La educación en el ocio como espacio comunitario

Suena el despertador y no da pereza levantarse. Mochila al hombro, el bocadillo y la fiambrera dentro, y la cantimplora colgando del cuello. Una pieza de fruta y una bolsa de frutos secos para compartir. Las botas bien atadas y el anorak a punto. El saco de dormir bien ajustado, junto con la esterilla. Revisión de última hora: linterna, pilas, gorra, crema y toalla... ¡Todo listo! Empieza, con entusiasmo, un fin de semana especial: toca acampada y la aventura está asegurada.

Las excursiones y los campamentos que organizan los esplais y grupos scouts de la ciudad son una rica fuente de experiencias para los niños y niñas y la juventud que los acompaña voluntariamente. Son salidas que suelen celebrarse trimestralmente y en las que se convive, se comparte y se aprende a trabajar en equipo.

Los otros fines de semana, haya excursión o no, niños, niñas, monitores y monitoras se encuentran cada sábado. “Hacemos yincanas, juegos de pistas, talleres, dinámicas…”, explica Raquel Calvo, monitora del Esplai Sant Cebrià de la Teixonera, donde trabajan valores como el “respeto por las ideas de todo el mundo, la escucha y el hecho de compartir”.

“He aprendido de otra forma, diferente a cómo se aprende en la escuela”

Raquel, que ahora tiene 20 años, ha crecido yendo al esplais del barrio desde que tenía 4 años. Cree que por ir cada sábado y haber compartido experiencias con los demás niños y niñas, ha aprendido muchos valores sin ser consciente de ello: “He aprendido de otra forma, diferente a cómo se aprende en la escuela”. Como niña, aprendí, entre otras cosas, a entender y ser empática con otras realidades y a respetar las opiniones de los demás”.

Crecer con valores

Son valores que comparten y trabajan desde hace más de cuatro décadas los Minyons Escoltes i Guies de Catalunya (MEG), una asociación sin ánimo de lucro que aglutina a más de 150 agrupaciones por toda Cataluña donde participan más de 15.000 niños, niñas y jóvenes.

Minyons sigue el método scout y guía, una manera de educar que se fundamenta en que los niños y niñas sean los protagonistas de su crecimiento personal para que se conviertan en personas activas, conscientes y comprometidas con la sociedad. Minyons, pues, pone en el centro de su pedagogía la autonomía personal, la responsabilización, la capacidad de organizarse y la autogestión.

Pero ¿cómo se traslada todo eso a la práctica? “Trabajamos por proyectos durante todo el curso y son los propios niños y niñas quienes deciden qué quieren hacer. Tienen libertad para escoger y decidir”, explica Gerard Prados, director de la escuela de formación de Minyons.

“Me ha permitido tener una serie de herramientas y me ha abierto la posibilidad de aprender muchas cosas que no me había planteado antes”

De todos modos, donde más se trabaja es en los campamentos. “Es donde puedes poner en práctica los valores aprendidos durante el año”, añade. Gerard ha crecido yendo a los scouts y asegura que eso lo ha favorecido mucho en su crecimiento personal. “Me ha permitido tener una serie de herramientas y me ha abierto la posibilidad de aprender muchas cosas que no me había planteado antes, pero que me han ayudado en mi día a día, como, por ejemplo, sacar adelante proyectos y descubrir otras realidades o temáticas”.

Gerard remarca: “Es importante que haya una continuidad en este trabajo: no se trata de un casal de verano o un campamento que haces una vez al año, sino que los niños y niñas evolucionan durante todo el curso, sábado tras sábado”.

En este sentido, coincide con Mireia Calleja, jefa del grupo scout del Carmel, creado hace solo cinco años y uno de los pocos espacios de ocio educativo en todo el barrio. “El cubil no es solo un lugar adonde vas el sábado, sino que hay todo un trabajo pedagógico durante todo el año”, reflexiona.

Mireia, a diferencia de Raquel y Gerard, no ha crecido yendo a los scouts ni al esplai, pero en poco tiempo se ha integrado y dice que le ha cambiado la vida: “Me he dado cuenta de que es un ámbito que me apasiona”.

“Trabajamos la gestión emocional de los niños y niñas a través de las actividades y los hacemos reflexionar sobre ellas mismas, su comportamiento, su relación con las compañeras, cómo trabajar en red y tener un compromiso”, continúa Mireia, que cree que es “muy importante que los niños y niñas sean conscientes de los objetivos a lo largo del curso y que se los marquen ellos mismos”.

“Algunas actividades que organizamos son debates para que aprendan a llegar a consensos y escuchar a todo el mundo, teniendo en cuenta todas las ideas”, añade.

Una labor voluntaria y vocacional

La labor de los monitores y monitoras es completamente voluntaria, lo que comporta un fuerte compromiso por parte de la juventud que opta por esta vía. La mayoría compaginan sus estudios con otros trabajos y el voluntariado en el esplai o grupo scout.

“Al ser una tarea voluntaria, es más vocacional, tienes un sentimiento de pertenencia muy fuerte”

“A veces es difícil porque las actividades, las salidas, las colonias requieren mucho tiempo, pero, al mismo tiempo, intentas hacerlo lo mejor que puedes”, explica Raquel, del Esplai Sant Cebrià. “Al ser una tarea voluntaria, es más vocacional, tienes un sentimiento de pertenencia muy fuerte y eso hace que te esfuerces más”, afirma.

Para Mireia, del grupo scout del Carmel, es muy importante “sentir que tienes un equipo de trabajo donde todos y todas cuidan de los demás”. “No hay nadie que esté por encima y lo hablemos todo mucho”, añade. Aunque es un trabajo con un “desgaste” mental y físico importante, a las dos les compensa el trabajo en equipo y ver el resultado en los niños y niñas.

Este año, a causa de la crisis sanitaria provocada por la COVID-19, ha sido difícil para todas las actividades grupales. Esta nueva realidad ha requerido todavía más implicación de los monitores y monitoras para garantizar las medidas de seguridad cuando se ha permitido la celebración de los encuentros los sábados y de los campamentos. Se han hecho salidas por los mismos barrios y las actividades se han adaptado a las restricciones de cada momento.

No obstante, en el grupo scout del Carmel, al ser pequeño, han tenido menos problemas para adaptarse, pero no poder hacer excursiones ha repercutido en el trabajo con los niños y niñas. “Cuando pasas dos días con los niños y niñas es cuando ves más la evolución”, lamenta Mireia.

Gerard Prados explica: “Durante el confinamiento se organizaron cubiles virtuales y campamentos confinados donde los niños y niñas montaban sus tiendas en casa”. A pesar de haberse adaptado, continúa, “la idea de crecer en comunidad se hace muy difícil si se hace desde casa”.

Hacer barrio desde el esplai

Las actividades y dinámicas que se organizan en los esplais y grupos scout van más allá de los espacios donde se desarrollan. Los niños, niñas y jóvenes que forman parte trabajan codo con codo con las entidades y asociaciones de sus barrios y se convierten en un agente social más de la red comunitaria a la que pertenecen. El Esplai Sant Cebrià del barrio de la Teixonera es un claro ejemplo: desde su fundación en los años sesenta ha tenido un rol importante en el tejido social de su entorno.

“En cualquier actividad que se hace en el barrio están presentes todas las entidades y se trabaja en conjunto”

“El esplai no se puede entender sin las entidades del barrio. En cualquier actividad que se hace en el barrio están presentes todas las entidades y se trabaja en conjunto”, asegura Raquel Calvo, que, además, si no hubiera ido al esplai, no tendría la vinculación que tiene con su barrio ahora. De hecho, hay muchos jóvenes que, aunque no han tenido continuidad en el esplai como monitores y monitoras, ahora forman parte del tejido asociativo del barrio.

Una agrupación reivindicada por el barrio

El grupo scout del Carmel camina en la misma dirección para convertirse en uno de los pilares que fundamenta la red vecinal del barrio. “Es un grupo pequeño, que acaba de empezar”, explica Mireia Calleja.

La peculiaridad de este grupo scout es que se trata de un proyecto que ha nacido a raíz de la demanda del Instituto Escuela Coves d’en Cimany “para que los niños y niñas del Carmel tengan un espacio de ocio”. Se ha creado, pues, desde una necesidad real, donde monitores y monitoras trabajan en conjunto con la comunidad educativa del barrio: “Vamos todos a la una con el AMPA, la escuela y los monitores de comedor”, explica Mireia.

¿Y por qué era necesario un proyecto de ocio educativo en el Carmel? “Normalmente los grupos scout se encuentran en barrios donde han existido toda la vida, con un índice de inmigración más bajo, y esta manera de educar no llegaba al Carmel”, relata Mireia.

“El objetivo es que los niños y niñas acaben siendo jefes y que el grupo scout del Carmel sea gestionado por gente del barrio y no de otros lugares de Barcelona, como ocurre ahora”. Actualmente, hay once monitoras y una veintena de niños y niñas.

En poco tiempo, Mireia ha podido ver el impacto de la labor que se desarrolla en la agrupación en los niños y niñas. “Ver cómo evoluciona un niño a lo largo del curso es muy gratificante: hay niños y niñas que no saben gestionar sus emociones y, más adelante, durante unos campamentos, se abren y te das cuenta de su crecimiento personal”.

Combatir las desigualdades desde el ocio

Aunque existe una amplia red de ocio educativo en Cataluña, la participación de los niños y niñas está fuertemente afectada por las desigualdades de acceso. Según denunciaba el defensor del pueblo en un informe en el 2014, “los niños y niñas socialmente favorecidos tienden a participar más en las actividades que los niños y niñas socialmente menos favorecidos”.

A raíz de esta realidad, el Ayuntamiento de Barcelona decidió incluir en el Plan de barrios un programa para lograr la igualdad de oportunidades de todos los niños de Barcelona en este ámbito, el programa Baobab, en marcha desde el 2015. Durante el curso 2020-2021, el programa acompaña una decena de barrios en la creación y refuerzo de grupos scout y esplais, y se prevé que el curso 2021-2022 siga ampliando actuaciones en otras zonas de la ciudad.

“El objetivo del programa es que el ocio educativo de base comunitaria llegue a la mayoría de barrios de la ciudad, sobre todo los que se encuentran en situación de desventaja social”, afirma Pilar Lleonart, jefa de departamento de Barrios Educadores.

“Hay que crear esplais y grupos scout en los barrios donde no hay y reforzar otros que ya existen, siempre construyendo de manera comunitaria, desde el barrio y con el barrio”, añade. La idea es fortalecer, poco a poco, el tejido social y el sentimiento de pertenencia en los barrios donde no existe. Una meta que requiere fuego lento, según Lleonart: “Es un proyecto de largo recorrido y de lluvia fina donde no se obtienen resultados inmediatos”.

Uno de los esplais que cuenta con el acompañamiento de este programa es el de Sant Cebrià. Según explica Raquel, su agrupación recibe asesoramiento municipal desde hace cuatro años y lo valoran “muy positivamente”.

“Gracias al programa Baobab, en el esplai tenemos una persona referente que tiene las herramientas para ayudarnos y encontrar soluciones”, añade. El refuerzo que están recibiendo responde a la necesidad de captar a más niños y niñas para vincularlos al esplai.

Con el acompañamiento del Ayuntamiento, han podido dar a conocer el esplai a las escuelas que están cerca haciendo actividades. “Además, se han organizado los campamentos urbanos Baobab en agosto, los cuales han facilitado el acceso al ocio educativo a los niños y niñas del barrio donde no había alternativas educativas”, concluye.

  • Hay 138 entidades de asociacionismo educativo en la ciudad. El 61 % son esplais y centros juveniles, y el 39 %, grupos scout.
  • En solo 12 barrios de los 73 se concentran el 50 % de las entidades.
  • Son, sobre todo, barrios de L’Eixample y los núcleos históricos de los antiguos municipios del plano de Barcelona, como la Vila de Gràcia, el Clot, Horta, Sant Andreu, Sarrià o el Poblenou.
  • Hay 23 barrios sin entidades de asociacionismo educativo.

Informe sobre el estado del asociacionismo educativo de base comunitaria 2019, Ayuntamiento de Barcelona

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