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Mujeres afrodescendientes y ciencia: ¿cuántas mujeres afrodescendientes siguen siendo invisibilizadas en el mundo científico-tecnológico?

El Espai Avinyó coge como punto de partida la biografía de la matemática afroamericana Khaterine Johnson, para reflexionar sobre cómo el racismo y el machismo se manifestaron en ámbitos académicos y científicos de los años 60 norteamericanos.

Hoy en día sigue habiendo una menor visibilidad de mujeres en ámbitos académicos, un fenómeno que muchos llaman la masculinización del conocimiento, donde se sigue usando de referente al hombre blanco occidental. Esta representación prácticamente inexistente de las mujeres en las ciencias conlleva muchas problemáticas para las que se quieren dedicar a estas carreras, y crea estándares imposiblemente altos, especialmente para aquellas mujeres que han sido históricamente marginalizadas, como las mujeres afrodescendientes.

El viernes 16 de octubre, en el marco de la Bienal de Pensament Ciutat Oberta 2020, el Espai Avinyó propuso la mesa redonda virtual ‘Mujeres afrodescendientes y ciencia‘, tomando como punto de partida la figura de la matemática afroestadounidense Katherine Johnson, que calculó las trayectorias del vuelo en la Luna del Apolo 11, para reflexionar sobre el racismo y el machismo que existía en los ámbitos académicos y científicos en los Estados Unidos de los años 60, y trasladándolo a un contexto local y actual. De esta manera se debatió el legado de las mujeres negras en el mundo científico-tecnológico, recalcando cuáles son sus reivindicaciones, y en general, en esta era digital, a quien se le otorga voz y como ésta puede ser usada en las luchas de las desigualdades sociales.

La charla consistía primeramente de una lectura teatralizada donde Maisa Perk, actriz y multi talento creativo encarnó a Katherine Johnson a través de la obra “El cielo no tiene límites”, en la que detalla cómo vivió la segregación racial en una época en la que las mujeres no tenían derechos, y las mujeres afrodescendientes aún menos. Después contamos con Aixa Drammeh Font, técnica del Espai Avinyó, Programa Barcelona Interculturalidad, para conducir el debate en torno a la situación de la mujer negra y afrodescendiente en los ámbitos científicos y tecnológicos. Para ello, invitamos a Laia Muñoz, coordinadora de gestión de las  ATIC del Departamento de Políticas Digitales y Administración Pública de la Generalitat de Catalunya, Zhintia Palomino, autora del libro “Mujeres negras en la ciencia”, en español y catalán, pensado para niños y adolescentes, para visibilizar el papel de la mujer negra en el ámbito científico, y Fadima Diawara, creadora de Kunfabo, el primer smartphone libre africano de alta calidad a precios populares.

Analizando la figura de Johnson, que fue popularizada después de haber sido otorgada la medalla Presidencial de la Libertad por Barack Obama, y gracias a la película Figuras Ocultas, referente para tantísimas mujeres, surgió la siguiente pregunta: ¿cuántas mujeres afrodescendientes científicas siguen ahí, en segundo plano, esperando a ser reconocidas por su talento? Existen otras más mujeres como Alice Augusta Ball, que descubrió un tratamiento para la lepra, y es prácticamente desconocida en el imaginario popular.

Dando a conocer a mujeres como Johnson y Ball, y así mostrando el legado que han dejado y que nos están dejando en el presente las mujeres negras, Palomino cree que esta es una manera de revertir estas claras desigualdades. Palomino afirma “Tenemos prejuicios que han venido dados por los medios de comunicación y que la sociedad vuelve a retransmitir, más que enfrentarme a eso de manera directa, lo que creo interesante es introducir nuevos referentes (…) para dar visibilidad y potenciar esos referentes positivos, para hacer un crack en esa idea construida a base de prejuicios y estereotipos.”

Ahora, es difícil poner a la palestra a estas mujeres cuando reciben tan poca representación en general. En el sector científico-tecnológico, un 70% de los trabajadores son hombres, por lo tanto, el restante 30% son mujeres, y solamente un 8% de ellas ejercen cargos directivos. De esta forma se encuentran muchos retos a la hora de, por ejemplo, que las niñas se visualicen en estas carreras. Por este motivo últimamente se están impulsando proyectos como el de Mujer y nuevas tecnologías, de la Generalitat, donde se le da importancia a despertar las vocaciones científico-tecnológicas en las mujeres jóvenes.

Por último, esta era digital en la que nos encontramos tiene que ser aprovechada para combatir las desigualdades sociales, y se está haciendo a través de campañas que han sido popularizadas de forma internacional gracias a internet, como el #metoo, Black Lives Matter, o “Ennegrecer la Wikipedia”.

Pero ¿realmente es internet tan democrático como se dice?

A través del confinamiento hemos podido ver la brecha digital que sigue existiendo en Cataluña, donde no hay una igualdad de condiciones, en cuanto al acceso, el uso de la tecnología y el conocimiento que tiene cada persona. Todas aquellas personas que de normal son invisibilizadas se están quedando atrás, ya sea también por la parte económica que esto implica. Por ejemplo, en Cataluña alrededor de 130.000 hogares no disponen de acceso a la tecnología. Todas estas razones implican que aquellas personas que están creando los algoritmos, y la tecnología que usamos son hombres, blancos, de mediana edad, por lo que es importante incidir en formaciones, políticas públicas y en compartir el conocimiento que tenemos para que todas las comunidades, de forma equitativa, puedan crear y compartir información, y que nadie realmente se quede atrás.

En esta era digital, romper con las barreras discriminatorias de la mujer negra y afrodescendiente, implica un ejercicio de resistencia histórico donde la jerarquización de la raza y el género prevalecen, a la vez que, las herramientas de la digitalización nos abren nuevos caminos de lucha, facilitando espacios desde donde se pueden visibilizar referentes positivos y promover nuevos lenguajes e imaginarios que sitúen a la mujer negra al lugar que le corresponde.

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