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LA ENTREVISTA | Marc Ayza: "En los festivales que se autodenominan de música negra sólo participan grupos blancos y el único negro es el del cartel"

Conversamos con Marc Ayza para seguir reflexionando en torno a los temas que trató el pasado mes de septiembre en la actividad 'Barcelona en clave de Jazz', organizada por el Espai Avinyó y el Centro Cívico de la Sagrera "La Barraca".

Marc Ayza es músico freelance, bandleader, compositor y docente nacido y residiendo en Barcelona. Con más 20 años de carrera y tres discos bajo su autoría Deejah (2004), Offering (2008) y Live at home (2012) ha tocado con los mejores músicos de la escena jazzística y ha girado por todo el planeta. Centrado en los últimos tiempos en poner sobre la mesa el debate del racismo en la escena musical de este país y a hacer patente la vinculación de movimientos artísticos con movimientos sociales.

A lo largo de la actividad Barcelona en clave de Jazz fuimos comprendiendo que la identidad musical del jazz es compleja de situar pero su carácter de resistencia social, liderado por la población afroamericana, ha sido una característica fundamental a lo largo de su historia. ¿Qué significa para ti el jazz?

Hay muchas palabras que para mí definen lo que es el jazz. El jazz representa el aquí y el ahora. También significa la relación que se establece con los otros músicos. Es aparcar el ego, porque si no se aparca, no te deja escuchar. Pero sobre todo para mí es una música que significa libertad. No sólo en el momento en que estoy tocando, también por lo que ha significado a lo largo de la historia. Ha sido un estilo que ha hecho que el mundo sea un poco mejor.

Si tenemos en cuenta el contexto, es una música que ha dignificado al pueblo afroamericano y que es una de las semillas de todo lo que nosotros escuchamos o vivimos. A nivel cultural, creo que la cultura afroamericana es la más imitada del mundo, ya sea por como vestimos, por como hablamos… y creo que el jazz ha contribuido en eso, aunque ahora esté un poco difuminado. Para mí tiene un carácter social, no sólo es la música en sí.

Un músico puede tocar muy bien porque se conoce los acordes, pero creo que lo más importante es el hecho de decir alguna cosa. Creo que incluso desde aquí Barcelona es importante que los músicos hablemos y nos posicionemos y que queramos expresar alguna cosa con nuestra música. No es sólo música que se interpreta y ya está, yo quiero decir cosas con la música. Otra cosa es que la gente lo perciba o no.

¿Cómo entras en contacto con este género musical?

Es cuestión de ir estirando del hilo. Yo no entré en contacto con Charlie Parker [saxofonista] hasta que no tuve 12 o 13 años. Hasta entonces escuchaba Michael Jackson, Prince, Stevie Wonder, los Beatles, los Rolling Stones… hasta que empiezo a estirar del hilo, investigo de dónde vienen ciertas canciones de algunos de estos grupos, y llego al jazz y me doy cuenta de que me identifico con esta música, por este punto de libertad, precisamente.

También entro en contacto con el jazz por el punto social, por ver personas negras tocando y siendo respetadas. Al final, no dejaba de ser una manera de buscar mis referentes, ya que no los tenía en el entorno familiar, como también los buscaba a través de la NBA, por ejemplo. Yo era muy fan, hasta el punto que incluso muchas veces asociaba baterías con jugadores de la NBA; éste toca como éste juega.

¿Como y por qué decides dedicarte profesionalmente al jazz?

No lo decidí realmente, fue viniendo. Cuando acabé el instituto yo quería ser músico pero no tenía nadie cerca que fuera músico. Y yo pensaba: ¿se puede ser músico?. Me tiré a la piscina. Estudié alguna cosa en el Taller de Músicos, después en la Escuela Luthier… pero no era como ahora, que hay cuatro escuelas superiores de música. Iba dando clases particulares pero no había nadie que me guiara. A nivel social, era más amenazante que ahora. Quién ahora quiere ser músico tiene más opciones, y como no es tan amenazante, hay menos filtro. Pero al final siempre hay una selección natural: si tocas, tocas. Y punto.

Los primeros sellos discográficos que apostaron para invertir en jazz, lo hicieron bajo ciertas condiciones, afinando sonidos y adaptándolos a públicos mayoritariamente blancos y con poder adquisitivo. ¿Cuál fue el impacto de esta estrategia comercial?

Eso ha sido una tendencia que ha pasado toda la vida: con el jazz, con el rock, con el blues o con el reggae, por ejemplo. Para la sociedad americana, todo lo negro era una amenaza. Y todavía lo es.

Por lo tanto, que el niño o niña esté escuchando según qué disco, es una amenaza. Por lo tanto, se acaba buscando el camino blanco. Uno de los ejemplos es Elvis Presley, que a pesar de su talento indiscutible, llegó tan lejos porque era blanco. Con el jazz pasaba lo mismo. Una de las primeras bandas en grabar fue Paul Whiteman & His Orchestra y se autoerigía como creador del jazz.

¿Por ejemplo, una de las cosas que siempre escucho es, ‘Con el jazz se improvisa pero sabes quién era el primer improvisador? Bach’. Y aquí está donde veo el white pride y yo respondo: me estás diciendo que Bach es el primer improvisador porque es a quien tú conoces, porque en la época de Bach y anterior a él habría mucha gente que quizás ni conocemos.

El problema es la industria que quiere vender y quiere que se escuche un determinado tipo de música y que se escuche a través de una persona blanca, ya sea a través de Elvis, de Eminem… Siempre ha habido este punto de intentar vender al público blanco. Amy Winehouse, para mí es un ejemplo de eso. Si fuera negra ni sabríais que existe, ni sabríais que se ha muerto. Lo veo en la historia, pero también lo vivo.

¿Qué consecuencias tanto para el género del jazz como para los propios músicos, tuvo y tiene este ‘blanqueamiento musical’?

Al final todo el mundo lo que quiere es vender y la música está muy segregada. Es por eso, que los músicos intentan hacer cross over (un músico que pasa del gueto musical a lo blanco). Por ejemplo, Amy Winehouse, la puedes encontrar en las listas top ten de soul y, alguna otra cantante que también hace soul, pero que es negra te la encuentras sólo en las listas de R&B, que es música para negros. Eso es real. Muchos músicos se quejan de eso. Nosotros también queremos estar en ‘Los 40 Principales’, para decir alguna cosa, no sólo en los R&B Charts.

Los que han podido dar este salto han sido Michael Jackson, Prince, Whitney Houston y no estoy seguro si Beyonce. No son tantos. En Cataluña, quizás eso no pasa, pero sí que nos encontramos festivales que utilizan nuestra imagen y que utilizan el término Black Music. Cuándo un músico blanco dice que toca música negra, ¿qué está queriendo decir con eso? ¿Está diciendo que toca soul, reggae, rock, blues, jazz, calipso…? Porque para mí, casi toda la música moderna que escuchamos viene de África, a través del blues, del reggae… Por lo tanto, quizás tendríamos que hablar de música blanca para hablar del subconjunto de músicas.

¿En la actualidad, cuál crees que es la tendencia? ¿Sigue estando presente esta necesidad de alejarse de los ritmos de raíz negra? ¿O bien, se pretenden recuperar los estilos originales?

En realidad lo que está pasando ahora ya pasaba en los años setenta, cuando los músicos de jazz vestían dashikis y llevaban el cabello afro. Por ejemplo la escena del hip hop y del jazz, ya no son dos cosas diferentes. Son dos escenas hermanas. Hay muchos proyectos y músicas conectados socialmente. Este estilo de música no se basa sólo en tocar bien o no, un error en el que se cae sobre todo en Europa. Creo que, en este sentido, el momento que vive el jazz es muy bueno. Mira mucho hacia adelante. Tanto en los Estados Unidos, como en Europa, se está mirando a África. Supongo que ya lo hemos expoliado todo, y ahora vamos a expoliar, la música, la cultura…

¿Cómo se está enseñando el jazz en las escuelas de música de Barcelona?

No sé cómo se está enseñando, porque cada profesor es un mundo, pero lo que sí que sé es como se tendría que aprender. Creo que en las escuelas no sólo se tiene que enseñar música, también se tiene que enseñar a pensar, a razonar… Por eso, yo como profesor, aparte de enseñar a tocar el instrumento, expongo la parte social. Por ejemplo, si enseño a tocar un tema de James Brown, explico que representaba este tema en aquel momento. Porque a menudo, lo que pasa es que le sacamos toda la relevancia a las cosas y eso por ejemplo, lo decía Frantz Fanon. No hay intención de ofender, pero precisamente es esta falta de intenciones lo que ofende, y a mí me ofende.

Después de hablar sobre el carácter social e identitario de este fenómeno musical, nos situamos en Barcelona, un contexto en que el jazz es considerado como un género musical más bien elitista. ¿Crees que hay un interés en no mantenerlo accesible para todo el mundo?

Por una parte sí pero por otra parte, el jazz está al alcance de todo el mundo. Para mí el problema del jazz es que se está convirtiendo en la música que se estudia. Y no todo el mundo se puede pagar una escuela superior. El estrato social que toca y estudia jazz en Barcelona acostumbra a ser burguesía catalana o clase media/alta. En este sentido sí que podríamos decir que es elitista. Pero se puede ir a escuchar un concierto de jazz por cinco euros.

Muchas veces me pregunto si existe el jazz obrero. ¡Ahora todo pasa por las escuelas, sobre todo en Barcelona, donde tenemos cuatro escuelas superiores en una ciudad donde no hay ni clubes donde tocar! Sí que veo que hay mucha gente que estudia jazz pero que no les interesa específicamente. Quizás, hace años, se habrían apuntado al Conservatorio del Bruc o del Liceo para estudiar partituras de Bach. Ahora en vez de eso, se apuntan al Taller de Músicos o al ESMUC y estudian partituras de Charlie Parker. Pero el perfil es exactamente el mismo y yo creo que es eso lo que la gente ve como elitista que es una música que al final se está aburguesando.

¿Es Barcelona una ciudad abierta, con espacio para jazzistas de diversos estilos y caracteres musicales?

No. Existe un imaginario de lo que es el jazz y cuando la música coincide con esta idea de lo que es el jazz acaba vendiendo. Pero no se profundiza y creo que el jazz en Barcelona no es una música revolucionaria. Y no porque no haya músicos, sino porque no dejan que sea revolucionaria. Al final, como músico sólo te queda entender y saber en qué terreno juegas y, en este sentido, sé muy bien dónde estoy y sé quién me rodea.

A mí me gusta mucho la música porque siento que forma parte de mi comunidad, pero cuando voy a ver un concierto de jazz y me encuentro a cuatro músicos, prudentes, recién salidos de una escuela, tocando casi para ellos y entre el público sólo veo pelo blanco, no me siento identificado. Aquí no verás a ningún negro entre el público. El público es blanco. Y está visto como blanco. Y el jazz está considerado como una escena de blancos. Eso para mí es muy deprimente, porque tendría que ser todo lo contrario. En Barcelona es una música que no nos representa en este sentido. A nivel europeo, esta música siempre ha sido como una especie de colonización: “los llevamos para nosotros”. ¡Eso es nuestro, no nos lo dejemos tomar! Y una de mis luchas es reivindicar eso.

¿Qué retos y oportunidades presenta Barcelona en este sentido?

El reto en sí es poder poner la voz sobre la mesa y poder decir las cosas que quieres decir con la música, y que te escuchen. Oportunidades… Para mí la verdad no demasiadas. ¿En el mundo, quien está mirando qué pasa jazzísticamente en Barcelona? Un japonés si viene a Barcelona, será por Gaudí o por otras cosas, no creo que sea por el jazz. Por eso te vas a Nueva York, a Londres o a París. Nadie está mirando qué pasa dentro de la escena del jazz en Barcelona.

A mí me interesa mucho más tocar fuera de España. Incluso encuentro que ahora en Madrid hay más diversidad que aquí. En Barcelona vas a una jam session y sabes que el 90 por ciento de músicos que te encontrarás son estudiantes de escuelas. Antes encontraba que Madrid era más tradicional y sentía que Barcelona estaba más desarrollada en este sentido. Pero ahora no. Ahora para mí ha cambiado totalmente. Hay muy pocos lugares donde tocar jazz en Barcelona.

¿Vivir de la música, y en concreto del jazz, requiere de ciertos “peajes”?

Yo he tenido que trabajar en proyectos, que por ejemplo, ahora me haría vergüenza decirlo. Pero alguna cosa aprendí. Metiéndose en situaciones dónde uno no está cómodo también se aprende. Pero creo que eso le ha pasado a cualquier músico. Dentro de mi estilo, me considero bastante versátil porque nunca me he encerrado en nada y siempre intento aproximarlo desde mi punto de vista. Entonces, tampoco lo veo como un peaje. Lo veo como una parte del camino. Para mí el peaje es tener la sensación, a veces, que no estoy entre mi gente. Éste es el peaje mayor que yo podría decir.

¿Hasta qué punto puede preservarse el estilo individual del músico de jazz, en un panorama musical como el de Barcelona?

Es difícil. Muchas veces cuesta que no te castren el estilo individual. He vivido situaciones castrantes pero también las he visto con otra gente. Y eso se hace, por ejemplo, para desvalorar lo que uno hace y, para desvalorar sus referentes.

Cuando me sentí más seguro fue cuando monté mi banda, cuando empezamos a tocar mi música como quería que sonara. Y porque además funcionó.

¿Va de desacreditar referentes negros?

Coincide que normalmente si, son referentes negros. Siempre se tira hacia lo blanco. Un guitarrista me comentaba que había hecho la audición en una escuela y que había ido con sus referentes que eran BB King o Jimi Hendrix y le habían desvalorado. ¡Y yo le decía en broma, “claro tío, ¡a quien se le ocurre llevar a los negros!” Pasa inconscientemente porque si pasara muy conscientemente yo no podría ver a nadie. Pero eso es real. Eso ya lo vivía desde que era pequeño con la NBA, cuando me decían que el mejor jugador era el blanco (Larry Bird) cuando había negros que eran mucho mejores. Y éramos niños.

En el fondo, ¿dónde vivimos? Esto es Europa. Es normal que el punto ‘de barrer hacia casa’ esté en el ADN. Veo relativamente normal que, cuando se trata de referentes, igual que yo buscaba los que se parecieran a mí, los blancos hacen lo mismo. Eso lo puedo entender.

Lo que no comparto es que se desacrediten los referentes negros que además, en el caso del jazz, son sus creadores. Ésta es mi historia dentro de esta escena, de encontrarme siempre con el white pride.

Creo que la “burjazzia”, como yo lo llamo a veces, sólo respeta a los músicos negros o bien cuando están muertos, cuando son muy viejos, cuando pueden sacar alguna cosa de ellos o cuando empiezan a tocar con un músico blanco. Por ejemplo, al batería Brian Blade se lo empezó a respetar cuando tocó con la cantante Joni Mitchell. La frase ‘suena demasiado negro’ o ‘es un negro más’, se me ha dicho muchas veces.

Cuando me dicen: “¡Claro es que con tu color de piel, tenéis el ritmo en la sangre!” Y yo siempre digo: “Ya, pero si te pregunto cuáles son tus cinco baterías preferidos, seguro que me dirás cinco blancos”. Y, efectivamente, siempre es así. Por eso, en muchos sentidos yo no me siento entre mi gente. Y no puedo poner una distancia.

Y los que somos de aquí, que lo hemos vivido desde que hemos nacido, por lo tanto, no se nos escapa ni una. Sabemos que no hay una mala intención, pero justamente, lo que más me fastidia es la falta de intención. El hecho de coger cosas y sacarle el significado. Por ejemplo, si yo veo un tributo a Nina Simone, que viene de una o de un cantante, tocando ‘My baby just cares for me’ y le está sacando todo el contexto, todo lo que ella representaba, pienso, al menos infórmate, haz los deberes en este sentido. Sé parte de la solución. No se puede coger eso y ya está. Y eso pasa, y pasa mucho.

Por Barcelona, se organizan los autodenominados Festivales de ‘música negra’. ¿Qué suena en estos festivales y quiénes son las bandas que están invitadas?

Cuando se habla de música negra aquí, se habla sobre todo de soul y funk. Los festivales que se autodenominan de música negra, normalmente son festivales de soul y funk, dónde sólo participan grupos blancos y el único negro es el del cartel.

Pero ¿y el jazz y el reggae y el hip hop, y el rhythm & blues y el rock & roll…? ¿Todo eso no es música negra? Creo que tendríamos que hablar de música blanca, si queremos especificar algún tipo de música. Una vez más se le saca toda la connotación. Y con eso no me siento cómodo. En un festival de música negra, me dijeron que no encajaba, porque lo que yo toco no es funk de los 60, ni un revival tipo Amy Winehouse, lo que yo toco es otra cosa, pero en aquel contexto, el único negro era yo, y era el que no encajaba. Se crean situaciones muy absurdas.

Lo que pasa es que aquí muchas veces se hacen cosas, o se dicen cosas, pensando que sólo llega a un público determinado. En ningún momento se piensa en que eso lo está viendo alguien como yo: un negro que ha nacido aquí. Si alguien de fuera viene a Barcelona y va a un festival de música negra y sólo ve gente blanca, alucina. El white club se encuentra en tertulias de la tele o en la radio y, no hay una conciencia de pensar que alguien como yo lo está viendo o escuchando, y la vergüenza que puedo estar sientiendo. Con la música pasa un poco eso. Por ejemplo, hace años podían colar cosas que ahora ya no cuelan. Ahora la comunidad afro miramos mucho con pinzas todo lo que está pasando. Y es agotador.

¿Cuál crees que es el futuro del gran género de la interpretación? ¿Dónde estará el jazz en unas décadas?

Mucha gente dice que el jazz actualmente está muerto, porque se ha convertido en un género que sólo se estudia en las escuelas, y que, por lo tanto, en un futuro acabe siendo un género únicamente escolástico. Sinceramente, no sé dónde estará el jazz en unas décadas, pero buena música siempre habrá igual que siempre ha habido.

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