David Bueno: “La creatividad es lo que permite gestionar la incertidumbre en la que vivimos”

David Bueno es doctor en biología y profesor e investigador en la sección de Genética Biomédica, Evolutiva y del Desarrollo en la Universidad de Barcelona. El año 2010 fue galardonado con el Premio Europeo de Divulgación Científica, y actualmente dirige la Cátedra de Neuroeducación UB-Edu1st, que trabaja para potenciar la formación de profesionales en el ámbito de la neuroeducación, la divulgación especializada y la transferencia de conocimiento.

Conversamos con él para entender como una situación de confinamiento obligado ha afectado nuestra creatividad y la relación con un nuevo entorno en que todo se deberá replantear.

¿Qué consecuencias ha tenido el confinamiento en nuestra creatividad?  

Es difícil decirlo porque es la primera vez que tenemos registros científicos de lo que está pasando en un confinamiento. Lo que sí que sabemos es que poco a poco el cerebro tiende a ralentizar la producción de nuevas conexiones neuronales. También hay un efecto contrario de estimulación de la creatividad a causa del aburrimiento. Las primeras tres o cuatro semanas fueron una avalancha de gente haciendo cosas originales, y esto se ha ido apagando a medida que hemos salido a la calle.

¿De qué manera ha afectado a nuestro cerebro habernos obligado a estar cerrados y en un entorno social restringido?

Nos ha afectado, sobre todo, en la falta de gestión de la información, no saber el porqué se hacía esto o lo otro. Esto ha llevado a una sensación de imposición. Hay a quien la imposición le gusta, porque tiene una mentalidad más sumisa y acepta mejor una autoridad sin la necesidad de entender por qué; y por otro lado, hay personas que si no saben el porqué de las cosas se rebelan.

Tanto confinados como la nueva normalidad, estamos viviendo en un experimento a gran escala.

Tanto en el campo de la antropología como en el de la neurociencia, creo que es una oportunidad fascinante. Nos puede ayudar a diseñar estrategias por una futura pandemia. Volverá a pasar tarde o temprano, y toda esta información será valiosa no solo para diseñar planes sanitarios, sino también sociales.

¿Cómo ha afectado la genética en la gestión del confinamiento?

Hay una predisposición: hay gente genéticamente más preparada para ser creativa y otra que no lo está tanto. Lo más importante, sin embargo, es cómo se ha estimulado especialmente a los niños. Un sistema educativo y social que permite la discrepancia, la discusión, la crítica, la indagación…, hace que todo el mundo, tenga la genética que tenga, acabe siendo más creativo de lo que hubiera sido en un sistema en el que las cosas se hacen de manera impuesta.

¿Ha sido un error no plantearnos vías alternativas? 

Creo que se ha fallado en la manera de decirlo. Al principio, en el gabinete de crisis había médicos que hacían su tarea pero salían a informar el ministro, que no es médico, y militares uniformados. ¿Qué transmite esto? Una imagen absolutamente jerárquica de mandar y obedecer.

¿Con qué lección crees que nos tendríamos que quedar en clave educativa y creativa del que, quizás, ha sido el primero de muchos confinamientos?

Tenemos que potenciar el pensamiento creativo desde muy pequeños. Vivimos en un mundo incierto y precisamente la creatividad es lo que permite gestionar esta incertidumbre.

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