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Año Nuevo Chino: una celebración compartida

Publicado el Vie, 01/02/2019 - 08:54

Diversidad cultural. Esta celebración es, además de los actos organizados en la calle, un espacio compartido de diálogo y relación entre la comunidad china y el resto de vecinos y vecinas de la ciudad.

Dragón arriba, dragón abajo, hace semanas que en la ciudad vibran los grupos de personas chinas y catalanas voluntarias que participarán en la organización del Año Nuevo Chino en Barcelona. Hay que tenerlo todo preparado para el 2 de febrero de 2019, la fecha escogida para dar la bienvenida al año 4717 del calendario lunar. El año del cerdo.

En el Instituto Confucio, situado en el corazón del Raval, trabajan conjuntamente 175 chicos y chicas de diferentes edades y procedencias, pero que se sienten próximos a la tradición china de celebrar el inicio de un nuevo año, también denominada Fiesta de la Primavera. Próximos porque son de origen o contexto cultural chino o porque la cultura o la lengua china los ha cautivado. Se han ofrecido para ayudar en las tareas artísticas y de organización y juntos son la cara de esta Barcelona que es y se reivindica diversa e intercultural.

El rojo, color de los buenos augurios, llenará de energía los alrededores del Arco de Triunfo con el desfile, punto álgido de la celebración, que contará con un millar de personas de las más de setenta entidades chinas y catalanas que participan.

La celebración es posible gracias al trabajo de un millar de personas y de más de setenta entidades chinas y catalanas

La coorganización del acto se hace desde la Asociación de Artistas Huaxing Barcelona, la Fundación Instituto Confucio de Barcelona, Casa Asia y el Ayuntamiento de Barcelona, que desde el 2014 trabajan juntos para abrir en la ciudad una ventana a las tradiciones y la cultura chinas. Este año, en el inicio del año del cerdo, la Porca de Sant Antoni desfilará con los dragones, los cerdos y otras figuras chinas, entre trabucaires y castellers, presencia habitual en ediciones anteriores.

Vecinos y vecinas de una misma ciudad

La comunidad china de Barcelona la forman actualmente unas 20.000 personas. Es la segunda nacionalidad más presente en la ciudad, después de la italiana, y se ha establecido en varias oleadas, los últimos años a través de los reagrupamientos familiares. Muchas personas vienen de la provincia china de Zhejiang, concretamente de la comarca de Qinjian, que, por su orografía, de montañas altas y complicadas, ha ido empujando a su gente a buscar un futuro económico mejor.

La edad media es relativamente baja: el 45 % de personas chinas de la ciudad no llegan a los 30 años, según el Idescat y, aunque están repartidas por todos los barrios de Barcelona, es cierto que en el Fort Pienc encontramos una mayoría. También la mayoría se dedican al comercio. Los dos últimos datos están muy ligados, nos explica Begoña Ruiz de Infante (intérprete, traductora y dinamizadora del Eje Fort Pienc), al progresivo cierre de negocios en la zona del Fort Pienc en los años noventa. Este hecho dejaba espacios ideales, por tamaño y ubicación, para el establecimiento de comercios y servicios de proximidad (restaurantes, peluquerías, supermercados, agencias de viaje, autoescuelas, etcétera) regentados por las personas llegadas de China.

En la asociación Eje Fort Pienc participan comerciantes y empresarios del barrio, de origen tanto catalán como chino

El Eje Fort Pienc ahora mismo está formado por comercios, servicios, pequeñas empresas, equipamientos y entidades del tercer sector que se encuentran en manos de personas de origen tanto catalán como chino. Es una asociación muy dinámica y en la que participan ambas comunidades: la última actividad, desarrollada en la Escuela Fort Pienc, fue la creación conjunta de decoraciones para la fiesta del Año Nuevo Chino por parte de los niños y niñas de la escuela.

“Todas —explica Begoña—, la comunidad china y catalana, las asociaciones y entidades, y el mismo Ayuntamiento, hacen esfuerzos conjuntos por avanzar hacia un mayor conocimiento y reconocimiento de las personas integrantes de la comunidad china como ciudadanos y ciudadanas de la ciudad”.

Raíces diferentes, barrios compartidos

Acompañamos a Begoña, que reparte los carteles de la celebración del Año Nuevo Chino entre los comercios de propiedad china, y nos encontramos todo tipo de gerentes, empleados y familias enteras que atienden los negocios a pie de calle.

Los modelos de negocio son también muy diversos: desde pequeños bares hasta grandes franquicias, pasando por tiendas que, si no fuera por los carteles en chino, no podríamos distinguirlas de cualquier otro negocio tradicional de la ciudad. Es el caso de Juan Chen, una empresaria muy joven, llegada hace ocho años de Fujian y que ha creado una tienda de moda de gama alta dirigida a todos los públicos.

Ella misma ha diseñado el interiorismo de la tienda, después de recorrer toda la ciudad cogiendo ideas aquí y allí. Porque, dice: “De Barcelona, me gusta todo”. La ropa viene de Corea del Sur y de Shenzhen, una especie de hub de diseñadores y pequeños negocios de calidad de ropa, muy alejado de la imagen de los costureros de las grandes marcas europeas. Esta energía que desborda la ha llevado a crear, junto con otras mujeres de origen chino, la Asociación de Empresarias Chinas de Cataluña, entidad en cuya representación participará en la celebración del Año Nuevo Chino.

Ni Ping, con nacionalidad española, es otro tipo de empresario: hace más de 26 años que está en Barcelona y ha tenido todo tipo de negocios. Su última apuesta es un modelo de local de tapas donde, según él mismo dice, la gente puede comer cada día porque encuentra lo que está acostumbrada a comer. La plantilla la forman personas de orígenes diversos, como en cualquier local de tapas. Los actos del Año Nuevo los verá desde el interior del bar restaurante, alerta y preparado para la avalancha esperada de clientes.

El idioma, herramienta de cohesión social

Ni Ping habla un castellano muy bueno; a Juan le cuesta más, y es por eso por lo que le gustaría mucho tener tiempo para aprenderlo del todo. Y es que el aprendizaje del catalán y el castellano es muy difícil cuando se llega a Barcelona de adultos. Las segundas generaciones o quienes llegan de bien pequeños lo tienen más fácil, ya que la escolarización en catalán y las aulas de acogida hacen que el nivel lingüístico sea exactamente el mismo que el de cualquier niño de contexto cultural catalán.

Pero, entonces, ¿qué pasa con el idioma de los progenitores? Muchos chicos y chicas lo entienden, lo hablan, pero… ¿lo escriben? La creación de escuelas chinas para niños y niñas y adolescentes ha permitido que no se pierda este bagaje cultural y que los hijos e hijas de personas chinas puedan leer y escribir una lengua que, para el nivel más básico, requiere el conocimiento mínimo de 3.000 caracteres.

Les escuelas de chino complementan la educación de las personas chinas barcelonesas más jóvenes, ya que las conectan con su tradición cultural de origen

Los cursos, organizados los fines de semana para permitir la asistencia fuera del horario de la escuela catalana, suelen utilizar los espacios de estos mismos centros y son creados y gestionados por miembros o grupos de personas de la comunidad china de la ciudad. Es el caso de Shufen Chen, que, además de presidenta de la Asociación de Artistas Huaxing, la entidad organizadora de los actos del Año Nuevo, es la propietaria de la escuela de sábados que tiene lugar en la Escuela Francesc Macià de la plaza de Espanya.

Allí conocemos a su gerente, Xu Shangwei; a una de las profesoras, Qianquian Zhao, y a grupos de alumnos que están inmersos en el estudio de la lengua y la cultura chinas, como cada sábado. Nos explican: “Hay alumnos más contentos que otros porque dedican parte del fin de semana a mantener la cultura familiar; pero todos se sienten muy próximos los unos a los otros, en agradable compañía”.

Lo que más sorprende de la escuela es la asistencia de alumnos no chinos: catalanes, pero de otros orígenes también, como pakistaníes. Xu nos explica que los cursos para aprender chino son ahora mismo lo que el inglés podía ser en los años sesenta o setenta: una necesidad para quien ya piensa en un futuro laboral para sus hijos e hijas.

Diversidad dentro de la diversidad

No todos los de segunda generación quieren continuar, al menos tan intensamente, el lazo con la cultura de sus progenitores. Han Ge Liu Ye es nacido en Barcelona, hijo de una pareja de Qinjian, y su paso por la escuela china fue muy breve. Seguramente, haber vivido desde pequeño en el distrito de Les Corts, donde vive relativamente poca población de origen chino, lo ha alejado de la cultura de sus padres.

Aunque su madre es ahora profesora, precisamente en una escuela de fines de semana, Han Ge reconoce que no tiene amigos y amigas de origen chino y que, hoy por hoy, no le interesa demasiado saber leer y escribir en chino. Explica que, cuando ha viajado a China, se ha sentido más como un turista y en ningún momento le pasa por la cabeza ir a vivir allí.

Estas y otras historias vitales muestran la realidad culturalmente diversa de la ciudad. Una diversidad que, a diferencia de lo que quieren hacer creer determinados estereotipos y rumores, no es monolítica: la diversidad también es diversa internamente. Y no se relaciona únicamente con la inmigración: la identidad de la ciudad no se puede entender, por ejemplo, sin incluir la cultura del pueblo gitano.

Este es un aspecto clave para definir las políticas municipales desde la mirada de la interculturalidad y de los derechos de ciudadanía. El Ayuntamiento, en este sentido, ha apostado desde ya hace décadas por un modelo de ciudad inclusiva, en el que las diversidades no se diluyen para “integrarse”, sino que se reconocen, se hacen visibles, se respetan y dialogan entre ellas para seguir construyendo una ciudad de todos y todas.

En una ciudad inclusiva, las diversidades no se diluyen para “integrarse”, sino para dialogar desde el respeto y el reconocimiento

Desde esta perspectiva, los últimos años se han puesto en marcha el Plan contra la islamofobia y medidas de gobierno para fomentar la participación diversa o garantizar el uso igualitario del espacio público a las entidades religiosas.

También se han activado campañas de sensibilización (#BCNvsOdi) y de visibilización (#CelebremBCN) en torno a la diversidad cultural en la ciudad. Además, a los programas, consejos y servicios municipales (Programa BCN Interculturalidad, Oficina para la No Discriminación, Oficina de Asuntos Religiosos, Consejo Municipal de Inmigración) hay que sumar el trabajo y el compromiso de la ciudadanía y las asociaciones a través de la Red BCN Antirrumores.

 

 

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