Cuando en la economía imperante se habla de crecimiento económico, no se mencionan las necesidades de la sociedad ni los recursos existentes, solo se tiene en cuenta el ámbito productivo y monetario.

Sin embargo, ante una situación de crisis como la actual, es necesario experimentar y consolidar nuevas formas de entender la economía y la empresa que den respuesta a las emergencias, con una estrategia de transformación social a medio y largo plazo. Hay que ampliar la mirada y no limitarse a políticas de empleo, e incluir todas aquellas actividades que hacen posible la vida.

La economía plural es un sistema económico que engloba todos los campos del ciclo económico convencional —producción, comercialización, consumo y financiación—, pero también el trabajo doméstico y las tareas de cuidados, las economías comunitarias, el procomún, la autoproducción o el intercambio no monetizado, entre otros.

Este nuevo sistema permite que afloren un conjunto de prácticas económicas valiosísimas para la sostenibilidad integral (económica, social y ambiental) que hasta ahora estaban menospreciadas o, directamente, invisibilizadas.

El cambio de modelo socioeconómico que impulsa el Ayuntamiento de Barcelona pretende avanzar hacia una concepción de economía plural, que implica lo siguiente:

  • Democratizar la infraestructura de recursos comunes (agua, suelo, energía, conocimiento...), que deben ser gestionados por la sociedad o, cuando no sea posible, por las administraciones.
  • Subordinar el mercado a las exigencias del bien común y, por lo tanto, regularlo democráticamente, tanto desde los gobiernos locales, comarcales y nacionales como desde la ciudadanía.
  • Impulsar la economía desmonetizada, basada en los principios de reciprocidad y de autoconsumo.

 

Empresas ciudadanas
Del mismo modo que se espera que las personas que habitan los municipios velen por lo común y se impliquen en el desarrollo del territorio para construir ciudades donde valga la pena vivir, debemos poder exigir a las empresas que sean ciudadanas. La empresa ciudadana, además de productos y servicios útiles para las personas que vende a un precio justo, genera unos excedentes económicos y socioculturales que distribuye de forma participativa y equitativa entre sus miembros, la propia empresa y la sociedad.


Transformación socioeconómica
Impulsar la Economía Social y Solidaria en la ciudad consiste en fortalecer a las entidades que ya trabajan vinculadas al territorio y potenciar la reducción de desigualdades y el cambio social. De este modo, las políticas que se lleven a cabo no serán simplemente económicas, sino socioeconómicas, guiadas por los valores siguientes: cooperación, calidad de vida, sostenibilidad y equidad.

La aplicación de estos valores debería comportar una reorientación de la economía en cuatro sentidos:

  • La regeneración del sistema financiero y monetario para que sirva a la economía productiva y no al capital rentista.
  • La reorientación de la economía productiva para que priorice cubrir las necesidades y no esté tan determinada por criterios de rentabilidad de la inversión o de crecimiento económico.
  • La visibilización, contabilización y distribución igualitaria de la economía reproductiva, es decir, del trabajo doméstico y de los cuidados.
  • La reconversión de nuestras formas de producción y de consumo hacia un modelo bajo en consumo de energía y de recursos y en generación de residuos.
Hacia una economía plural