Usted está aquí

Un año de los atentados del 17A: hacia un modelo humano de la seguridad

Atentado en Barcelona. Un año después de los atentados del 17 de agosto en Barcelona y Cambrils hay que reflexionar mucho sobre un modelo de seguridad que se centre en las personas

RESPUESTA CIUDADANA

El pasado 17 de agosto hizo 1 año de los atentados en la Rambla de Barcelona y el Paseo Marítimo de Cambrils, que dejaron un balance de 16 muertos y 100 heridos de los atentados, y 6 muertes entre los perpetradores abatidos por la policía. Barcelona, ​​siguiendo la respuesta natural de la ciudadanía, optó por un acto de homenaje austero, dando protagonismo a las víctimas, los familiares y los heridos y una notable presencia de la música. Todo para recordar que Barcelona es una “Ciudad de Paz”.

Lola Lopez, Comisionada de Inmigración, Interculturalidad y Diversidad del Ayuntamiento de Barcelona, ​​comentaba en El Crític que “En la capital catalana hubo pocas reacciones islamófobas y detuvo la misma ciudadanía. (…) A diferencia de las reacciones que hemos ido viendo en toda Europa, la manifestación del 26 de agosto reflejó más mensajes de ‘No a la islamofobia’ que ‘No al Islam’. ”

Este punto de vista era compartido por la investigadora del CIDOB especializada en migraciones, Blanca Garcés cuando afirmaba  “Más allá de la reproducción casi mimética y ritualizada de la expresión del duelo y la condena, Barcelona no se ha declarado en guerra ni hacia el exterior ni hacia un supuesto enemigo interior. En los relatos posteriores al atentado han dominado los relatos de NO al terrorismo, NO a la xenofobia, NO al miedo y, finalmente, desde las organizaciones sociales y parte de la sociedad civil, NO a la guerra. Desde aquí, no se han construido los razonamientos dicotómicos amigo/enemigo, Occidente/barbarie o insider/outsider, tan propios de los relatos desplegados en otras ciudades europeas. ”

 

MODELO DE INTEGRACIÓN

Sin embargo, ante estos acontecimientos, el tema de la integración se pone sobre la mesa a debate en la ciudad de Barcelona. En la entrevista mencionada, Lola Lopez propone “dejar de hablar de inclusión social y abordar el sentimiento de pertenencia. (···) El sentimiento de pertenencia es bidireccional: habla del sentimiento de aquel que ha de pertenecer y de lo que lo incorpora. Es más complejo que la inclusión social, que se enfoca sobre todo en términos económicos.” Hay que abrir el espectro pues.

Moussa Bourekba, investigador del CIDOB, coordinó el dossier: “Atentados de Barcelona. Reacciones, explicaciones y debates pendientes “. Allí Bourekba plantea que se dio la paradoja de que: “en contra de los que equiparan la radicalización con la falta de integración y la marginalidad urbana, en este caso los terroristas eran de una pequeña población del Prepirineo catalán; por otra, estaban aparentemente integrados.” Según él falló el análisis. Partiendo de la idea de que los procesos de radicalización son multidimencionals, Bourekba plantea que hay que hacer un análisis comparativo de factores culturales (escala macro), con un análisis subjetiva (escala micro), y teniendo en cuenta los actores (redes, interacciones). “La idea de que los «chavales de Ripoll» estaban integrados se basa en gran parte sobre dos de las tres dimensiones de la integración (es decir, político-legal, socioeconómica y cultural-religiosa) excluyendo una dimensión aquí fundamental y difícilmente medible: la cultural, que hace referencia al sentimiento de pertenencia a la sociedad. ”

Al mismo dossier del investigador Jordi Moreras concluye: “A los jóvenes que cometieron los atentados en ningún momento se les trató como en el resto. Nunca fueron nuestros, porque tampoco lo eran sus familias. Nunca valoramos su papel socializador, ni entendimos por qué deseaban que sus hijos e hijas siguieran sus pasos. No valoramos su bagaje cultural, ni su idioma, por no hablar de sus creencias. (···) Nuestra indiferencia ante su proyecto de continuidad y transmisión cultural ha llevado a la crisis a sus dos principales instituciones sociales: la familia y la mezquita.”

 

EXTREMISMO VIOLENTO Y ISLAMOFOBIA

Una de las caras más visibles en los medios de comunicación tras los atentados del 17 de agosto fue Miriam Hatibi, activa en la comunidad musulmana y portavoz de la Fundación de Ibn Battuta. En El Crític aclaró muchos temas relacionados con el tratamiento informativo de la comunidad musulmana, y proponía que se dejara de hablar de terrorismo islámico: “hablar  de ‘extremismo violento’ es mejor, porque, por un lado, dejas de estigmatizar una comunidad y, por otro, eliminas el objetivo del DAESH, que es abanderarse como líderes del islam. El extremismo violento no tiene nada que ver ni con la yihad, ni con el islam, ni con el islamismo, ni con nada por el estilo…”

El Plan Municipal de lucha contra la islamofobia adoptado por el Ayuntamiento de Barcelona, ​​ha sido pionero en este sentido para contribuir a garantizar la no discriminación contra las personas musulmanas. Tal como se puede ver en el informe realizado en julio de 2018, acciones de diversa naturaleza han trabajado para este objetivo, con material gráfico de la campaña o material específico (por ejemplo “Cómo acceder a un menú halal“), vídeos específicos, las actividades vinculadas a la Red Antirumores, la celebración del día contra la islamofobia el 12 de diciembre, observatorios contra la islamofobia o los discursos del odio, y formaciones y talleres para casi 1.500 personas.

 

PREVENCIÓN DEL EXTREMISMO VIOLENTO

La prevención, un modelo basado en la seguridad humana, es el paradigma que puede guiar las relaciones sociales y las políticas públicas: esto es lo que propone a la llamada prevención del extremismo violento (PVE). Este nuevo paradigma de la PVE fue el origen del Observatorio para la prevención del extremismo violento (OPEV). A iniciativa de la OPEV a principios de 2017 se reunieron en Barcelona más de 170 entidades de todo el Mediterráneo y Europa y firmaron la “Declaración de Barcelona: Plan de Acción de la sociedad civil Euro-Mediterránea para la prevención de todas las formas” que incluye 10 objetivos basados ​​en un concepto ampliado del extremismo violento que incluye la extrema derecha, islamofobia, violencia patriarcal, etc.

La investigadora Fatima Lahnait del Institute for Statecraft and Governance de Londres, analiza en un artículo las causas y los factores que impulsan el extremismo violento, defendiendo el modelo de Prevención del Extremismo Violento. Concluye que: “El papel de las administraciones locales debería ser habilitar redes de conexión entre el sector público y diferentes ámbitos de la sociedad civil que conduzcan a servicios de intervención culturalmente apropiados para promover la participación comunitaria, aumentar la concienciación y fomentar la capacidad de resiliencia ante el extremismo violento”.

Comparte este contenido