A.E.

Entrevista realizada por Almudena Díaz Pagés

“Las administraciones públicas deberían explicar a la ciudadanía las razones que hay detrás de que los refugiados huyan y lleguen hasta aquí”

 

A.E. es un activista por los derechos humanos, centrado en particular en las personas LGTBI. Nació y creció en la pequeña república ex soviética de Kirguistán. A día de hoy vive en Barcelona como demandante de asilo. Los principios “humanidad, igualdad y tolerancia” forman parte de su ADN y por ello, lleva más de 15 años trabajando para conseguir un mundo  mejor. Entre otras cosas, desde 2017 colabora con la organización basada en Barcelona ACATHI, para dar apoyo y protección a las comunidades de personas LGTBI de Asia central. Especializado en el sector de las TIC, trabaja además como programador, faceta que compagina con sus otras dos grandes pasiones: el voluntariado y el activismo.

 

¿De dónde eres y cuánto tiempo llevas residiendo en España?

Mi país de origen es Kirguistán. Allí vivía en Bishkek, la capital del país. Llevo un año y dos meses residiendo en Barcelona, fue mi primer y único destino en España. Llegué con mi marido el 22 de mayo del pasado año, 2017.

¿Cómo era tu vida en Kirguistán?

De hecho, mi vida era agradable. Tenía un buen trabajo, un buen salario, mi propio apartamento, vivía con la persona que quería, estaba cerca de mi familia, de mis amigos y amigas…puedo decir que disfrutaba, en general, de un buen nivel de vida.

Sin embargo, tampoco puedo decir todo fuera perfecto. En Kirguistán, el grupo étnico más grande del país son los kirguises (70%); en mi caso, yo pertenezco al grupo étnico ruso. No superamos el 9% de la población y, en muchas ocasiones, te sientes como “un extranjero en tu propio país”. Además, soy católico ortodoxo en un país en el que la religión imperante es el Islam. Aunque Kirguistán es un estado secular, en los últimos años esta religión ha ganado grandes cotas de poder, especialmente en la política. Finalmente soy homosexual y, en la sociedad kirguisa, sin importar religión u origen étnico, la homosexualidad no está “bien vista”. Mi marido y yo nos casamos en Dinamarca en enero de 2017 y en Kirguistán vivíamos juntos. No obstante, nunca manifestamos en público ser pareja por miedo a que nos pudiera pasar algo, sobre todo a manos de la policía.

¿Existe en Kirguistán alguna ley que ampare la libertad de orientación sexual?

No, de hecho sucede todo lo contrario. En diciembre del 2014 el Parlamento votó a favor de un proyecto de ley similar a la ley contra la propaganda homosexual rusa, pero todavía más restrictivo. Este proyecto es profundamente discriminatorio y viola los derechos fundamentales de la propia Constitución kirguisa. Aunque aún no ha sido aprobada ya que el gobierno continua revisándola, desde su presentación en el Parlamento esta propuesta ha traído consigo una notable ola de violencia y discriminación contra las personas LGTB, que a día de hoy están totalmente desprotegidas.

¿Sufriste alguna vez en tu país de origen, agresiones y/o violencia debido a tu orientación sexual?

Sí, hubo varias ocasiones en las que la policía nos paró a mí y a mi marido por la calle para pedirnos nuestra documentación o interrogarnos, únicamente porque conocían nuestra orientación sexual. Además, en Kirguistán trabajaba como gestor de proyectos y especialista en seguridad digital en una ONG local, dedicada a defender los derechos humanos de las personas LGTBI. El nombre de la organización es Kyrgyz Indigo. Entre otras cosas, esta ONG publica informes anuales (con datos y estadísticas) para denunciar las vulneraciones de los derechos humanos de la comunidad LGTBI en el país. Ello no gustaba, evidentemente, a las autoridades ni al gobierno.

Además, la nueva propuesta de ley pretende, entre otras cosas, prohibir la manifestación en público de cualquier comentario o comportamiento que pueda estar relacionado con el colectivo LGTBI; y, por eso, cuando se propuso, mi organización y las personas como yo, nos convertimos en un objetivo para las autoridades kirguisas.

¿Por qué y cuándo decidiste huir de Kirguistán?

En general, en los últimos años la defensa de los derechos humanos no ha sido una prioridad para el gobierno de Kirguistán.

De hecho, debido a mi trabajo, durante mis últimos meses en Kirguistán la policía empezó a seguirme y a espiarme; también interrogaron a mis amigos, a mi familia, a mis vecinos, a mis compañeros de trabajo. Me acosaban. Finalmente, un día salí a cenar con mi marido, y la policía entró de repente en el restaurante y nos sacó a ambos dos por la fuerza. De allí nos llevaron a comisaría y nos pegaron tal paliza que casi no lo contamos. Nos amenazaron con matarnos. En ese momento me di cuenta de que si no me marchaba de del país cuanto antes, la policía nos asesinaría a mí o a mi marido.

De acuerdo a datos de CEAR, en 2017 se registró en España el mayor número de solicitudes de asilo y, sin embargo, solo se admitieron a trámite la mitad de peticiones que en 2016. ¿Por qué decidiste pedir asilo en España?

Lo cierto es que fue por seguridad y porque no tuvimos más opción. Nuestra vida corría peligro y las embajadas más cercanas nos daban cita a semanas vista. No teníamos tanto tiempo. Sabíamos que, de acuerdo con el Convenio de Dublín, solo podríamos pedir asilo en el país en el que entráramos primero. Así que decidimos cruzar la frontera hasta Kazajistán, y allí aplicar para la visa a España: era la embajada que antes nos daba cita y el trayecto que menos riesgos implicaba. En solo una semana pudimos volar a Barcelona.

Me gustaría remarcar que yo tuve suerte porque mi familia es una familia abierta que acepta mi orientación sexual. Denunciar las agresiones que sufrí a manos de la policía y pedir una visa para huir del país fue posible gracias a que contaba con el apoyo de mi familia. La mayoría de las personas homosexuales que sufren agresiones o discriminación en Kirguistán no hablan de ello, pues implicaría una gran ofensa para su familia y amigos.

¿Cuándo decidisteis pedir protección internacional?

Al llegar a España. Una vez aquí en Barcelona nos orientaron y asesoraron acerca de nuestras opciones legales en España, al haber huido de nuestro país por motivos de persecución basados en nuestra orientación sexual. Igualmente nosotros antes de empezar nuestro viaje, ya habíamos decidido que al llegar a España pediríamos asilo, así que nos informamos y trajimos con nosotros los documentos que avalaban nuestras razones para huir: informes médicos, informes de la policía, etc. Fuimos afortunados porque conocíamos estos detalles.

Sin embargo de esto hace ya más de un año, y la espera es cada vez más difícil. Después de 6 meses en el centro de acogida, conseguimos alquilar una habitación y encontrar un trabajo con la ayuda de organizaciones como ACATHI, CEAR y el Ayuntamiento de Barcelona. Ahora quiero apuntarme a la universidad y continuar estudiando. Hemos conseguido trabajo, tenemos aquí muchos amigos. Pero la realidad es que, si rechazan nuestra solicitud de asilo, nos pueden echar del país en cualquier momento. Vivimos con el temor a tener que volver a un lugar en el que ya no nos queda nada, y en el que nuestra vida corre peligro. Y, además, con las limitaciones que implica no poder pensar en el futuro, pues no sabemos si finalmente nos podremos quedar a vivir en esta ciudad.

Sabemos que en el 2015 se registraron en España 505 incidentes de delitos de odio debido a racismo y/o xenofobia. ¿Has sido víctima agresiones y/o violencia debido a tu origen y/u orientación sexual desde que llegaste a España?

No, nuestra vida aquí hasta el día de hoy ha sido siempre positiva, teniendo en cuenta las limitaciones que implica no hablar el idioma o ser migrante en una ciudad nueva. Creo que Barcelona es una ciudad muy tolerante.

¿Y discriminación laboral o en el acceso a la vivienda, a la educación, a la sanidad…?

En general, no creo que me hayan discriminado por mi origen o orientación sexual desde que llegué a España. Es decir, nunca me han gritado por la calle “vete a tu país” ni nada parecido. Pero sí que he vivido a veces situaciones incómodas, pequeñas discriminaciones que quizás no son tan evidentes pero que se reflejan en las actitudes que la gente tiene conmigo. Además, he experimentado importantes dificultades a la hora de buscar trabajo, sobre todo porque no hablo bien el idioma, pero también porque mi experiencia laboral en Kirguistán aquí está poco valorada. Y eso es bastante frustrante.

Finalmente, también he tenido dificultades para encontrar una habitación dónde vivir. Si en esta ciudad, para cualquier persona es ya difícil encontrar un piso o una habitación, dados los altos precios y la gran demanda, para un migrante sin contrato de trabajo todavía más. Por suerte, CEAR nos apoyó mucho en este aspecto. Aun así, dentro de lo que cabe creo que tuvimos suerte, ya que otras personas de origen africano o latinoamericano del centro de acogida en el que vivíamos, que empezaron a buscar alojamiento al mismo tiempo que nosotros y en las mismas condiciones, tardaron mucho más tiempo y se toparon con muchos más impedimentos que nosotros.

¿Has sido víctima de discurso de odio en las calles o en las redes sociales?

Desde que llegué a Barcelona, nunca he sido víctima de ningún tipo de discurso de odio por mi orientación o origen, ni en la calle ni en las redes sociales.

No obstante, sí es cierto que en Facebook he leído comentarios abiertamente homófobos, sobre todo en grupos cerrados de comunidades rusas en Barcelona. Por mi parte, nunca he mostrado mi orientación sexual en redes ni comparto contenidos que pudieran llevar a pensar que soy homosexual. No solo por miedo hacía mi persona, sino sobre todo por miedo a que le pueda suceder algo a mi familia, ya que ellos siguen viviendo en Kirguistán.

¿Qué opinas de la representación que ofrecen los medios de comunicación en España de las personas refugiadas y migrantes?

La verdad es que no sigo muy de cerca la prensa y la televisión en España, pero sí he visto cosas que realmente rozan el discurso de odio contra los migrantes en las redes sociales. Y no solo noticias, también comentarios verdaderamente negativos y desagradables por parte de los usuarios.

¿Crees que esto contribuye a generar actitudes anti-refugiados?

Los medios explotan este miedo infligido en parte de la sociedad a lo extranjero. Este miedo que tienen algunas personas es algo que se puede entender, hasta cierto punto. Sin embargo, como persona refugiada creo que lo que mucha gente no entiende es que yo no he venido aquí por una decisión personal: he venido porque no me quedó más opción y porque era la única manera de salvar mi vida y la de mi marido.

Y sí, creo que los medios en este sentido sí tienen mucha responsabilidad, porque ante este miedo, lo que deberían hacer es informar, explicar a la ciudadanía las razones que hay detrás de que los refugiados huyan y lleguen hasta aquí. Deberían, además, ofrecer datos objetivos y señalar que no es cierto que la migración sea negativa para la sociedad. Todo lo contrario, lo que se ha visto en otros países es que los migrantes aportan valor económico y generaciones jóvenes a los países. Pero esto no lo explican, se centran en explotar el miedo.

¿Qué crees que podría hacerse en España para frenar este discurso de odio: desde las administraciones públicas, la sociedad, Internet…?

Creo que las administraciones públicas deberían de invertir en campañas informativas y de sensibilización a la ciudadanía. Explicar las dinámicas internacionales detrás de los flujos migratorios y la llegada de refugiados. Sobre todo para los casos de las personas más vulnerables como las que huyen por motivos de género o de orientación sexual. Deberían, por ejemplo, dar a conocer el difícil proceso por el que pasan las personas que llegan a España, tanto para los migrantes como para las personas que piden refugio, y compartir datos reales sobre el número de casos de protección de asilo que realmente se aprueban.

Y, sobre todo, como decía antes, señalar y remarcar los aspectos positivos que trae consigo la migración y no lo contrario. Es decir, trabajar con la ciudadanía para cambiar la percepción negativa que se tiene de la migración, porque esta no responde a la realidad.

Finalmente, ¿te gustaría mencionar algún proyecto que trabaje por los derechos de las personas migrantes y LGTBI?

En España me gustaría mucho remarcar el trabajo de ACATHI. Ellos me ayudaron muchísimo. Verdaderamente ofrecen una asistencia integral: cursos de español, de inglés, apoyo psicológico, orientación legal, etc. Creo que cubren todos los aspectos que un migrante y/o refugiado LGTBI puede necesitar para recuperarse al llegar a Barcelona. También me gustaría señalar el trabajo que realiza la ONG para la que yo trabajaba en Bishkek, Kyrgyz Indigo. Esta se dedica a la promoción de programas de información y visibilidad sobre los derechos humanos de las personas LGTBI y a mejorar las actitudes hacia este colectivo para luchar contra el estigma y el prejuicio que todavía prevalece en la sociedad kirguisa.