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Drets de Ciutadania i Diversitat

Marta Simó Sànchez

02/10/2019 - 08:06 h

Entrevistas. “Conocer el pasado puede convertirse en una potente herramienta para luchar contra los discursos de odio”

Marta Simó es Doctora en Sociología por la Universidad Autónoma de Barcelona, y Especialista en identidades judías y Holocausto por la Universidad Jagellonska de Cracovia y la Universidad Estatal de Moscú. Además, desde el 2012, es investigadora en el grupo ISOR de la UAB y miembro del Grupo de Trabajo “Exilio, Deportación y Holocausto” del Memorial Democrático y del Departamento de Educación de la Generalitat de Catalunya. Desde 2013 y hasta 2016 fue, además, miembro del Equipo de expertos multilingües de la Alianza para la Memoria del Holocausto (IHRA) y, desde 2018, es miembro del proyecto Stories that move de la Casa Anne Frank de Berlín.

 

Sabemos que a lo largo de tu carrera has trabajado mucho la relación entre el Holocausto y el régimen franquista. ¿De qué hablamos cuando nos referimos al Holocausto?

Es una pregunta bastante compleja, pero intentaré abordarla lo más resumidamente posible. En mi opinión, creo que el concepto Holocausto tiene dos acepciones, y es importante saber hacer la diferenciación. La primera es la que hace referencia al “hecho histórico” y que yo vincularía única y exclusivamente al genocidio del pueblo judío; la segunda, es la que se utiliza en “términos de memoria”, y que va más allá de la destrucción del pueblo judío en Europa, al incluir, además, a otras víctimas perseguidas por el Nazismo. Por poner un ejemplo, en España solemos visualizar el Holocausto según la segunda acepción, incluyendo en este caso a los grupos de víctimas republicanas que estuvieron en los campos nazis, tal y como se refleja en la celebración del Día Internacional de Conmemoración del Holocausto, al conmemorarse también a las otras víctimas del nazismo.

En cualquier caso, yo siempre hablo de “las víctimas del Holocausto y otras víctimas del Nazismo”.

 

Situándonos en el contexto español de principios de la II Guerra Mundial, ¿cuál fue la actitud del régimen franquista, supuestamente neutral, respecto al odio promovido por el Nazismo contra los judíos?

Antes que nada me gustaría destacar que, académicamente, está más que probado que el Estado español no fue un estado neutral durante la II Guerra Mundial, al contrario, apoyó a las potencias del Eje. Por lo tanto, esa supuesta política benévola hacía los judíos nunca existió; sin embargo, sí es cierto que el régimen franquista respondió al odio promovido contra los judíos por el Nazismo de maneras diferentes según el momento histórico.

Específicamente, en España no hubo una política racial contra los judíos tan abierta como la que se dio en otros países europeos; sí hubo, no obstante, leyes concretas que limitaron la libertad de entrada, de reunificación familiar e, incluso, que supusieron el encarcelamiento de muchos judíos en campos de concentración, como el de Miranda del Ebro. Durante esa fase, de hecho, también se puso en marcha el llamado “Archivo judío”, que recogía información de personas residentes en España única y exclusivamente por su condición judía.

Estas políticas tuvieron, además, un impacto importante, pues al contrario de lo que se piensa, los judíos comenzaron a volver a España durante el siglo XIX y, sobre todo, durante las primeras décadas del siglo XX ante el aumento de las amenazas de odio que estaban sufriendo en otros lugares de Europa. Por consiguiente, en esa época sí que había población judía en la península, especialmente en Barcelona, donde se constituyó incluso la Comunidad Israelita de Barcelona ya el 1918.

 

¿Podrías compartirnos algunos ejemplos concretos que ilustren este posicionamiento antisemita?

Se dieron ejemplos concretos poco conocidos durante los primeros años de la década de los cuarenta, sobre todo en Palma de Mallorca, dónde se expulsó a varios judíos de origen alemán o austríaco reclamados por el régimen nazi. Pero, luego, también se dieron casos más conocidos, como por ejemplo el del judío alemán Walter Benjamin o el de Jenny Kehr. Estas personas, ante la horrorosa idea de ser repatriados a la Alemania nazi que les perseguía –y que hizo que buscaran refugio en España–, decidieron quitarse la vida, el primero en Portbou y la segunda en la cárcel de Les Corts de Barcelona, dónde fueron retenidos a la espera de ser expulsados por el régimen franquista.

 

¿De dónde proviene, entonces, el falso mito de que Franco fue un “salvador de judíos”?

El mito del “Franco salvador de los judíos” se basó en falsedades, y es principalmente fruto de la propaganda franquista. Al fin y al cabo, la actitud del régimen frente a los judíos cambió según la coyuntura internacional: tras la victoria soviética de Stalingrado en 1943, al hacerse patente que Alemania perdería la guerra Franco decidió cambiar su estrategia y acercarse a los Aliados. Para el Franquismo, presentarse en ese contexto como un Estado “neutral” implicaba ventajas, así que comenzó a adoptar medidas que ayudasen a consolidar esta posición, como por ejemplo eliminar algunas de las leyes antisemitas existentes y permitir de nuevo el paso de judíos a través de España.

En cualquier caso, estas medidas nunca supusieron ofrecerles refugio o asilo, solo el derecho de tránsito, y además, con un alto coste económico que financiaron agencias de ayuda, especialmente el JOINT. Por otro lado, lo que sí se dio, aunque de manera muy puntual y ajena a las directrices del régimen, fueron las actuaciones humanitarias de algunos diplomáticos españoles que sí ayudaron en determinados momentos a salvar la vida de personas judías, sobre todo de sefarditas.

En resumen, este cambio de estrategia –en un contexto de creciente interés por parte de los Aliados de contar con España en la lucha contra el comunismo–, así como el cambio de estrategia del régimen para presentarse ante la comunidad internacional como un país neutral, facilitaron el encubrimiento, en cierto modo, de la actitud antisemita mantenida por Franco durante los primeros años de la dictadura, y en última instancia, de la creación de este falso mito.

 

En esta web consideramos el antisemitismo como un tipo de discurso de odio; no obstante, somos conscientes de las dificultades de definir este concepto. ¿Podrías darnos una definición sobre el antisemitismo con tus propias palabras?

Para mí, el antisemitismo es el odio a lo judío, pero a lo judío en general, es decir: a la persona física o el grupo del que forma parte, pero también a todo lo que la palabra judía implique. Por ejemplo: la cultura, la religión, el idioma… e incluso añadiría al imaginario judío.

 

Teniendo en cuenta esta definición, ¿dirías que existió un antisemitismo propiamente español? ¿En qué se basaba?

En mi opinión, en España siempre ha existido un sentimiento antijudío. En la época concreta a la que nos estamos refiriendo se manifestaba sobre todo a través de los comunicados y actitudes de organizaciones como la Falange y otros grupos similares, básicamente por su alineación con el Nazismo. Es decir, se trataba de un antisemitismo racial. De hecho, incluso se elaboraron manifiestos de odio específicos contra los judíos, cuyos máximos exponentes –entre ellos Queipo del Llano–, eran figuras relevantes del régimen.

Sin embargo, existían también otros grupos que apoyaban estas posturas, pero por razones de tipo no racial. Por un lado, prevalecía un sentimiento antijudío religioso claramente avivado entonces por la Iglesia Católica. Y, por otro, estaban los grupos de personas a los que el régimen franquista había convencido de que ser judío equivalía a ser bolchevique. Y, al igual que con el comunismo, el judaísmo también se debía de combatir.

 

¿Dirías que la “desmemoria” tiene también algo que ver con la prevalencia de este sentimiento antisemita?

Sí y no. Es cierto que el Franquismo trató específicamente de que la población española fuese un pueblo desmemoriado. No únicamente con la memoria del pueblo judío, sino con toda la memoria ya existente. Con la llegada de la Transición, como ya sabemos, no hubo una revisión de las políticas de memoria. Por lo tanto, en un contexto en el que no hay políticas de memoria y que las pocas que hay están basadas en la manipulación, está claro que la “desmemoria” ha tenido que ver con este antisemitismo.

Sin embargo, creo que el antijudaísmo, es decir, el sentimiento antijudío basado sobre todo en razones religiosas, es algo propiamente español y profundamente interiorizado en nuestra sociedad, aunque solo lo hayamos percibido en sus manifestaciones más exorbitadas, como las vividas durante la II Guerra Mundial y la primera etapa franquista. Al fin y al cabo, no hay que olvidar que el Franquismo se presentó a sí mismo como el baluarte de la representación cristiana en Europa. Es decir, como la representación de la identidad nacional “tradicional” –y católica– frente a la modernidad (judaísmo, comunismo…), y en consecuencia, todo lo que no se alinease con esa identidad se percibía como una amenaza.

 

En este sentido, para acabar con el antisemitismo ¿crees que podría ser positivo trabajar en las aulas la historia del Holocausto en España?

Sin lugar a duda. De hecho, a ello me dedico actualmente. En primer lugar, creo que se tienen que hacer llegar conocimientos específicos sobre el pueblo judío a las aulas españolas, pues actualmente existe una gran desmemoria y un gran desconocimiento sobre las comunidades judías que existían antes del Franquismo en España y las que hay ahora. Por otro, creo que en las aulas, la historia del Holocausto debería de trabajarse, no como un evento “ajeno” a España que sucedió en Europa y fue la consecuencia directa de la II Guerra Mundial (que es como parece que se trabaja ahora), sino como un momento histórico ligado también a la historia española, pues así fue como en realidad tuvo lugar.

Además, creo que si este trabajo se hace desde un enfoque de promoción de los derechos humanos, se permite tanto a alumnos como a profesores no sólo tener un conocimiento básico sobre los hechos históricos que favorezca a la construcción de un puente entre el pasado y el presente, sino adquirir una mejor comprensión de los profundos impactos que pueden llegar a tener los discursos de odio y ciertas ideologías sobre la vulneración de los derechos fundamentales de las personas. Tanto el Seminario para docentes que dirige el Profesor Xavier Boltaina, como el del grupo DEMD del Departamento de Educación y del Memorial Democrático, están incorporando nuevas herramientas metodológicas de ámbito europeo para trabajar en esta dirección.

 

¿Crees entonces que conocer el pasado puede ayudar a evitar que se repitan errores del pasado?

En parte. Creo que recuperar “la memoria”, el reconocimiento a las víctimas y en general, conocer el pasado, puede convertirse en una potente herramienta para luchar contra problemáticas como la difusión de los discursos del odio, ya que ayuda a superar estereotipos, eliminar prejuicios y, sobre todo, a acabar con ciertos mitos y leyendas.

Sin embargo, me gustaría aclarar que, aunque creo que trabajar la “desmemoria” a través de la sensibilización es esencial para promover el desarrollo de valores tan importantes como la empatía y el respeto, no siempre es esta la estrategia más eficaz para evitar “repetir los errores del pasado”. Desde mi punto de vista, para que este trabajo de sensibilización tenga un impacto real, tiene que venir acompañado de activismo, y, principalmente, de denuncia de ciertos discursos de odio promovidos por personas con poder político y mediático.

Especialmente en la era de las nuevas tecnologías, vemos como diariamente son muchas las narrativas perjudiciales difundidas a través de canales de gran alcance, como son las redes sociales. En estas se comparten, por ejemplo, mensajes de todo tipo sobre el Holocausto y el Nazismo, con contenidos negacionistas o que directamente hacen apología de discursos de odio contra colectivos vulnerables. Y lo peor, tienen la capacidad de llegar a un gran número de personas, mientras que nuestras sensibilizaciones solo llegan a una franja reducida de público.

Por lo tanto, creo que, además de trabajar en las aulas para sensibilizar a las nuevas generaciones, sería positivo educar también a colectivos relevantes, como por ejemplo a periodistas, representantes parlamentarios, personal del sistema judicial y de las fuerzas de seguridad, etcétera, para que sean más conscientes de las repercusiones negativas que pueden tener sus discursos, actitudes y comportamientos sobre los grupos más vulnerables de la sociedad y sobre la sociedad en general.

 

En línea con tu anterior respuesta ¿crees que algunos tipos de críticas al Gobierno de Israel o al sionismo pueden ser consideradas formas de antisemitismo?

Sin duda. Como te decía, creo que uno de los grandes problemas que tenemos en España en relación con el antisemitismo es la falta de espacios en los que poder debatir y dialogar sosegadamente sobre esta cuestión, aproximarse a ella y analizarla. Ni si quiera desde el mundo académico: en España no existe ninguna cátedra o instituto dónde realmente se estudie el mundo y la cultura judía englobando también al Estado de Israel, aunque hoy por hoy es una realidad.

Es más, a veces nos encontramos con casos en los que activistas o profesionales que tratan de visibilizar la vulneración de derechos que sufren también las personas judías son tildados injustamente de sionistas. O con casos en los que personajes públicos relevantes hacen generalizaciones en las que dan por hecho que ciertas políticas o actuaciones del Gobierno israelí son imputables y representan a todas las personas judías del planeta. Ni siquiera debería darse por hecho que representan a toda la ciudadanía israelí. Creo que estos son ejemplos de un antisemitismo soft o encriptado, menos evidente, pero también muy latente en la sociedad española, y que implica graves repercusiones negativas sobre la vida de las personas aludidas y, sobre todo, sobre la convivencia en general.

 

¿Nos darías algunos ejemplos de estos impactos negativos?

Un ejemplo sería el hecho de que, cualquier acto público vinculado a una comunidad o a una organización judía implica tener que desplegar dispositivos de seguridad que raramente son necesarios para otros grupos.  Y no estamos hablando solo de actos oficiales, también de actos culturales. Por ejemplo, el magnifico Festival de Cine Judío de Barcelona.

En términos generales, me atrevería a decir que, al contrario de lo que se piensa, una persona judía en España no puede vivir libremente su religión y su cultura como lo hacen otras personas (católicas, por ejemplo) sin cierto miedo a ser discriminadas.

 

Finalmente, ¿te gustaría destacar alguna iniciativa local o nacional que trabaje la promoción de los derechos humanos a través de la recuperación de la memoria del pueblo judío?

Actualmente están intentando ponerse en marcha, siempre dentro del mundo educativo, proyectos bastante novedosos e interesantes al respecto. Un ejemplo, entre muchos, sería el proyecto Storiesthatmove de la Casa Anne Frank de Holanda, que tiene por objetivo trabajar, a través del testimonio de chicos y chicas actuales que padecen o ejercen discriminación, diferentes temáticas relacionadas con los derechos humanos, la memoria del Holocausto y la prevención de los discursos de odio.

Además de esta iniciativa, creo que merece mucho la pena visibilizar el proyecto “Seeking Protection” desarrollado por la organización IHRA y en el cual se busca sensibilizar a los y las jóvenes sobre la cuestión de las personas refugiadas, comparando eventos internacionales sucedidos durante la II Guerra Mundial con eventos similares: discursos políticos, conferencias internacionales, medidas políticas adoptadas, etc. Un recurso que les permite adoptar una postura crítica ante muchos de los mensajes xenófobos que día a día reciben a través de las redes.

En cualquier caso, quiero remarcar que, por muy interesantes y positivos que puedan ser estos proyectos, a día de hoy son todavía muy incipientes, casi marginales; y dependen mucho de la voluntad y el interés del profesorado, al no ser temáticas incorporadas en el currículum escolar, al menos aquí en España. Aún queda mucho trabajo por hacer.

 

Entrevista realizada por Almudena Díaz Pagés

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