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LA ENTREVISTA | Rocío Echeverría: “España tiene una deuda con nosotras”

Rocío Echeverría es trabajadora del hogar, madre, migranta, activista animalista, feminista inclusiva (respeto para todas las mujeres) y aliada de las trabajadoras sexuales.

El pasado 31 de marzo, participaste en la segunda sesión del ciclo ‘Memorias migrantes’ en el Poblenou, enmarcado en el 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, y el 21 de marzo, Día Internacional contra la discriminación racial. En este acto explicaste que hay que «descolonizar el trabajo del hogar». Para las personas que no asistieron, ¿podrías explicar qué significa?

Partimos del contexto de la colonización, de la invasión de los países del Norte global hacia el Sur global, del esclavismo, de las migraciones, de la imposición de sistemas basados en violencias, de la eliminación de los derechos, de las historias, de las culturas, de las identidades… Un contexto en el que el colonizador instaura un sistema en el que el colonizado tiene que amoldarse porque es un ser inferior. 

Por lo tanto, esta idea, este sentimiento, se ha estado gestando y reproduciendo por muchos años, no solamente a nivel cultural, histórico, sino de una forma muy violenta, desde el sistema capitalista. ¿Cuántos beneficios puedo obtener de ti, considerándote un ser inferior?

En el contexto actual, existe una migración de mujeres del Sur global hacia el Norte global, buscando desesperadamente mejores condiciones de vida. Estas mujeres vienen con un proceso muy complicado de ciudadanía, ya que por la ley de extranjería, no tienen ningún tipo de derecho y se ven obligadas a trabajar en las condiciones más precarias, más violentas y viéndose siempre desde una perspectiva de servidumbre. Las familias europeas para las que trabajan sienten que les están haciendo un favor por el hecho de darles trabajo y les pagan unos sueldos muy inferiores, excusándose en la idea que en nuestros países de origen cobraríamos menos. 

Por lo tanto, lamentablemente, se sigue reproduciendo la idea de que somos inferiores y que tenemos que estar agradecidas por tener una oportunidad de trabajar, aunque sea en condiciones infrahumanas y mínimas de derechos. Es por eso que nosotras decimos que el trabajo del hogar y de los cuidados tiene que ‘descolonizarse’, se tiene que arrancar de la perspectiva “yo soy superior y te impongo lo que yo creo que es justo para ti».

El trabajo del hogar y los cuidados es un trabajo realizado, mayoritariamente por mujeres migradas, un cruce entre ‘raza’ y género, que hace que muchas trabajadoras del hogar estén en un no lugar, a nivel de representación, sin espacios donde poder hablar, y con una falta de representatividad en los espacios de toma de decisiones. ¿Cómo se podría revertir esta situación? 

Se tendría que dar espacio y derechos de voz a las mujeres que estamos trabajando en el sector. Lamentablemente, el activismo político, social, laboral, de la clase obrera, está cada vez más institucionalizado. Las organizaciones de lucha ya no son organizaciones de base, que se organizan con un interés común, sino que vemos a instituciones representando a personas y colectivos vulnerabilizados, a personas trabajadoras en situaciones de precariedad. Desde el Colectivo Micaela, consideramos que la autoorganización debe basarse en que hablemos las que estamos trabajando en el sector, las que padecemos este sufrimiento. 

Si haces un sondeo muy rápido entre las diferentes asociaciones autodenominadas de trabajadoras del hogar, tanto en Cataluña como en el Estado español, te darás cuenta de que muchas no están dirigidas por trabajadoras de hogar y ni siquiera opinan las trabajadoras de hogar. 

Por lo tanto, creo que es necesario que una lucha se vuelva coherente y honesta cuando se manifiesta, y que se pongan por delante las personas que están atravesando este problema.

En el acto de ‘Memorias Migrantes’ hablaste de la capitalización del sistema de cuidados. El Norte global y el sistema capitalista basan su riqueza en una economía extractivista. Empresas como Telefónica, implementan un modelo “desarrollista” en los países del Sur global, basado en la extracción de los recursos. Este contexto de empobrecimiento, violencia, y expolio histórico y sistémico del Sur global, evoca a las mujeres a migrar a los países del Norte global para trabajar en el sector de los cuidados. ¿Podrías explicarnos un poco más? ¿De qué forma el expolio del Norte global y la capitalización del sistema de cuidados tienen raíces históricas? 

Partimos de un sistema capitalista, que históricamente, basa sus riquezas en aprovechar y extraer en base al propio beneficio. Las invasiones a los países y a las tierras expoliadas brutalmente todos estos años, ha dejado a muchas culturas y pueblos sumergidos en un desamparo, sin recursos que les permita sobrevivir dignamente. También vemos a las nuevas generaciones explotadas por parte de empresas del Norte global, con sueldos irrisorios y menospreciativos. Entonces, ¿qué hacen para sobrevivir? Escapar y buscar otras opciones dignas de trabajo. 

Mientras las empresas europeas, las transnacionales del Norte global, sigan instauradas en nuestros países, no vamos a poder encontrar un desarrollo digno para la subsistencia o sobrevivencia de nuestras familias y nuestra generación. Uno no nace pensando en migrar, ya que es un proceso muy doloroso. Mucha gente desconoce el dolor que atravesamos e ignoran la violencia capitalista que hay en nuestros países y que nos obliga a salir. Migramos por un desespero y una necesidad de sobrevivir, no porque sea un placer.

Y al llegar aquí… ¿Cuáles son las trabas administrativas con las que se encuentran las mujeres que migran del sur Global, tanto si tiene estudios universitarios (convalidaciones de títulos) como las que no tienen?

El primer muro contra el que chocamos las personas que no somos parte de la Unión Europea, es la ley de extranjería. Muchas mujeres que llevan años viviendo aquí, no pueden regularizar su situación y, por lo tanto, no cuentan con los derechos mínimos como ciudadanas. 

El segundo, no podemos convalidar los estudios superiores realizados en nuestros países de origen. Por un lado, porque no existe la especialidad que una ha estudiado y, por el otro, porque no validan el temario, ni las notas, ni tu currículum (syllabus) en las universidades. Hay compañeras que, tratando de convalidar u homologar sus cursos, las mandan directamente al primer año de la universidad, pese haber finalizado sus estudios.

La situación laboral es invisibilizada, también a ojos de la ley, sin derecho a paro o bajas laborales. ¿En qué situación legal os encontráis ahora mismo?

Nos encontramos en una incertidumbre, porque estamos incluidas en el sistema especial de Trabajo de Hogar y Cuidados, dentro del régimen general, sin estar reconocidas al 100% dentro de una ley de Prevención de Riesgos Laborales. No existen normativas para nuestros empleadores, solamente dejan a su voluntad el hecho de considerar cuál es la protección necesaria para nuestro trabajo. 

No tenemos derecho al paro, que es lo más importante que estamos reclamando y nuestras cotizaciones no se basan en lo que ganamos. Nosotras cotizamos en base a tablas, en base a rangos. Por ejemplo, una mujer que trabaje en una casa, una vez a la semana y que al mes pueda llegar a cobrar 200 euros, cotiza igual que una mujer que esté ganando 350 o 400 euros, por lo tanto, no se cotiza en base a lo que ganas realmente. El gobierno impuso tablas de cotización hace muchos años con la promesa de que se iban a equiparar cuando pasáramos al régimen general, que fue algo ofrecido para el 2019 y que no se gestó por la enmienda 6777 que hizo el señor Rajoy antes de irse, y que anuló la equiparación de nuestros derechos. 

El Gobierno del señor Sánchez lo ofreció antes de entrar al gobierno, pero también lo incumplieron, modificándolo y diciendo que a lo largo de la licenciatura lo harían. Finalmente, por la presión que han recibido están ofreciendo nuevamente la equiparación. 

Nosotras reconocemos a la única, tal vez heroína, de que esto se haya gestado más rápidamente: la trabajadora de Vigo, que puso una demanda judicial a su empleador para poder tener el derecho al paro y con su abogado continuaron este proceso hasta elevarlo a las Cortes de la Unión Europea y han sido los jueces de las Cortes tribunales de la UE, los que han sentenciado que España está siendo discriminatoria al no reconocer el derecho al paro de las mujeres trabajadoras del hogar. Se está postergando una vez más la revisión de esta nueva normativa de equiparación y aunque la ministra haya dicho que ya está a punto de elevarse a las Cortes, creemos que todavía falta mucho para la dignificación de nuestro sector, sobre todo porque el sistema capitalista está muy metido en esto. 

En este proceso, no hay héroe que haya venido del Gobierno del Estado, la lucha siempre la hemos gestado nosotras, las trabajadoras, y considero que seremos las únicas que tendremos que seguir luchando.

Mientras hay muchas mujeres precarias, familias que siguen precarizando y violentando a las mujeres migrantes, excusándose en que no pueden pagarles más, vemos cómo las empresas dedicadas al sector de los cuidados se están multiplicando. Vemos empresarios poderosos gestando nuevas empresas dedicadas al sector de los cuidados, donde las mujeres siguen siendo maltratadas y violentadas. Y por todo esto, nosotras decimos que se ha capitalizado muchísimo el sistema de los cuidados, que mientras más oprimidas estemos las mujeres, sobre todo las migradas, más beneficios siguen obteniendo las empresas y por ello no les conviene que haya un real cambio en cómo se está llevando actualmente el sistema de cuidados.

¿Cuáles son las reivindicaciones actuales del colectivo de trabajadoras del hogar y los cuidados? 

Pedimos que las mujeres que prestan el servicio de cuidado de adultos dependientes, no sean contratadas bajo el régimen de trabajo de hogar. Muchas instituciones administrativas, públicas, gubernamentales, siguen apoyando campañas para que las familias contraten, bajo el régimen de trabajo del hogar, a mujeres que demuestren que están cuidando a un adulto dependiente. Es decir, estamos siendo incoherentes con lo que dice la normativa. 

Queremos que las familias contraten a las mujeres cuidadoras de adultos dependientes bajo el régimen general, si no pueden pagar lo que cuesta, que pidan apoyo al gobierno para que sea quien cubra lo que deberían pagarle a una mujer trabajadora. No puede ser que las carencias de las familias, recaigan en las espaldas de las mujeres migrantes, sobre todo hacia aquellas en situación irregular.

No queremos seguir siendo el lado más débil de la cuerda, por dónde se rompe, necesitamos que sea el gobierno el que asuma esta responsabilidad. 

¿Crees que si los cuidados estuvieran desvinculados de la figura de la mujer migrada, se considerarían parte del circuito económico y habría menos vulneraciones?

Sí, es un sector feminizado históricamente, y ligado a la migración, no necesariamente extracomunitaria. Hace muchos años, las mujeres que migraban de Andalucía o de Extremadura, hacia las principales ciudades, como Madrid o Barcelona, con la esperanza de encontrar una vida mejor, eran acopladas a una forma de servidumbre muy normalizada entre las familias.

Se aprovechaban de las mujeres y le daban la vuelta a la situación, argumentando que eran afortunadas por el hecho de beneficiarse de vivir en un hogar. Hay muchas historias de mujeres migradas desde el sur, que han sufrido todo este proceso de empobrecimiento y de normalización de su situación vulnerable.

Y creo que esto se ha venido gestando, perpetuando y se ha visto modificado, cuando comenzó a crecer la migración extracomunitaria, de mujeres que venían del Sur global. 

No es que sea un privilegio para nosotras migrar, es parte de la historia colonialista e invasora de España, en este caso hacia países de Sudamérica: Perú, Ecuador, Colombia, Chile, Bolivia, que estamos ligadas al idioma que se impuso allá, que es el castellano. Entonces, ¿a dónde migramos? Pues al lugar en el que entendemos el idioma. Yo migro a la sociedad que es más parecida a la que se instauró en mi país de origen, hace muchos años y en este caso es España. España tiene una deuda con nosotras.

Como miembro fundadora y presidenta del colectivo Micaela, hablas de la falta de representatividad de colectivos vulnerabilizados, y la necesidad de autoorganización.  ¿Podrías explicar cuáles son vuestras líneas de trabajo? ¿Cuáles son vuestras demandas concretas? 

Somos muy respetuosas con los tiempos precarios de cada compañera. No podemos gestar reuniones presenciales. Hemos hecho solamente dos asambleas y el eje de conversación para comunicarnos es a través de WhatsApp. Tenemos un grupo en el cual priorizamos compartir información, un eje muy valioso que ha servido durante muchos años para oprimirnos y tener poder sobre nosotras. Las mujeres más oprimidas necesitan información, y rescatar los conocimientos de sus antepasados y sus ancestros, que han sido arrancados, desarraigados, invisibilizados, casi destruidos por el sistema patriarcal capitalista.

Hay muchas compañeras, sobre todo las que recién llegan, que están completamente desinformadas o mal informadas acerca de cómo son los procesos, primero para sobrevivir y luego, para alcanzar la situación de ciudadana regular con derechos. Por lo tanto, esta es nuestra prioridad, compartir información real y coherente. En segundo lugar, dignificarnos, que seamos nosotras mismas las que hablemos, no las instituciones que quieren representarnos y hablar por nosotras.

Nosotras somos autogestionarias. Si nos movemos y hacemos algún acto, lo hacemos con dinero que nosotras mismas hemos recogido en nuestra hucha, para movilizarnos, para hacer pancartas, para realizar cualquier tipo de acción. 

También evaluamos y dudamos de presentarnos a las subvenciones, porque consideramos que es otra forma de control, ya que la institución te condiciona. Somos precarias, lloramos, sufrimos, pero queremos mantener la libertad de poder denunciar cuando no se está actuando correctamente y lo hacemos con toda la libertad del mundo, porque no tenemos estos controles basados siempre en la necesidad y las carencias de nosotras como mujeres. Así que estamos luchando en la precariedad, pero con la libertad de por medio. 

Para terminar, ¿te gustaría añadir algo más?

A pesar de que nos hemos ganado muchos enemigos y creo que los seguiremos ganando, no vamos a legitimar ningún espacio más donde se sienten mujeres que no son trabajadoras del hogar a hablar como si lo fuesen. 

Estamos cansadas de que mujeres, hombres, instituciones, ONG… se sigan beneficiando al hablar de nuestra precariedad en favor de un sueldo, de una subvención y en favor de un proyecto que se gestan y se benefician solamente ellos. ¿Qué no nos invitarán a sus espacios? Los espacios los abrimos en nuestras redes y en nuestros propios lugares, pero nos sentaremos solamente con mujeres que sean trabajadoras de hogar a hablar de este trabajo. Si no dignificamos la lucha, no se va a poder seguir avanzando.

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