Mujer trabajando con un ordenador en TransfoLAB BCN.
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Así funciona un proyecto social colaborativo

En Barcelona hay más de mil iniciativas de economía colaborativa del procomún, como Som Energia, Somos Conexión o Somos Movilidad, entre muchísimos otros ejemplos. La economía social y solidaria, que representa ya un 7 % del PIB de la ciudad de Barcelona y es un sector en proceso de expansión, fue la protagonista del encuentro “¿Cómo poner en marcha un proyecto social colaborativo?” del ciclo DSIPLAY de experiencias de innovación  social digital, celebrado el 23 de octubre en InnoBA.

Durante la jornada, las personas asistentes descubrieron diferentes maneras de poner en marcha un proyecto colaborativo y pudieron intercambiar dudas y opiniones con los emprendedores y las emprendedoras del sector.

 

¿Qué es la economía colaborativa?

¿Pero qué entendemos por economía colaborativa? Según Dimmons, el equipo de investigación de la UOC que lidera la investigadora social y experta en este ámbito Mayo Fuster, “es un tipo de economía de plataforma, es decir, de personas distribuidas y conectadas a través de una plataforma digital, pero con características colaborativas: una gobernanza democrática y compartida; una política tecnológica y de datos transparente y accesible, y, finalmente, una voluntad de responsabilidad e impacto social, como la inclusividad o la sostenibilidad ambiental”.

Siguiendo este marco teórico, Vera Vidal, también de Dimmons, planteó que, según la combinación de estos elementos y el tipo de economía de plataforma que construyamos, derivará en un tipo de sociedad u otro. Esta es la base a partir de la cual se aplica la estrella de calidad del procomún.

A raíz de este debate, en el año 2006 se creó el grupo Barcola, una mesa de diálogo entre el Ayuntamiento de Barcelona y la sociedad civil para establecer qué modelo de ciudad se quiere construir a partir de las plataformas digitales. El grupo se reúne periódicamente y muchas de sus decisiones se votan en la plataforma decidim.barcelona.

Esta visión, además, se ha expandido internacionalmente entre municipios gracias al Sharing Cities. Y desde el Ayuntamiento de Barcelona y Barcelona Activa se fomentan estas economías a través de los programas de incubación y las ayudas de la InnoBAdora y la Comunificadora, como explicó Herminia Gil, responsable de Innovación Socioeconómica de BASA.

 

Empresas y proyectos colaborativos

Las personas asistentes a la jornada DSIPLAY han tenido la oportunidad de conocer diferentes ejemplos de empresas y proyectos colaborativos. Es el caso de Van WooW, una cooperativa sin afán de lucro que se dedica a la promoción de experiencias responsables en entornos rurales con el objetivo de dinamizar municipios despoblados. Manuel Guisado, su cofundador, explicó su modelo de cooperativismo de plataforma, en el que destacó el modelo de gobernanza compartida entre personas socias y usuarias; una política tecnológica basada en recursos compartidos en GitHub, y una visión de la producción también compartida, donde es la comunidad quien va mejorando el producto.

Otro ejemplo fue Iniciativa Open Data, una plataforma que promueve y democratiza el uso de datos abiertos entre las empresas más pequeñas. Según asegura Lourdes Muñoz, su fundadora, se puede generar una economía basada en los datos abiertos y, de hecho, es la única forma de evitar desigualdades, con medidas como la incorporación de la perspectiva de género para que las necesidades de las mujeres sean tenidas en cuenta.

La Iniciativa Open Data cree en la importancia de realizar proyectos que sean sostenibles y ampliables, como es el caso del Open Data Lab que han creado, una reproducción del trabajo realizado en Barcelona y ahora aplicado a ciudades como Tarragona o Alcalá de Henares. Con respecto al modelo de negocio, Muñoz explica que la principal fuente de financiación son las consultorías y que los beneficios se reinvierten en la investigación del centro de datos.

 

Recursos compartidos

Por su parte, GlocalShare es una red de recursos compartidos sin transacción monetaria donde se tienen en cuenta las necesidades y los recursos disponibles en un barrio, que se intercambian entre los ciudadanos y las ciudadanas. El objetivo de GlocalShare, según señala su fundador, Jordi Madorell, es llegar a ser independientes de las transacciones monetarias.

GlocalShare está generando un banco de conocimiento para optimizar cada tarea y ser cada vez más eficiente a la hora de ofrecer y valorar los servicios, ya que su finalidad última es conseguir pasar de los intercambios competitivos a los proyectos colaborativos para abordar tareas más complejas, lo que ayudará a expandir el proyecto.

Finalmente, Carmela Serantes, fundadora de The Gooodshop, explicó su historia: una tienda en línea de productos solidarios y responsables que busca no solo ayudar a los productores sino también incentivar un consumo lento y consciente. Actualmente esta tienda dispone de más de 600 productos producidos de forma ética, circular, con objetivos de integración social y con un 100% de trazabilidad ecológica.

 

Un sector en crecimiento

Todos estos proyectos y empresas ponen de manifiesto que la economía colaborativa es posible y que, aunque todavía tiene un largo camino por recorrer, está creciendo y diversificando sus modelos y es una opción que se consolida día a día.

Todo el mundo que esté interesado en este sector, puede descubrir más en la próxima Sharing Cities Action, que tendrá lugar en Barcelona del 19 al 21 de noviembre, dentro del Smart City Expo World Congress.

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