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‘Historia(as) de enfermedad y cuidados: ¿con qué voces contamos para narrar la pandemia actual'?

En un mundo mediatizado nos cuestionamos cómo y desde donde se narran las memorias de la Covid-19 y el peso que tienen los cuidados como forma de resistencia a la historia médica.

Para poder entender el contexto actual de pandemia, hace falta comprender de forma exhaustiva cómo históricamente se han descrito otras crisis sanitarias, desde como operan las sociedades ante estas situaciones, hasta quién se ha visto más afectado y por qué. Es por eso que, el jueves pasado, 18 de junio, y en el marco del Ciclo reflexiones urgentes. Conversaciones en torno al (des)confinament, contamos con la ayuda de Diego Falconi, abogado y profesor de literatura, y Rebecca Close, poeta investigadora y traductora, para abrir un debate alrededor de las (contra)narrativas relacionadas con enfermedades históricas y en diversos contextos.

Con el fin de hacer comparativas entre el contexto actual de crisis sanitaria provocada por la Covid-19 y otros acontecimientos históricos, la actividad ‘Historia(as) de enfermedad y cuidados’, consistió en una reflexión no sólo desde la perspectiva médica o bioética, sino también desde la perspectiva de los medios de comunicación, del derecho, la política, la filosofía y el arte.

La conversación empezó con el planteamiento de si estos momentos de crisis habían traído un sentimiento de hermandad en nuestra sociedad. Eso llevó al hecho de que Falconi citara la obra de Hannah Arendt, Hombres en tiempos de oscuridad, en la cual afirma que en estas circunstancias la humanidad ilumina momentáneamente a aquellas personas “insultadas y humilladas”. Con lo que Close introdujo otra pregunta: ¿“si vivimos en una sociedad basada en la producción y reproducción de mercados nuevos, qué identidades se ven iluminadas y cuáles están siendo oscurecidas”?

De esta pregunta surge la idea de que se crea una hipersensibilización, una vigilancia (y auto vigilancia) de los llamados “grupos de riesgo”, que explicó Close que también ocurrió en el siglo pasado con la llegada del VIH-sida. Y así es como se acaba decidiendo que el material de riesgo son los cuerpos, y en nuestro contexto actual estamos hablando de cuerpos empobrecidos, envejecidos y/o racializados; que su práctica de vigilancia es justificada por este pensamiento epidemiológico. ¿Por lo tanto, se podría decir que los cuerpos blancos quedarían liberados de la memoria de esta pandemia?

A raíz de hablar de qué sujetos están siendo más afectados actualmente, se debatió el uso del lenguaje y sus implicaciones. Falconi recalcó, citando a la autora y filósofa Susan Sontag, que no había espacio para las metáforas en un ambiente político. Y es que hablando de la Covid, se ha usado en muchas ocasiones una retórica de guerra por parte de los gobiernos, como el presidente Trump, que se ha contabilizado que ha usado más de 500 palabras bélicas en los últimos meses. Además de usar la expresión “virus chino” repetidas veces, que ha contribuido a la estigmatización de todas aquellas personas leídas como chinas. Un ejemplo de cómo se ha despreciado a la comunidad asiática en España es a través del texto crítico, académico Sopa de Wuhan, que usa un imaginario racista en su portada.

Aparte, se habló de la geopolítica que lleva la concepción de un Norte y un Sur global que nos hace recordar la existencia de una “jerarquía de vulnerabilidades”, con otras noticias recientes de como unos científicos franceses querían usar el continente africano como laboratorio para la vacuna contra la Covid. Y otros acontecimientos del pasado, de cómo la conquista del continente americano provocó según expertos como Jared Diamond, el mayor cambio poblacional humano en 1.300 años, contando con 20 millones de muertos de personas indígenas, y 5 millones de éstas causadas por gérmenes que llevaron a los colonizadores europeos, eso lo recoge en su obra Armas, gérmenes y acero también disponible en un documental. Muertes “involuntarias” según algunos teóricos españoles. Todo eso llevó a la pregunta de que narrativas quedarán inscritas hoy día en los medios, los cuerpos, la ciudad o en el afecto, y que podemos hacer para no caer en la re inscripción de la diferenciación del norte y el sur.

Para responder a una pregunta de cómo están resistiendo ciertas comunidades, se habló de los cuidados y también de la existencia de una jerarquía de éstas, en la cual muchas veces las personas migrantes y/o racializadas son relegadas a esta carga. Se mencionó la Red de cuidados antirracista de Barcelona que ha cuidado de aquellas personas que han sido olvidadas por la sociedad. Después se habló del cuidado desde la parte fisiológica y biológica, pero también desde la intelectual, del cuidado crítico, que reivindicaba Michel Foucault al final de su vida, al haber contraído el VIH.

Finalmente, llegó una pregunta sobre si de verdad tendría que hacerse una comparativa entre el contexto de la Covid y el VIH-sida, que llevó a la conclusión que eso quizás podría ser muy peligroso si no se hace de forma contextualizada y con memoria crítica. Aunque sí que se llegó a un acuerdo entre Falconi i Close que hay que sacarle soberanía al discurso médico de la enfermedad, que también tenemos derecho a equivocarnos al hablar de nuestros cuerpos y que hay que llevar una conciencia crítica para que no se borren realidades de estos archivos históricos.

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