcia en tiempo de epidemias

Fecha de publicación del documento: 
14/07/2020
Año del documento original: 
1855

La urbanización del paseo de Gracia está muy ligada a dos de las epidemias que sufrió la ciudad durante la primera mitad del siglo XIX: la fiebre amarilla de 1821 y el cólera de 1854.

El antiguo Camino de Gracia era la continuación del Camino de Jesús, que llegaba al convento carmelita situado en la actual plaza Lesseps y que fue destruido durante el sitio de la ciudad en 1714. Era la vía de comunicación entre la muralla norte y la villa de Gracia, de donde procedía prácticamente la totalidad de la leche que se consumía en la ciudad, así como también con Sant Gervasi y Sarrià, los lugares de veraneo preferidos por la burguesía barcelonesa del momento.

En 1820 se aprobó el proyecto del comandante de ingenieros Ramon Plana para mejorar el camino, pero las obras se paralizaron debido a la aparición de la fiebre amarilla en 1821. Gracias al impulso de Francisco José Bernaldo de Quirós, Marqués de Campo Sagrado, el paseo fue inaugurado finalmente el 24 de mayo de 1827. Tenía cinco amplias vías señaladas por arbolado: la vía central estaba destinada a los peatones, por las laterales circulaban los carruajes de ida y vuelta a la villa de Gracia y las vías de los extremos de nuevo estaban destinadas al paseo de los ciudadanos, con rosales y bancos de piedra para descansar.

Entre 1840 y 1853 se inauguraron grandes puntos de atracción alrededor del paseo como los quioscos y cafés del Criadero o la Fuente de Jesús, los bailes y conciertos de los jardines Tívoli o las atracciones de los Campos Elíseos, obra del arquitecto Josep Oriol Mestres. También se iluminó todo el paseo con alumbrado de gas para convertirlo en el lugar de ocio de moda. Los barceloneses y barcelonesas, sin embargo, no tenían costumbre de pasear porque tenían que salir de las murallas de la ciudad y preferían hacer la ruta por la muralla del mar.

La epidemia de cólera de 1854 evidenció la urgente necesidad de derribar las murallas medievales y ensanchar la ciudad. Eran un evidente freno a la expansión industrial, la vivienda y la movilidad de sus habitantes, así como también causa de insalubridad en la ciudad.

Tal y como se ve en el grabado de Onofre Alsamora, este era el aspecto que presentaba la ciudad en 1855 justo antes del derribo de las murallas. Aún quedaban en pie algunos baluartes y el camino de ronda. En esta vista a vuelo de pájaro de la ciudad podemos ver a la izquierda la Ciutadella, el paseo de la Explanada, el Toril y la Barceloneta; a la derecha, la montaña de Montjuïc.

Pascual Madoz, Gobernador Civil de Barcelona, ​​inició la empresa y el 15 de agosto de 1854 se autorizó oficialmente, por Real Orden, el derribo de las murallas que ahogaban la ciudad. Paralelamente se encargó a Ildefons Cerdà el trazado topográfico del plan de la ciudad. La transformación urbanística de la ciudad, el embrión del futuro Plan Cerdà de 1859 y la construcción del Ensanche, con el paseo de Gracia como un eje de importancia indiscutible, estaba en marcha. Curiosamente, pues, las epidemias de 1821 y de 1854 propiciaron y apresurar esta gran reforma urbanística de nuestra ciudad.

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