Patrimonio e historia son los puntos fuertes del barrio Gòtic. Este núcleo comprende algunos de los principales puntos de interés de la ciudad, como la plaza Reial, la Catedral o el Call. Aunque eso lo convierte en una de las zonas más turísticas de Barcelona, el vecindario hace lo imposible por conservar el calor de un barrio al que aprecia y valora.

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Calle del Bisbe con el puente que conecta el Palacio de la Generalitat con la Casa dels Canonges

“La situación es inmejorable: tenemos el mar al lado y mucha cultura al alcance”, explica Calixto Sobrado, socio de la Asociación de Vecinos. De hecho, el Gòtic se encuentra en la zona más céntrica, junto a la plaza de Catalunya, La Rambla, la Vía Laietana y el puerto. Además, cumple la función de centro político de la ciudad, ya que en él se encuentran distintas instituciones, como el Ayuntamiento o la Generalitat.

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“Antes era un barrio de vecinos, por así decirlo, muy unido y donde se hacía vida en colectividad”.

Calixto Sobrado. Asociación de Vecinos del Gòtic

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“Tanto el Ateneo como el Centro Cívico Pati Llimona están muy arraigados en el barrio.”

Teresa Picazo, presidenta de la Asociación de Vecinos del Gòtic

Un Gòtic falso, pero igualmente encantador

El Gòtic es el centro histórico, donde empezó todo. Incluso conserva vestigios de la Barcino romana, como los restos arqueológicos del subsuelo de la plaza del Rei. Su nombre, sin embargo, no se corresponde con la realidad: no se puede decir que el barrio pertenezca a este estilo arquitectónico. “El novecentismo barcelonés quiso construir una especie de parque temático histórico”, explica Xavier Cordomí, director de la Casa de los Entremeses. “Trasladaron edificios antiguos a zonas estratégicas y construyeron otros con estética gótica”. Así, elementos como el puente que conecta la Generalitat con la Casa dels Canonges o la fachada de la Catedral son contemporáneos, aunque parece que hace siglos que están en pie.

El nombre del barrio no se corresponde con la realidad: no se puede decir que el barrio pertenezca a este estilo arquitectónico. “El novecentismo barcelonés quiso construir una especie de parque temático histórico”

Las calles del barrio han sido testigo de importantes sucesos del siglo XX. Desde el balcón de la Generalitat, Lluís Companys proclamaba la República en 1934; las paredes de la armoniosa plaza de Sant Felip Neri todavía conservan las marcas de los bombardeos de la guerra; en la cervecería Els Quatre Gats charlaban Rusiñol y Picasso, y en la calle de Petritxol, famosa por las chocolaterías, vivía Àngel Guimerà.

El Gòtic que recuerdan con más nostalgia los vecinos veteranos es el de hace cincuenta años. “Era un barrio muy acogedor en que todo el mundo se conocía y se ayudaba”.

Todo eso ya queda lejos, y el Gòtic que recuerdan con más nostalgia los vecinos veteranos es el de hace cincuenta años. “Era un barrio muy acogedor en que todo el mundo se conocía y se ayudaba”, explica Teresa Caja, miembro de la Asociación de Vecinos y Comerciantes de la Calle Avinyó. Calixto Sobrado también recuerda este sentimiento de colectividad y lamenta que se haya perdido con el paso de los años para dar paso a un ambiente “impersonal”.

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Calle de Petritxol, conocida por sus chocolaterías

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Entrada a la plaza de Sant Felip Neri desde la calle del mismo nombre

El Gòtic se mueve

A pesar de todo, el barrio todavía continúa unido y la gran actividad del tejido asociativo es la mejor prueba de ello. Las entidades actúan conjuntamente en la inserción laboral de los menores y la mejora de las condiciones de vida de las personas mayores, entre otros. Anualmente organizan una fiesta para este último colectivo. “El año pasado los llevamos a pasear con bicis adaptadas hasta la playa. Fue una experiencia muy enriquecedora”, asegura Caja.

El barrio todavía continúa unido y la gran actividad del tejido asociativo es la mejor prueba de ello. Las entidades actúan conjuntamente en la inserción laboral de los menores y la mejora de las condiciones de vida de las personas mayores.

Las celebraciones también sirven para mantener viva la personalidad del barrio. El Gòtic celebra la Fiesta de Sant Roc, que, con más de 425 años de historia, es la más antigua de Barcelona. Organizada en la plaza Nova, conserva elementos singulares como la Cucaña, la izada de bandera heráldica y el “Cut-cut dalt del ruc”, un pasacalle en el que un cabezudo va montado en un asno. “Es una fiesta que cohesiona a los vecinos y vecinas actuales y a los que se han marchado”, explica Cordomí. 

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“Los vecinos y vecinas de la plaza Nova han creado la marca plaçanovins.”

Xavier Cordomí, director de la Casa de los Entremeses

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“El Gòtic siempre está en movimiento.”

Teresa Caja. Asociación de Vecinos y Comerciantes de la calle Avinyó

El Borsí, la madre de todas las luchas

Aunque el Gòtic tiene equipamientos culturales como el Centro Cívico Pati Llimona, diversas entidades reivindican la necesidad de tener más espacios vecinales. Es el caso de la Plataforma El Borsí pel Barri, que proponía utilizar este edificio en desuso de la plaza de la Verònica. Finalmente, tal como ha previsto el Plan de barrios impulsado por el Ayuntamiento, el espacio se destinará a actividades vecinales y acogerá la Biblioteca Andreu Nin. “Será un lugar ideal para los niños y las personas mayores”, explica Marina Gassol, de la plataforma. “Gracias al Borsí podremos tener los espacios que nos faltan”.

Tal como ha previsto el Plan de barrios impulsado por el Ayuntamiento, el espacio se destinará a actividades vecinales y acogerá la Biblioteca Andreu Nin.

El tejido asociativo se muestra orgulloso de este logro, pero su principal preocupación es el turismo masivo: “Sentimos que el barrio no es nuestro; no queremos que se convierta en una zona de decoración”, explica Gassol. Esta actividad económica ha impactado especialmente en el pequeño comercio. Con el paso de los años, los establecimientos han ido subiendo de valor y se ha sustituido el comercio popular por uno más selecto.

El vecindario resiste

“Estoy muy arraigada al barrio. Me costaría mucho marcharme”, comenta Teresa Caja. A pesar de los inconvenientes, muchos vecinos y vecinas quieren quedarse en el Gòtic, y tienen esperanzas de que mejore porque han notado cierta progresión en el control sobre los pisos turísticos y la restauración de edificios en mal estado. Además, recuperar el Borsí ha animado al vecindario: “El barrio ha mejorado mucho con respecto a la movilización”, asegura Eva Lara, educadora social y vecina del barrio.

A pesar de los inconvenientes, muchos vecinos y vecinas quieren quedarse en el Gòtic, y tienen esperanzas de que mejore.

Por lo tanto, el Gòtic afronta el futuro con coraje, dispuesto a recuperar el calor de antaño. Todos los vecinos y vecinas tienen claro que el primer paso es buscar soluciones para convivir con un turismo que consideran que tiene que visitar el barrio, pero nunca quedárselo.

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“Los vecinos y vecinas hacemos red y vida en la calle.”

Marina Gassol, presidenta de la AFA Àngel Baixeras y miembro de la Plataforma El Borsí pel Barri.

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“En la plaza de George Orwell se han escrito las letras de muchas canciones.”

Eva Lara, educadora social y vecina