Establecimientos de comestibles regentados por pakistaníes, tiendas de ropa india, puestos de comida italiana... Si algo caracteriza al Raval es la interculturalidad, ya que un 56 % del vecindario proviene de otros lugares del mundo. Después de la española, las nacionalidades mayoritarias son la pakistaní, muy concentrada en el Raval sur, y la Filipina, que se encuentra, mayoritariamente, en el Raval norte. “Es un lujo tener esta fusión justo en el centro de Barcelona. Normalmente la diversidad está en las periferias”, señala Alexandra Bozonet, educadora de la Asociación para Jóvenes TEB.

El Raval se encuentra junto al puerto y La Rambla, las rondas de Sant Pau y de Sant Antoni y la calle de Pelai. Cada día pasean por el barrio centenares de turistas, pero todavía conserva su esencia popular. Sus calles estrechas y llenas de vida esconden las historias más curiosas de la ciudad.

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“La diversidad se vive con tanta normalidad en el barrio que en la entidad no hablamos de integración”

Alexandra Bozonet, educadora de la Asociación para Jóvenes TEB

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Entrada a Can Seixanta, una de las antiguas casas fábrica ahora protegidas por el Ayuntamiento.

Cada día pasean por el barrio centenares de turistas, pero todavía conserva su esencia popular. Sus calles estrechas y llenas de vida esconden las historias más curiosas de la ciudad.

Un barrio obrero

El Raval no tomó forma hasta el siglo XVIII. En los terrenos que habían sido ocupados por huertos se construyeron las primeras manufactureras, lo que lo convirtió en uno de los primeros barrios fabriles de Barcelona. Se construyeron viviendas para los trabajadores que, procedentes del campo, se quedaron a vivir en él. El Raval se convirtió en el barrio más denso de Europa. Entonces, se levantaron las casas fábrica, que combinaban los usos industriales con la vivienda.  Actualmente, todavía se conservan 59 de estos edificios, con nombres como Can Seixanta o la Foneria Comas. Con el fin de protegerlos, el Ayuntamiento emprendió en el 2016 un proceso para evitar el derribo de 26 de estas casas fábrica. Así, se han suspendido las licencias de obra, no se acepta la compartimentación en diversos locales y no se permite construir nuevas viviendas que alteren el espacio.

La proximidad del puerto y la proliferación de bares y salas de fiesta hizo que la parte sur del Raval se conociera como el “barrio chino”, paraíso de bohemios y de la vida nocturna. La clase trabajadora hacía lo imposible por sobrevivir en esa zona empobrecida, donde contrastaban edificios burgueses como el Palacio Güell. El anarquismo tuvo un gran peso en el barrio.

El Raval se convirtió en el barrio más denso de Europa. Entonces, se levantaron las casas fábrica, que combinaban los usos industriales con la vivienda.  Actualmente, todavía se conservan 59 de estos edificios.

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“No he nacido en el Raval, pero me siento el barrio muy mío”.

Mohammad Iqbal, vicepresidente del Centre Islàmic Camí de la Pau

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“El barrio es mi vida. Ofrece mil posibilidades, especialmente con respecto a la cultura”.

Andreu Ardévol, presidente de la Coordinadora de Corales del Raval

Un barrio lleno de cultura

En los años ochenta del siglo pasado, la Administración impulsó políticas de reformas urbanísticas y de creación de equipamientos para la comunidad. Actualmente el barrio tiene 300 equipamientos culturales, entre los que destacan la Biblioteca de Cataluña, numerosos teatros y museos como el MACBA o el Museo Marítimo. Además, también está la Filmoteca, situada en la plaza de Salvador Seguí; el Raval más cinéfilo vive en el corazón del “barrio chino”. En este lugar la prostitución todavía está presente. Tanto vecinos como Ayuntamiento luchan por mejorar y desestigmatizar a este colectivo. Ángel Cordero, miembro de la entidad Acció Raval, comenta: “Son unas vecinas más, muy próximas y humanas”.

Otra característica que evidencia que es un barrio lleno de matices es la interculturalidad. Aquí es fácil estar de cháchara con alguien proveniente de Bangladesh, de Pakistán o de Marruecos. Las personas de otras culturas y de etnia gitana se integran en el tejido asociativo del barrio y son un exponente de la red vecinal local. La Ravalstoltada, un carnaval intercultural, es el mejor ejemplo. “Siempre me he sentido muy integrado y nunca he vivido situaciones de racismo”, explica Mohammad Iqbal, vicepresidente del Centre Islàmic Camí de la Pau.

Una calle que no se acaba nunca

Decía Federico García Lorca que la única calle de la tierra que desearía que no acabara nunca era La Rambla de Barcelona. “Es un espectáculo. Lo que no veas aquí no lo verás en ningún sitio”, asegura Andreu Ardévol, presidente de la Coordinadora de Corales del Raval. El vecindario no entiende el barrio sin esta calle, caracterizada por sus puestos de flores y su gran actividad.

Una característica que evidencia que es un barrio lleno de matices es la interculturalidad. Aquí es fácil estar de cháchara con alguien proveniente de Bangladesh, de Pakistán o de Marruecos.

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“El Raval es una explosión de gente que intenta hacer un barrio digno”.

Enric Canet, director de Relaciones Ciudadanas del Casal dels Infants

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01- La Filmoteca de Cataluña en la plaza de Salvador Seguí

La alegría de La Rambla, sin embargo, se vio truncada el 17 de agosto del 2017 a causa del atentado de Estado Islámico. A pesar del miedo, la tragedia impulsó numerosas muestras de solidaridad: los comercios sirvieron de refugio para la gente que huía del horror, muchos taxis ofrecieron servicio gratuito a los que querían volver a casa, numerosos vecinos y vecinas hicieron largas colas para donar sangre a los heridos y La Rambla se llenó de mensajes de amor y paz durante los días posteriores. El carácter insumiso y luchador del Raval se evidenció entonces: “Pocas horas después del atentado, muchas tiendas abrieron de nuevo, a pesar del miedo”, explica Enric Canet, director de Relaciones Ciudadanas del Casal dels Infants.

Un “bombón” que se quieren quedar

Y es que tanto el barrio como sus vecinos son únicos en el mundo, pero eso también tiene sus inconvenientes. En el Raval, lo que más preocupa al vecindario es el aumento de los alquileres causado por la gentrificación. “El barrio es un bombón y algunos se lo quieren quedar cueste lo que cueste”, explica José Lamiel, vecino. De hecho, muchos vecinos se han tenido que marchar, y personas como Cordero lamentan el riesgo de que se convierta en un sitio de paso: “Hay muchos establecimientos iguales, como las tiendas de móviles. El barrio está pensado para los turistas”. Con el objetivo de “vecinificarlo”, el Plan de barrios gestiona locales que cubren las necesidades vecinales y no el ocio o el turismo. De todos modos, personas como Mohammed Iqbal ven esta actividad con buenos ojos: “La zona ha mejorado. Ahora es emblemática, y eso genera riqueza”.

El Raval es tan especial que muchos no lo cambiarían por nada. Es el barrio donde está todo, y todo y todos pueden convivir.

Este no es el único problema que comporta la gentrificación, también está relacionada con el aumento de los narcopisos. La especulación inmobiliaria fomenta que muchas viviendas vacías acaben en manos de narcotraficantes, que usan los locales para la venta ilegal de drogas. Sin embargo, el número de agentes de la Guardia Urbana y, por lo tanto, el número de acciones policiales están aumentando para hacer frente al problema.

El Raval es tan especial que muchos no lo cambiarían por nada. Es el barrio donde está todo, y todo y todos pueden convivir. Es el barrio del ambiente bohemio del Bar Marsella y de los primeros acuerdos de la rumba catalana en la calle de la Cera. Pero, a la vez, es mucho más: un barrio diverso y fiel a su esencia. Un barrio luchador que enamora y que no se acaba de descubrir nunca del todo.

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“Lo mejor del barrio son los bares, que mantienen la cohesión social”.

José Lamiel, dueño del Bar Marsella

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Calle de Sancliment. Al fondo se puede ver el Teatro del Raval.