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Drets de Ciutadania i Diversitat

Lucila Rodríguez

16/09/2019 - 09:33 h

Entrevistas. “Hay que naturalizar la migración. Hay que entender que esta se puede gestionar, se puede redirigir, pero no se puede parar”

Lucila Rodríguez-Alarcón es ingeniera agrónoma y experta en comunicación política. Con una importante y respetada trayectoria en el tercer sector y en el mundo del periodismo, ha sido directora general de comunicación del Ayuntamiento de Madrid y de Oxfam España. Hoy por hoy, combina su trabajo como directora general de la Fundación porCausa, con su participación como columnista habitual en el diario Público, en la sección “Con M de Migraciones”. La entrevistamos con motivo del lanzamiento del informe “La Franquicia Antimigración: cómo se expande el populismo xenófobo en Europa”, publicado por la fundación que actualmente dirige.

 

En vuestro informe “La Franquicia Antimigración”, defendéis que utilizáis un punto de partida diferente para analizar la expansión del populismo xenófobo: el tribalismo vs globalismo. ¿Por qué este enfoque? ¿Qué entendéis por tribalismo?

Decidimos utilizar este enfoque basándonos en los resultados que obtuvimos tras la elaboración, hace dos años, del documento: Antinmigración. El auge de la xenofobia populista en Europa. Para éste, llevamos a cabo un análisis de lo que estaba sucediendo en torno a los comicios en Hungría, Polonia, Alemania, elecciones al Parlamento Europeo, etc. Y al hacerlo, detectamos que, en todos los casos, la presencia de partidos abiertamente xenófobos suponía la contaminación del discurso político con narrativas de pérdida de identidad y soberanía de las poblaciones autóctonas, así como la reivindicación de un sentimiento de pertenencia y arraigo, frente al globalismo y frente a aquellos individuos que no pertenecen al grupo.

 

¿Qué quiere decir “Franquicia Antimigración”? ¿Qué buscáis denunciar con esta terminología?

Le llamamos “franquicia” porque, para nosotros, las organizaciones que hay detrás de estas narrativas antimigración responden a una estrategia internacional que desafía el proyecto europeo siguiendo un patrón que parece previamente acordado y diseñado para penetrar en todos los Estados miembros, a pesar de sus diferentes contextos.  De hecho, en el presente informe sugerimos que esta franquicia, que ha alcanzado ya el poder en muchos países de Europa, tiene las mismas inspiraciones y, posiblemente, los mismos asesores.

La denominamos “antimigración” porque su discurso intimidatorio y xenófobo engloba no sólo a la inmigración, sino a la sociedad intercultural en general; en consecuencia, proponen una sociedad cerrada, cuyas fronteras deberían frenar no solo el flujo de personas, sino el intercambio de ideas, cualquier iniciativa de gobernanza supranacional y/o cualquier solución u obligación que trascienda las fronteras nacionales.

 

¿Es la franquicia antimigración una ideología? Si lo es, ¿cuáles son sus bases? ¿y sus objetivos?

Este es un tema que hemos debatido muchísimo en porCausa, y no, no creemos que haya una unión ideológica entre los movimientos detrás de esta franquicia. De hecho, posiblemente en el futuro, será precisamente esto lo que les dificulte formar un bloque único en el Parlamento Europeo. Sin embargo, tampoco creemos que se trate de una nueva versión de la derecha. Son movimientos más amplios porque, en general, lo que agrupan y acaparan es el descontento social.

No obstante, en lo que sí creemos que coinciden estas organizaciones es en haber relacionado ideológica e intencionalmente la pérdida de derechos individuales de algunos con la protección de los derechos humanos de otros. Uno de sus objetivos políticos más destacados es la hegemonía de los derechos “para los nativos”. Es decir, coinciden en un punto muy concreto: la falta de respeto a los derechos humanos. Y la prueba está en que sus discursos muestran un retroceso narrativo muy peligroso con relación a este tema.

 

En el informe señaláis que los movimientos que impulsan hoy por hoy esta franquicia son principalmente los que conforman la llamada “Alt-Right” americana. ¿Quiénes son y qué características definen a estos movimientos? ¿Podrías darnos algún ejemplo concreto?

La Alternative-Right (Alt-Right) es la heredera de la Revolución Conservadora alemana y la Nouvelle Droite francesa, y como ellas, está profundamente opuesta a cualquier ideal progresista o liberal. Se origina principalmente en Estados Unidos como sucesora del Tea Party, entre otros partidos, y abarca un crisol de ideologías a veces contradictorias (anarcocapitalismo, ultra conservadurismo, extremismo cristiano, etc.) que se identifican en aspectos comunes como el uso intensivo del marco digital y el activismo en internet.

En la Alt-Right no hay líderes o jerarquías, es muy heterogénea y activista. Es informal, por lo que puede estar infiltrada en partidos tradicionales, como es el caso del Partido Republicano norteamericano. Están en contra de la corrección política (lo que llaman “buenísmo”), de la interculturalidad, de la migración, del intervencionismo militar, del globalismo, y del feminismo y la diversidad sexual (que ellos denominan “ideología de género”).

Donald Trump se puede considerar su representante más poderoso hoy en día, seguido de Jair Bolsonaro en Brasil y Rafael Bardaji o VOX, en España. Por otra parte, Steve Bannon es uno de sus mejores exponentes, dirigió la campaña de Trump, cofundó Breitbart News –plataforma de la Alt-Right–, e instaló una oficina en Bruselas con el fin de influir y organizar el populismo antimigración europeo.

 

En esta y otras de vuestras publicaciones habláis de la narrativa antimigratoria, ¿cuáles son sus reclamos? ¿Y sus componentes? ¿Por qué creéis que es tan exitosa?

Todo lo que está sucediendo narrativamente es muy provocativo y simplificador. Por eso nosotros denominamos a estos movimientos populistas. Además, al simplificar tanto los mensajes que envías a tu receptor, presentas la realidad como blanca o negra, sin matices, ni grises. Ello da lugar a reacciones muy polarizadas, que es de lo que se alimenta precisamente esta “franquicia”.

Un ejemplo narrativo muy potente es la palabra migrante. Ni la nacionalidad, ni la edad o el género de una persona implican nada per se. Es decir, si yo te digo que una persona es mujer, ¿qué puedes tú deducir de su personalidad, motivaciones, características o intenciones solo con esa información? nada. Sin embargo, hoy por hoy el debate está tan polarizado que parece que el valor “migrante” está intrínsecamente asociado a unas características específicas (negativas).

Se ha alimentado la crispación sin escrúpulos, sobre un tema que además es muy desconocido para la mayoría de la sociedad. Se pide a las personas que se posicionen a favor del rescate de personas en el mar, o en contra “del tráfico ilegal de personas a manos de ONG que en realidad son mafias”. Presentar un debate tan complejo en estos términos es una barbaridad.

Al final, como consecuencia de esta deriva narrativa, todo lo que rodea el tema de las migraciones es reactivo: coberturas periodísticas, portadas de diarios, programas de televisión, debates políticos públicos, etc. Por tanto, ante este escenario, no hay lugar para nuevas iniciativas de cambio de gestión, por ejemplo, de los sistemas migratorios, porque ello tendría un coste político muy alto para los gobernantes en una sociedad tan tensionada al respecto.

Por esta razón, nosotros defendemos que el discurso antimigratorio tiene por único fin generar tensión social: que todo lo que rodee las migraciones se tinte de polémica y provoque reacciones polarizadas.

 

En vuestro informe explicáis que uno de los elementos que utiliza esta franquicia es el discurso de odio. En vuestra opinión, ¿qué uso hacen estos movimientos de este tipo de discurso y con qué fin?

Desafortunadamente, el discurso de odio y la incitación a la discriminación se está utilizando como herramienta para “conseguir votos”. Ello se debe, en parte, al contexto actual. La crisis y las medidas de austeridad que han azotado a Europa en los últimos años han generado un gran descontento social. Descontento que los movimientos de los que habla el informe han sabido explotar.

Concretamente, los partidos de la franquicia extienden y se nutren de narrativas antimigración, antifeminista y anti-LGTBIQ+, porque al trabajar sobre sentimientos muy básicos alcanzan con éxito y rapidez su objetivo: generar polarización social. En el caso específico de la migración, estos movimientos utilizan el discurso de odio para sustentar esta imagen del otro: “ese que no es como yo no entiende nuestra cultura y, por tanto, es potencialmente malo y hay que defenderse de él”.

Gracias al miedo, estos movimientos consiguen que personas con opiniones y tendencias ideológicas dispares se pongan de acuerdo de manera muy polarizada en una cuestión. Por lo tanto, el discurso de odio es para ellos una herramienta para generar uniones y acumular votos.

Además, lo más peligroso de este uso del discurso de odio para polarizar la sociedad es que contamina a “los indecisos”, es decir, a aquellas personas que no tienen una opinión clara respecto a una temática. Buenas personas que, de hecho, en su día a día defienden -o han defendido- los derechos humanos, y que sin embargo, acaban adoptando posturas antimigración como resultado de la polarización social y la difusión de estos discursos discriminatorios.

En resumen, los partidos que son capaces de trabajar en el espacio del miedo lo capitalizan y se llevan no solo a sus votantes habituales, sino también a los indecisos. Estamos hablando de un gran porcentaje de la sociedad.

 

¿Cuál es el papel que juega Internet en la difusión del mensaje de la franquicia, y en particular, las técnicas de desinformación y la microsegmentación de mensajes?

En primer lugar, quiero señalar que Internet no es más que un soporte comunicativo. Es decir, el problema no es la herramienta, sino el uso que se hace de ella, luego insistiré en ello. Dicho esto, es evidente que en los últimos años ha habido un boom del consumo de bulos, como también lo ha habido de la desconfianza en la información que se recibe. Afortunadamente, hay plataformas haciendo un trabajo periodístico y de sensibilización muy potente para hacer frente este fenómeno.

Sin embargo, actuar de forma reactiva frente a los bulos comporta también problemas: por un lado, que cuando intentamos contrarrestar bulos, muchas veces acabamos dándoles mayor difusión de la que tenían inicialmente y afianzándolos (ya que la primera información que llega es la que se retiene); y, por otro lado, que todo el tiempo y energía que invertimos en frenar esta desinformación se lo restamos a crear un storytelling alternativo y a generar conocimiento.

Ahora bien, volviendo de nuevo al uso de Internet en general y de las redes sociales en particular, nadie puede negar que, por ejemplo, durante la llamada Primavera Árabe el acceso a estos canales supuso una herramienta muy potente para que la sociedad civil pudiera informar sobre lo que estaba sucediendo en sus países sin sufrir censura. Ya entonces estas plataformas sociales estaban controladas por empresas con objetivos comerciales y poca ética. Sin embargo, nos parecieron herramientas muy útiles. Ahora siguen siéndolo, y la diferencia es que también ahora son muchas más las personas que aprovechan las características de estas redes (anonimato, viralidad, poca transparencia en el control de los contenidos discriminatorios…) con objetivos que nada tienen que ver con informar.

En el caso concreto de las franquicias antimigración, estas hacen un uso de la información, o mejor dicho, de la desinformación, que tiene por fin, como ya hemos señalado varias veces, fomentar la polarización social. Y lo hacen de manera muy organizada e, incluso, utilizando estrategias de márquetin sofisticadas.

 

Entre algunos de los casos que habéis estudiado para este análisis está el de España. ¿Cómo se adapta esta franquicia al contexto específico de este país y porqué está teniendo éxito?

Esto es muy curioso porque, a nivel de difusión de desinformación, las organizaciones detrás de la franquicia antimigración parecen perfectamente coordinadas. Es decir, hoy sabemos que, en lo que respecta a la elaboración y difusión de bulos, estos son generados por los mismos grupos de personas y se difunden bajo un modus operandi similar en todos los países analizados. Es por esta razón que presentan las mismas estructuras y contenidos, aunque adaptados a las peculiaridades del contexto nacional. Por ejemplo, en España, los bulos hacen referencia mayormente a personas magrebíes. En Holanda, sin embargo, la comunidad más afectada por esta desinformación es la turca. Y así, podemos encontrar exactamente el mismo bulo sobre “un grupo de extranjeros que ha agredido a una chica” en ambos países, cambiando únicamente la nacionalidad de los agresores. Es la marca de la xenofobia.

En cuanto al modus operandi, maldita.es nos explicaba recientemente cómo funciona el sistema de difusión de bulos que utilizan los movimientos afines a la franquicia: primero se nutre un soporte comunicativo extranjero con el bulo en cuestión (un medio alemán, italiano, francés…según el país), y después, el medio de desinformación (como podría ser, por ejemplo, Mediterráneo digital en España) replica la noticia en su propia web haciendo hincapié en que esta misma noticia ha sido compartida por medios internacionales (a los que ellos mismos han desinformado inicialmente y que, probablemente la población local desconozca), con la intención de ganar falsa legitimidad.

Aquí, el representante más conocido de esta franquicia es VOX. Un partido o movimiento que ya existía anteriormente, pero que actualmente, como ya sabemos, se ha afianzado. Esto lo han conseguido gracias al apoyo de asesoramiento experto – de la mano de profesionales que ya trabajan para partidos de otros países también miembros de la franquicia-, y utilizando campañas de desinformación y polarización social, como la utilizada durante las elecciones andaluzas de 2018, y que les sirvió para lanzar su proyecto nacional.

Un ejemplo claro de como consiguen introducir problemáticas irreales que nunca habían sido de interés social –y de repente, entran en la agenda pública–, es el de la legalización del uso de armas en el hogar como autodefensa. Un asunto que, tal y como era intención, ha generado gran polémica y polarización social, y ha acaparado el discurso político y mediático. Este es un ejemplo, pero podríamos señalar también el debate que este partido ha creado en torno a las leyes contra las violencias machistas. Un avance social que creíamos ya estaba ganado, pero que ahora se está tambaleando gracias a su narrativa reactiva.

Ni los partidos tradicionales ni los medios de comunicación saben cómo hacer frente a este fenómeno. Es más, al contrario, estamos viendo como estos acaban aceptando sus propuestas políticas y/o amplificando sus mensajes cada vez con más intensidad.

 

Desde vuestro punto de vista, ¿qué estrategias (desde los gobiernos, ayuntamientos, sociedad civil…) pueden ser la mejor respuesta para contrarrestar este populismo xenófobo?

Después de tres años estudiando y analizando cómo se generaban las percepciones y las opiniones en grandes audiencias, nosotros hemos identificado tres estrategias para explicar narrativas que realmente sí marquen la diferencia a la hora de hacer frente al discurso antimigración: empezar a hablar de lo que creemos que hay que hablar (y no de lo que marque la agenda mediática); no establecer un espacio entre “ellos y nosotros”, ni siquiera con “buenas intenciones”, como por ejemplo cuando se utilizan expresiones como “salvar a inmigrantes”; no utilizar únicamente datos: los datos no transmiten empatía y nadie se acuerda de las estadísticas.

Pero, sobre todo, hay que estimular y trabajar mucho sobre la población indecisa. Personas que realmente no tienen una opinión formada y a las que hay que informar y sensibilizar para que no caigan en estas narrativas discriminatorias. Para ello, creemos que funciona muy bien trabajar a nivel local, desde la empatía y asertividad, sin demonizar ni polarizar, ni buscando siempre romper con ese subconsciente que nos hace tener miedo a lo desconocido, precisamente mediante la interacción: es decir, conociendo “al otro”.

Hay que naturalizar la migración. Hay que entender que se puede gestionar, se puede redirigir, pero no se puede parar. Es un fenómeno histórico: siempre ha habido y siempre habrá flujos migratorios. Hay que pensar en el futuro que queremos dejar a las próximas generaciones, aunque sea simplemente por una cuestión de egoísmo. Al fin y al cabo, por mucho que tú ahora estés en el lado privilegiado de la valla, nunca podrás saber en qué lado van a acabar ni tus nietos.

 

Para acabar, ¿os gustaría destacar algún ejemplo de resistencia a esta narrativa antimigratoria que creáis tenga éxito?

A nosotros no nos gusta hablar de resistencia (pues esto es en sí un concepto reactivo). Nos gusta hablar de historias de regeneración. Narrativamente creo que algunos de los mejores ejemplos, dada su notoriedad, son los que ofrecen personalidades públicas. Dos ejemplos de este año: en enero, el Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, respondió a la pregunta de por qué estaba dando asilo a tantos inmigrantes musulmanes, señalando que Canadá era un país que había sido construido gracias a la inmigración, y que gracias a ese legado eran la sociedad que eran ahora; en marzo, en su primer discurso tras el atentado ocurrido contra una mezquita en Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, la primera ministra del país, dijo que el ataque había sido perpetrado por personas contrarias a los valores de “la diversidad, la bondad, la compasión, y el refugio” que representaban a su país; y en referencia a los musulmanes afectados añadió, además, que “ellos somos nosotros”.

Es decir, narrativas que unen.

 

Entrevista realizada por Almudena Díaz Pagés el 7 de agosto de 2019

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