Maria Güell: “El territorio que nos rodea necesita ser más comunitario”

Del 14 al 16 de febrero el festival Llum Barcelona volverá a transformar por tercer año consecutivo el barrio del Poblenou en un laboratorio de investigación y experimentación al aire libre a través de la luz, la tecnología digital y la imagen en movimiento. El festival ha sido comisariado por Maria Güell, diseñadora de iluminación, fundadora del estudio La Invisible y profesora en la escuela de diseño Elisava. Hablamos con ella sobre la edición de este año, lenguaje y espacio público, y el tejido cultural de la ciudad.

¿Cuáles son las novedades de esta edición?

Este año destaca la internacionalización de las propuestas artísticas. Entre los artistas que participarán, el más icónico es Julio Le Parc, por ser un pionero de la intervención en el espacio con luz y de utilizarla como un material en un momento en el que las artes plásticas se basaban en la bidimensionalidad. Será una sorpresa para el público más joven, porque trabajó con unos códigos analógicos que son los mismos en los que la gente trabaja ahora. El experimento de este año es el Ágora. Queríamos crear un espacio de relación entre artistas, diseñadores y estudiantes, y por eso hemos incorporado un espacio de reflexión y conocimiento en el que tendrán lugar charlas y conferencias.

En el Llum interaccionarán disciplinas como el arte, la arquitectura y el diseño. ¿Qué posibilidades ofrecen estos contactos?

La luz tiene la capacidad de ser una materia de composición formal en el espacio, y además la tecnología la está llevando a unos límites de configuración del mundo. Hay artistas que trabajan en investigar estos límites entre luz y realidad.

En estos cruces también entrarán en juego elementos como la ciencia, el universo y la inteligencia artificial.

Hay piezas que plantean un desafío del modo en que nos relacionamos habitualmente con el entorno, que es un escenario conocido y amable para todos desde el punto de vista que la ciudad forma parte de nuestro día a día. Hay trabajos como SOL, de Kurt Hentschläger, que alteran nuestra percepción. Es una pieza inmersiva y absolutamente subjetiva, ya que es implícita a la percepción que cada uno tiene de verla.

Además de las creaciones de artistas profesionales, el Llum se distingue de otros festivales por apostar por el talento emergente. ¿Qué os motiva a seguir haciéndolo?

Las escuelas son incipientemente participativas, inclusivas y divulgativas. El primer año que el Llum participó con las escuelas hizo un salto enorme. Tienen una posibilidad de dedicación mucho más amplia y por tanto una capacidad de trabajar con el contexto directo, porque muchas están en el barrio. Todas son piezas hechas ad hoc, y esto les aporta una frescura y una vitalidad que se palpa. En este sentido, creo que una de las joyas del festival es la conexión con el ciudadano para trabajar en un entorno que conoce e intentar traer el mínimo de piezas importadas y el máximo de obras hechas en y para el lugar.

¿Hacia dónde y cómo puede evolucionar el lenguaje del espacio público en el futuro?

El festival apunta hacia una apropiación del ciudadano del espacio público y con la necesidad de que las calles se llenen de lenguaje y comunicación. Venimos de una hiperfuncionalidad del espacio urbano, y todavía estamos viviéndola. El territorio que nos rodea cuando salimos de nuestro espacio privado debe ser más comunitario, ya que el espacio privado, a través de nuestras máquinas, es cada vez más incomunicado. La calle ha de sostener esta vida comunitaria que, de otro modo, no podría darse.

El festival también reivindica el poder de la imagen libre de intereses comerciales y de exceso de información. ¿Qué mensaje queréis lanzar?

Con los años, el código del lenguaje urbano ha ido adquiriendo una dimensión publicitaria enorme, y prácticamente uno es incapaz de interpretar algo en la calle que no sea publicidad, porque no está predispuesto a hacerlo. Esta voluntad de recuperar el espacio urbano como un espacio de comunicación implica que pueda haber significantes, señales, lenguaje en la calle.

El Disseny Hub Barcelona es uno de los equipamientos clave del Llum. ¿Qué instalaciones artísticas se podrán ver?

En la fachada principal tendremos una proyección de Julio Le Parc, Metamorfosis. En el interior tendremos dos piezas: Fiat Lux de Estudi Antoni Arola, que el año pasado sorprendió con una pieza que repite este año; y The day we left fields, de Tundra. A la salida posterior, en el lago, habrá el Museum of the Moon, de Luke Jerram.

¿Cómo contribuye el Llum BCN a la marca ciudad?

El festival no se proyecta hacia la espectacularidad, sino que se sostiene por sus contenidos y el discurso que genera, e interesa a la ciudadanía. Que las piezas estén hechas a medida por el nuevo talento de la ciudad y sean tan sorprendentes constata la teoría de que Barcelona forma en diseño y artes y tiene una importante cartera de profesionales.

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