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Drets de Ciutadania i Diversitat

Miriam Miranda

27/09/2019 - 11:50 h

Entrevistas. “Ya no hay tiempo para discursos: debemos buscar la forma de proteger nuestra casa común, es el único planeta que tenemos”

Miriam Miranda es una activista hondureña, defensora de los derechos humanos, territoriales y ambientales del pueblo Garífuna. Es líder de la Organización Fraternal Negra de Honduras (OFRANEH) que, desde 1979, lucha por la defensa de los derechos de este pueblo. Por su compromiso con la acción directa no violenta, ha sido merecedora del Premio de Derechos Humanos Óscar Romero, concedido ex aequo junto a la líder indígena y activista Berta Cáceres, quien poco después sería asesinada. A lo largo de su vida, Miriam ha sufrido numerosos actos de intimidación, persecución, secuestro, arresto arbitrario y criminalización; y, actualmente, está siendo acosada por su trabajo en la región de Vallecito, zona permanentemente asediada. Hablamos con ella con motivo de la huelga y las movilizaciones mundiales por el clima, y aprovechando su visita a Madrid para el II Encuentro de la Red Europea de Solidaridad con Honduras.

 

El 27 de septiembre de 2019 tendrá lugar la Huelga Mundial por el Clima. ¿Por qué crees que este tipo de campañas son necesarias?

Estas campañas son necesarias y deben de ser constantes para generar conciencia, sobre todo entre los líderes y lideresas mundiales. Es urgente entender que este modelo de “desarrollo” que se nos ha impuesto, un modelo que a todas luces es depredador e irrespetuoso para con los demás seres vivos de la naturaleza, ha de ser cambiado.

Personalmente, creo que estamos enfrentando una gran crisis civilizatoria y debemos poner atención en las señales climáticas -sequias, grandes inundaciones, etc.-; pero también, en los efectos colaterales de estas problemáticas: hoy, tenemos la posibilidad de producir más alimentos que nunca, y, sin embargo, las hambrunas y las carencias de agua para consumo humano -resultado de la masiva producción de insumos como la palma africana o aceitera- , son más frecuentes que nunca. Aún así, los gobiernos, y en este caso concretamente el de Honduras, insisten en instalar proyectos extractivistas, tales como represas, minerías y otras, que harán todavía más daño a nuestros pueblos y planeta.

 

La Plataforma por Honduras en Madrid (PHM) organiza los próximos 4, 5 y 6 de octubre, el II Encuentro de la Red Europea de Solidaridad con Honduras. ¿Cuál es el objetivo de este encuentro y qué te ha empujado a participar?

El objetivo de este encuentro no es otro que fortalecer la articulación de solidaridad con el pueblo de Honduras, a través de la solidaridad con los movimientos sociales que están luchando allí, por la defensa de los derechos humanos y los bienes comunes, frente a un régimen dictatorial dirigido por Juan Orlando Hernández, quién forma parte de la oligarquía hondureña, y recibe el apoyo de los Estados Unidos. Reflexionar sobre este contexto en Honduras, y en especial sobre la situación de los y las defensoras de derechos humanos en el país, puede ser muy útil para trazar un plan de acompañamiento internacional que contribuya a visibilizar esta lucha, y ofrezca garantías y protección al activismo. Para mí, ahora en Honduras se está dando un momento político que hace vital mejorar la articulación y la voz de las defensoras con la población migrante. Por eso estoy aquí.

 

Según el informe publicado por Global Witness en 2015, Honduras es uno de los países más peligrosos del mundo para ser un defensor del medio ambiente. Como defensora de los derechos humanos y de la tierra en Honduras ¿qué tipo de obstáculos y represalias has afrontado durante tu labor como activista?

Ciertamente, he sido víctima de represalias en múltiples ocasiones. Por ejemplo, en marzo del 2011, fui brutalmente golpeada y encarcelada por la policía en la ciudad de Tela, y se me abrió un proceso por sedición y atentado contra el Estado. En julio de 2014 fui secuestrada junto a varios miembros de la OFRANEH, por un grupo de hombres armados. En enero de 2017 miembros de la policía intentaron detenerme junto con otros integrantes de mi organización, en la ciudad de La Ceiba, en la costa norte de Honduras, y ante mi negativa a la entrega de nuestra documentación, nos impidieron la circulación y amenazaron con llevarme a la cárcel. Más tarde, ese mismo año, recibí, junto a otras tres defensoras de nuestra entidad, una notificación por una causa instruida contra nosotras, por un supuesto delito de “calumnias y difamación” contra el empresario Patrick Daniel Forseth.

Este año, además, el Estado me ha denunciado a través de CONATEL (Comisión Nacional de Telecomunicaciones), por impulsar, supuestamente, radios comunitarias Garífunas sin permiso legal, a pesar de que en el Convenio 169 de la OIT, se establece claramente que los pueblos indígenas tenemos derecho a crear nuestros propios sistemas de comunicación. En marzo se me citó a comparecer ante el Ministerio Público bajo amenaza de sanción penal en caso de no hacerlo, sin especificar ni si quiera las razones de la citación. Recientemente, en la comunidad de Vallecito, seis hombres con armas de grueso calibre llegaron en vehículo a la comunidad a altas horas de la noche, manifestando necesitar ubicar a Miriam Miranda, ya que sabían que era la coordinadora de la comunidad.

Por lo tanto, la respuesta es sí. Como defensora en Honduras he sido detenida, encarcelada y torturada por las fuerzas de seguridad; se me ha restringido el derecho a la libre circulación dentro de mi propio país en varias ocasiones; me han decomisado mis documentos de identidad como si fuera una delincuente o infractora en muchos momentos; he sido secuestrada por organizaciones de crimen organizado como respuesta a mi trabajo de defensa de las tierras de Vallecito; he sufrido hostigamiento, campañas de desprestigio y criminalización, así como ataques físicos; con el principal objetivo de tratar de callarme y detener la lucha y defensa de los derechos del pueblo Garífuna, y del pueblo hondureño en general.

 

Los asesinatos de Berta Cáceres y Nelson García pusieron la atención internacional sobre Honduras y la violación de los derechos humanos que sufren muchas defensoras del medio ambiente e indígenas. De hecho, incluso hubo grandes protestas en las calles exigiendo Justicia para Cáceres. ¿Dirías que cambiado algo desde entonces?

No ha cambiado nada en este país, de hecho, nuestra situación ha empeorado desde el asesinato de la compañera Berta. Al fin al cabo, ya desde el inicio, el Estado pretendió distorsionar la razón del asesinato de Berta Cáceres, y no fue sino por la presión nacional e internacional, que se logró el encarcelamiento de los supuestos perpetradores del asesinato. Sin embargo, nunca se ha proseguido a los autores intelectuales, los que dieron la orden de asesinarla; para mí y muchas otras personas, es evidente que el crimen de Berta se debió a su defensa acérrima del Río Gualcarque, y en contra del proyecto de muerte impuesto por la empresa DESA y avalado por el Estado, a través de sus aparatos corruptos (policías, operadores de justicia, fiscales, jueces y demás instituciones del Gobierno). Por eso, yo considero que Berta Cáceres también fue asesinada por el Estado, un ente que, en vez de garantizar y proveer bienestar a la población hondureña, persigue, criminaliza y judicializa a las y los defensores de la naturaleza y de la vida.

No puedo dejar de mencionar que, en Honduras, desde el golpe de estado de 2009, se está librando una guerra, no precisamente contra las drogas, sino contra el pueblo. Este está confrontando una oleada de violencia, agravada por un Estado fallido inducido, que está desangrando a la población, sin que, hasta la fecha, exista posibilidad alguna de salir del túnel. Un indicador de ello es que, en el 2012, Honduras superó la cifra de 90 asesinatos, por cada cien mil habitantes, más de diez veces el promedio mundial de homicidios. El país se ha convertido en un laboratorio político, en el que los partidos políticos, tanto el Azul como el Rojo, están saqueando el país, todo bajo la discreta mirada de las administraciones de Obama antes, y ahora la de Trump.

Es por esta razón que se está dando un éxodo masivo, desde hace años, soterrado por los serviles medios de comunicación masivos, que obviaron la problemática hasta la aparición de las caravanas de migrantes, que fueron utilizadas por Trump como combustible explosivo en las elecciones de término medio de Estados Unidos.

 

En los últimos meses hemos visto como ha aumentado vertiginosamente el número de activistas ambientales encarcelados en Honduras. ¿De qué manera están reprimiendo las fuerzas armadas a los defensores y defensoras de los Derechos Humanos y del Medioambiente en Honduras?

En Honduras, existe un uso excesivo de la fuerza militar, incluyendo: el empleo de armas letales, ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias, allanamientos ilegales e intimidación, entre otras violaciones de los derechos humanos. De hecho, el pueblo hondureño es sistemáticamente reprimido con gases tóxicos, balas, persecuciones y desapariciones forzadas, a manos de las fuerzas armadas, El número de organizaciones y activistas judicializadas y criminalizadas va en aumento: detenciones y reclusiones arbitrarias, falta de garantías jurídicas, tortura, trato denigrante, encarcelamiento a personas defensoras en cárceles de máxima seguridad etc. están a la orden del día.

Toda esta represión está siendo dirigida por el actual gobierno dictatorial y tiene por objeto establecer el terror entre el pueblo, para que no luchemos por mejorar nuestras condiciones de vida, nuestros derechos humanos, y/o defendamos nuestros recursos naturales.

 

Según ONGs como Protection International, el discurso de criminalización contra los movimientos pro-clima y en defensa de los derechos humanos se han intensificado durante los últimos años. ¿Estás de acuerdo con esta afirmación? ¿lo has presenciado también en Honduras?

En Honduras este discurso de criminalizaciones se ha manifestado muy claramente a través de las campañas levadas a cabo por los medios de comunicación en contra de los pueblos y de las comunidades indígenas que luchamos por la defensa de los recursos naturales. Continuamente se nos tilda de estar en contra del desarrollo, de ser atrasados, o de “no querer salir de las cavernas”. En el caso del proyecto Agua Zarca, la empresa DESA llevó a empleados suyos a comparecer en varios canales de televisión de la capital para difamar a los miembros del COPINH, quiénes se manifestaban en contra de los proyectos extractivistas y de represas de esta empresa privada. También se llevó a cabo una campaña muy fuerte en contra de la OFRANEH, por oponernos a la construcción de un megaproyecto turístico en la Bahía de Tela, que al final no solo supuso el desplazamiento de comunidades Garífunas, sino que, además, se convirtió en el mayor ecocidio sucedido en Honduras, al haber destrozado una zona manglar durante la construcción de un campo de golf.

En contra de Berta Cáceres, de hecho, hasta se pagó la elaboración de un libro para difamarla, calumniarla y disparar el discurso de odio contra las defensoras. Y estos son solo algunos de los ejemplos.

 

¿Crees que el auge de los movimientos populistas autoritarios en América y Europa, los cuales defienden un discurso negacionista del cambio climático o contrario a la acción climática, tiene algo que ver con esta deriva?

Sí, es una realidad que estos movimientos nos criminalizan y niegan el cambio climático. Sin embargo, a pesar de las falsas soluciones impulsadas por los organismos internacionales y los Estados, el cambio climático es una realidad, y a día de hoy constituye una situación de emergencia mundial. Ya no hay tiempo para discursos: debemos buscar la forma de proteger nuestra casa común, es el único planeta que tenemos.

Por lo tanto, urge que se implementen los mecanismos de rescate y que se frenen todos los proyectos que destruyen los recursos naturales y que contribuyen a la destrucción del planeta. No obstante, los organismos internacionales, empresarios y Gobiernos títeres continúan invirtiendo muchos fondos para negar los efectos del cambio climático, ya que ello iría mal para sus negocios. Y, como eso no es suficiente, ahora invierten, además, en generar discursos de criminalización de los que defendemos la naturaleza.

 

¿De qué manera se puede desactivar este discurso criminalizador?

Creo que la manera es seguir reivindicándonos.  Los movimientos sociales a nivel global, debemos ser más proactivos en evidenciar y luchar para frenar el cambio climático. En los países del sur, esa debe ser parte de nuestra agenda de trabajo. Pero los países del norte también deben tomar nota, y empezar a cuestionarse sus patrones de consumo. Son precisamente estos los que están acabando con los recursos del planeta. Basta ver la problemática de la basura y el plástico. Este constituye hoy uno de los mayores retos de la humanidad, y no creo que solo con prohibir las bolsas de plástico en los supermercados vayamos a resolverlo.

Hay que ir a la raíz del problema, que es la producción masiva. Por ejemplo, ¿por qué es necesario embalar en plástico casi todos los alimentos? Hay que exigir mayor responsabilidad por parte de las empresas. Y se han de abandonar las falsas soluciones que se están implementando todavía en casi todos los espacios.

 

¿Qué papel están jugando las mujeres en la defensa del territorio y la resistencia de los pueblos? ¿De qué forma crees que se pueden conectar los discursos feministas con el ecologismo?

Para nadie es desconocido que hoy por hoy y a lo largo del planeta, somos las mujeres quienes estamos al frente de la lucha por la defensa de los recursos naturales, los bienes comunes de la naturaleza en los territorios, la defensa de los ríos, las semillas, los bosques, etc.  Por eso, también somos las mujeres las que estamos enfrentando una mayor estigmatización, criminalización, judicialización y asesinatos.

¿Por qué? Por que las mujeres entendemos mucho más rápido que si no nos involucramos y asumimos un papel protagonista en la defensa de la naturaleza, nuestras hijas e hijos no podrán disfrutar de lo que hoy tenemos: un aire limpio para respirar, alimentos y salud de calidad. Por ello, son muchas ya las organizaciones feministas que defienden que la lucha por los cuerpos de las mujeres está intrínsecamente ligada a la lucha por la defensa de los recursos naturales y los territorios, especialmente en las áreas rurales. Un ejemplo sería nuestro trabajo en Vallecito dónde, más de 1.300 mujeres de 16 departamentos, con sus hijos e hijas, nos reunimos el pasado 29 de junio para juntar nuestras palabras y acciones como mujeres.

 

¿Qué está pasando exactamente en tu comunidad, Vallecito? ¿Por qué se están poniendo en riesgo los derechos humanos de las personas y de la tierra?

Vallecito es el último santuario territorial ancestral con el que cuenta el pueblo Garífuna de Honduras; se trata de un territorio que, por su ubicación estratégica, siempre ha sido plato de narcotraficantes y del crimen organizado. De hecho, durante casi diez años, este estuvo secuestrado por un narcotraficante llamado Reinaldo Villalobos, quien contaba incluso con su propia pista de aterrizaje clandestina dentro del mismo, y las autoridades no se inmiscuían.

Sin embargo, en el 2011, la OFRANEH tomó la decisión de incursionar el lugar para retomar y recuperar el territorio, instalando el primer campamento de resistencia cultural. Así fue como, a pesar de la presencia de personas fuertemente armadas, resistimos y continuamos resistiendo. En julio de 2014 algunos de nuestros miembros fuimos secuestrados por sicarios con orden de ejecutarnos, y no fue más que gracias a nuestros ancestros y la solidaridad y el acompañamiento internacional, que pudimos sobrevivir.

Desde entonces, la comunidad de Vallecito vive bajo permanente asedio, en un ambiente de inseguridad, y, aunque hemos presentado diferentes denuncias en las instancias correspondientes, hasta la fecha no se ha mostrado voluntad política desde el Estado para garantizar la seguridad de las personas Garífunas que habitamos esta región.

 

¿Cuál es el trabajo que lleva a cabo OFRANEH y porqué es tan importante para la comunidad garífuna y el entorno en el que esta habita? ¿Qué papel juega la defensa del medio ambiente en vuestra lucha?

La OFRANEH lleva cuatro décadas resistiendo contra el avance de la agricultura industrial, los desarrollos turísticos de gran escala, los proyectos hidroeléctricos y de explotación minera, así como las amenazas del crimen organizado y del narcotráfico. La defensa del territorio y de la cultura Garífuna son nuestras señas de identidad. En la actualidad, sostenemos una lucha permanente y en defensa de nuestro territorio ancestral, el cual se ve cada día más afectado por las presiones territoriales provenientes de empresarios, el turismo, la producción de palma africana, el narcotráfico y la implementación de proyectos extractivistas.

Entre algunas de nuestras actuaciones promovemos la información y formación de nuestro pueblo, a través de radios comunitarias y asambleas permanentes, haciendo énfasis en el trabajo de género y tomando en cuenta la visión matrifocal del pueblo Garífuna; impulsamos procesos de articulación de grupos de jóvenes, de mujeres…y en los dos últimos años, incluso hemos logrado la articulación de un grupo LGTBI. También trabajamos por la soberanía alimentaria, la diversidad de cultivos para el consumo propio; y hemos logrado sentencias condenatorias contra el Estado de Honduras ante el Sistema Interamericano, por la violación de los derechos ancestrales de las comunidades de Punta Piedra y Triunfo de la Cruz. Finalmente, a nivel nacional, realizamos incidencia para que en Honduras se respeten los derechos humanos de todas las personas.

 

Entrevista realizada por Almudena Díaz Pagés el 23 de septiembre de 2019

Esta entrevista no habría sido posible sin el apoyo de Calala fondo de Mujeres, organización que ha apoyado, además, la presencia de Miriam Miranda en el II Encuentro de la RESH, que tendrá lugar próximamente en Madrid.

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