Jordi Sellas: “La cultura que requiera presencialidad debe reinventarse”

El periodista y gestor de empresas culturales Jordi Sellas dirige actualmente IDEAL, un nuevo espacio de artes digitales en Poblenou donde se puede vivir una experiencia inmersiva de la obra de Claude Monet. Abierto en 1917 como un cine de barrio, arte, tecnología y ciencia se agarran de la mano para crear nuevas experiencias culturales que colocan al espectador en el centro. Este octubre el IDEAL inaugurará una experiencia inmersiva sobre la Barcelona de los años 50 y 60 a través de las fotografías de Francesc Català-Roca, Oriol Maspons y Joana Biarnés, entre otros.

Conversamos con él sobre la digitalización de la cultura en nuestro imaginario y entorno, sobre cómo la pandemia ha acelerado este fenómeno y sobre el futuro inmediato (si no presente) de las artes y la cultura. 

Habláis del IDEAL como “el futuro de los cines y de los museos”. ¿Qué queréis decir con esto?

“El futuro de los cines” lo decimos porque cada vez más los contenidos audiovisuales que se consumen fuera del hogar requerirán algo que vaya más allá de una pantalla: el audiovisual necesita un valor añadido. Y “el futuro de los museos” lo decimos porque la función divulgativa de estos también exige más uso de la tecnología y de herramientas digitales, para hacer más atractivos los contenidos. No queremos ser sustitutos de nada, simplemente nos ponemos en una dimensión “post” a la que sería la función tradicional de uno y de otro. 

¿Cómo nace el proyecto?

Lo inicia una empresa que se llama Layers of Reality, que trabaja en el ámbito de la tecnología XR o tecnologías de carácter inmersivo. Algunas son la realidad virtual, la holografía y la Inteligencia Artificial aplicada a las interfaces de voz. Nos dimos cuenta de que, si queríamos iniciar un proyecto, teníamos que empezar de cero, con una idea nueva que no estuviera sujeta a ningún prejuicio ni a ninguna institución que nos marcara excesivamente el camino. 

¿Se puede disfrutar del arte, tal y como lo hemos hecho hasta ahora, desde un soporte tecnológico? 

Rotundamente sí. El arte y la cultura son conceptos dinámicos; no tienen el mismo significado hoy que hace 50, 200 o 500 años. Todo aquello que caracteriza la sociedad de un momento debe verse reflejado en el arte y la cultura de ese momento. Ahora la digitalización ocupa un espacio grande dentro de nuestra vida; por tanto, es normal que las artes digitales también lo hagan dentro de la cultura. Pero no existen para sustituir nada, sino al contrario: en el IDEAL nos pasa a menudo, que la gente sale de la experiencia de Monet y sienten ganas de ir a ver las pinturas originales en museos de arte tradicionales.

¿Cómo se crea una experiencia inmersiva?

Deben unirse artistas de muchas disciplinas diferentes. Se combinan los artistas digitales que dominan conceptos tradicionales, con aquellos que dominan la tecnología y la inteligencia artificial, y todos se ponen a trabajar en línea para desarrollar la misma propuesta. A mí me recuerda mucho al proceso de producción de una película o una obra de teatro, donde hay gente de iluminación, dirección, vestuario, escenografía… y todo acaba funcionando como una sola pieza. En el IDEAL se coordinan especialistas de disciplinas que quizás nunca se han relacionado entre sí, y me gusta porque siento que mientras lo hacemos estamos pisando terreno inexplorado.

¿Estamos dispuestos a explorar este terreno aquí, en Cataluña?

Cataluña, pero sobre todo Barcelona, tiene la inmensa suerte de haber acogido, desde hace décadas, eventos como el Sónar, el MIRA y el ArtFutura. Estos eventos nos han abierto el camino, porque siempre tienen la valentía de ir más allá en la propuesta artística, para explicar que lo digital no tiene que estar necesariamente vinculado a una diversión frívola, como a menudo se prejuzga. Yo me siento afortunado del panorama que hemos tenido, y creo que no es casualidad que un espacio como el IDEAL surja en Barcelona: ni en la península ni en el ámbito europeo existe un centro de artes digitales que sea un espacio de exhibición y de creación a la vez, que tenga artistas en residencia y que esté vinculado al mundo educativo y formativo. 

Con los videojuegos también existen estos prejuicios.

Las narrativas que genera la interactividad del videojuego son muy interesantes, y de hecho se están abriendo hacia ámbitos de divulgación y de narrativa audiovisual. Lo que determina si algo nos gusta o no es nuestra subjetividad, pero no creo que se deban juzgar las cosas solo según el soporte o el lenguaje elegido. Tú puedes escuchar una canción de reggaeton que sea una composición maravillosa o bien un desastre. Existen composiciones de música clásica infectas y literatura muy mala: escuchar una sonata o leer un libro no significa automáticamente que estés haciendo algo bueno en sí mismo. 

El confinamiento ha hecho surgir un montón de iniciativas digitales para disfrutar de la cultura desde casa. ¿Qué implica esto para el futuro de las artes?

Hace décadas que la cultura digital está entre nosotros. Lo que ha pasado en los últimos tiempos es que se ha acelerado porque hay más conectividad, los anchos de banda son más potentes y la tecnología es más económica. Yo diría que lo que realmente nos ha demostrado el confinamiento es que la presencialidad tenderá a ser cada vez más restringida o reservada a aquello que realmente sea insustituible. Esto significa que el ámbito de la cultura que requiere una presencialidad –festivales de música, óperas, auditorios, salas de teatro, museos– tiene mucho trabajo que hacer en muy poco tiempo. Nos tendremos que reinventar. 

Durante los últimos meses también se ha hecho evidente que existe una profunda brecha digital. ¿Cómo se puede hacer accesible el arte digital a una población (todavía) no digitalizada?

En los últimos años, hemos llegado al consenso social que toda persona necesita un techo para vivir y energía suficiente para tener un espacio habitable. Hemos establecido, al menos en la teoría, una serie de parámetros básicos de lo que deberían ser los mínimos para vivir. Creo que el siguiente paso es la conectividad: es un bien esencial y lo será cada vez más. Si no lo conseguimos, corremos el riesgo que una parte de la sociedad se quede muy atrás.

¿Vamos hacia una vida digital? 

Experiencias como la inmersión han llegado para quedarse. Dentro de dos años, Apple presentará sus gafas de realidad aumentada, y esto marcará el camino en la tecnología de uso cotidiano. Irán surgiendo dispositivos que acabarán con nuestros móviles y pantallas habituales, y convertirán todo nuestro mundo en una pantalla. Esto ya no se va a detener, y aquí es donde serán necesarios artistas, personas con sensibilidad, talento y creatividad que gestionen la fuerza de esta ola, para hacerla ir a favor de una sociedad mejor, más abierta, tolerante, crítica y empática. Esto no se puede hacer desde otro sector que no sea el del arte. Para mí, ahora, la función crítica del arte y la cultura tiene más sentido que nunca.

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