La Comisión Europea busca estrategias para combatir las “noticias falsas”

Noticia escrita por Iris Aviñoa Ordóñez

Organizaciones como Reporteros Sin Fronteras advierten del riesgo que la lucha contra las fake news incremente la censura y vulnere la libertad de expresión

 

La preocupación por la expansión del fenómeno de las fake news o “noticias falsas” ha llegado a la Comisión Europea. Esta institución anunció a mediados de enero de 2018 la creación de un Grupo de Expertos de Alto Nivel, formado por unos 40 profesionales de diferentes ámbitos, como compañías de tecnología, académicos, medios de comunicación, plataformas de redes sociales, periodistas y sociedad civil, que tienen como objetivo pensar y proponer estrategias para prevenir la difusión de este tipo de noticias y la consecuente desinformación que ello provoca, tanto en el ámbito digital como en papel.

El fenómeno de las fake news

Cuando hablamos de las “noticias falsas” nos referimos a información no verídica que se publica de manera intencionada a través de medios de comunicación en papel, online, redes sociales u otros tipos de plataformas digitales; el fenómeno ha adquirido unas dimensiones más preocupantes con la expansión del uso de las redes sociales y plataformas informativas en Internet, que facilita que cualquier persona pueda colgar y compartir noticias, con un alcance internacional. Las noticias falsas con contenido discriminatorio pueden contribuir a la propagación del discurso de odio al difamar a grupos minorizados mediante falsedades, reforzando los estereotipos y prejuicios.

Sin embargo, no todo el mundo está de acuerdo con la idoneidad de este concepto; un informe del Consejo de Europa del 2017 propone information disorder, o “desorden informativo”, y lo clasifica en tres tipologías diferentes: 1) información errónea (mis-information), cuando la falta de veracidad responde a un error sin intencionalidad de causar daño; 2) desinformación (dis-information), cuando sí hay una intencionalidad negativa detrás, y 3) información nociva (mal-information), en los casos en los que pese a tratarse de información verídica su divulgación pretende causar daño –como en los casos de información del ámbito privado.

La creciente expansión e impacto de este tipo de informaciones ha incrementado también el interés por entender cómo funciona este fenómeno, y su influencia en la política y la vida pública en todo el mundo; este es el objetivo de la Guía de Noticias Falsas y otros Desórdenes Informativos elaborada por Public Data Lab y First Draft. Otro ejemplo lo encontramos en el estudio llevado a cabo por la Universidad de Oxford, analizando 28 millones de informaciones compartidas durante debates políticos y elecciones en el Reino Unido, Francia y Alemania, con las siguientes conclusiones: en Francia el ratio de noticias verídicas en relación al de noticias falsas era de 7 a 1, mientras que en el Reino Unido y en Alemania bajaba a 4 a 1. En este sentido, según declaraciones de la comisaria de Economía Digital, Mariya Gabriel, las noticias falsas se están expandiendo a unos “niveles preocupantes”, y no sólo atacan la reputación de los medios de comunicación sino que también “amenazan los valores democráticos” de la UE.

Desinformación vs. Libertad de expresión

Uno de los retos que enfrenta esta problemática es cómo hacer compatible la libertad de expresión e información con el derecho de la población a una información diversa y confiable. Desde Reporteros Sin Fronteras (RSF), organización internacional que defiende la libertad de expresión y la lucha contra la cibercensura, lanzan una doble advertencia en la lucha contra las noticias falsas: por un lado, recomiendan no dejar el control de este tipo de informaciones en manos de grandes plataformas como Google o Facebook, hecho que según RSF les daría el control editorial del planeta; y, por otro lado, no permitir a los Estados legislar sin control sobre este fenómeno, ya que según opina el presidente de la organización, Pierre Haski, “entre bloquear las fake news y censurar la información sólo hay un paso”.

En una entrevista publicada a Le Nouveau Magazine Litéraire, Haski, propone una vía alternativa: consensuar los principios y procesos básicos de elaboración de una información de calidad. En otras palabras, “la idea no es prohibir contenidos, sino valorizarlos; no hacer listas negras, sino listas blancas”; esta propuesta surge después de meses de consultas con sindicatos de periodistas, editores de prensa, think tanks e investigadores de toda Europa, y pretende generar un consenso dentro del sector de la comunicación que defina los “mínimos” para garantizar una información de calidad, evitando la censura, y que ésta pueda caer en manos de personas que abusen de ella.