Barcelona ya tiene cinco huertos urbanos en azoteas municipales gestionados por personas con discapacidad

19/12/2018 - 14:08 h

El proyecto que arrancó hace dos años y medio ha demostrado beneficios destacables en la calidad de vida y el desarrollo personal de las personas con discapacidad.

El proyecto que arrancó hace dos años y medio ha demostrado beneficios destacables en la calidad de vida y el desarrollo personal de las personas con discapacidad.

Barcelona ha incrementado este mes de diciembre hasta cinco el número de huertos instalados en azoteas de edificios municipales, gestionados todos ellos por una cincuentena de personas con diferentes tipos de discapacidades. El proyecto, que coordina el Instituto Municipal de Personas con Discapacidad (IMPD), acaba de hacer dos años y medio y en este tiempo se ha extendido con éxito en diferentes espacios de la ciudad, implicando hasta seis entidades sociales diferentes y favoreciendo el tejido asociativo de los barrios.

El proyecto no sólo favorece la inclusión de las personas con discapacidad, sino que, además, los excedentes de las cosechas producidas en estos huertos se entregan posteriormente a comedores sociales y bancos de alimentos, lo que amplifica el componente social de la iniciativa. Adicionalmente, este proyecto ha permitido aprovechar espacios en desuso de los equipamientos municipales, convirtiéndolos en una alternativa para el cultivo en una ciudad tan densa como Barcelona, ​​que dispone de pocos espacios libres para el cultivo en el suelo.

 

Un proyecto ya presente en el Eixample, Sants y, ahora, en Ciutat Vella

Los dos últimos huertos que se han adjudicado se han ubicado en las azoteas de los edificios municipales que hay en los números 7 y 15 de la calle Avinyó, en el distrito de Ciutat Vella, y los gestionarán el Centro Ocupacional La Sínia y el Taller Ocupacional Sant Jordi. El huerto ubicado en la azotea del número 15 será el primero de los cinco que gestionarán personas con una discapacidad física y, por tanto, el primero en ser completamente accesible. Esto ha comportado algunas adecuaciones para eliminar barreras arquitectónicas preexistentes y el diseño de nuevas estructuras para soportar los cultivos plenamente accesibles. Por otra parte, el huerto del número 7 será responsabilidad de personas con discapacidad intelectual.

La primera de estas iniciativas se inició en abril de 2016 en la sede del Instituto Municipal de Servicios Sociales (IMSS), en el número 344 de la calle Valencia (Eixample), y desde entonces personas con discapacidad intelectual del Centre Ocupacional Ariadna, del Centre Ocupacional San Camil y del Taller Ocupacional Sant Jordi cuidan de un espacio amplio con tres zonas de cultivo diferenciadas. Los otros dos huertos están instalados desde noviembre de 2017 en la sede del distrito de Sants-Montjuïc, en el número 104 de la calle Creu Coberta, gestionados en este caso por personas con discapacidad intelectual pero también personas con problemáticas derivadas de la salud mental provenientes del Centre Ocupacional Asproseat y del Centre Ocupacional Joia.

 

Un proyecto con múltiples beneficios

En septiembre pasado un estudio sobre estos huertos realizado por profesionales de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales (ICTA), del Barcelona Laboratory for Urban Environmental Justice and Sustainability (BCNUEJ), del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM) y del ISGlobal ya determinó que la participación en el proyecto tiene beneficios destacables en la calidad de vida y el desarrollo personal de las personas con discapacidad intelectual y / o problemáticas derivadas de la salud mental que participan, especialmente durante los primeros meses.

Los beneficios son dobles, tanto por la valoración subjetiva que hacen todas las personas implicadas en el programa, como también porque se han alcanzado unos niveles de éxito y satisfacción difíciles de encontrar en otros espacios. Destaca la mejora de la vertiente relacional, pero también especialmente su apoderamiento, dado que las personas usuarias pasan de ser receptoras de ayuda a ser donantes de ayuda en el momento que entregan voluntariamente los excedentes de las cosechas que han producido con el su esfuerzo. Además, la posibilidad de ir en las azoteas les ha permitido descubrir nuevos entornos urbanos, romper con la rutina diaria de los talleres ocupacionales, estar al aire libre, trabajar en equipo, reforzar su autoestima y profundizar su responsabilidad. Igualmente, se ha observado la utilidad del programa para reducir los posibles nervios y la ansiedad que pueda existir en algunos casos, mejorar su capacidad de relajación y desarrollar la paciencia y el autocontrol como herramientas útiles en su vida cotidiana.

Este no es el único informe técnico sobre el proyecto. El Instituto de Investigación y Tecnologías Agroalimentarias (IRTA), a través de dos estudios, ha podido medir con detalle la calidad y productividad de los huertos del Eixample y de Sants-Montjuïc. En base a estos informes se ha podido constatar una presencia de contaminantes como el cadmio y el plomo muy por debajo de los límites máximos permitidos por la Unión Europea e igualmente inferior a la de otros huertos ubicados cerca de vías con una circulación de vehículos intensa.

 

Un proyecto que quiere seguir creciendo

Los huertos que ya funcionan, en mesas de cultivo elevadas y con un sistema de riego por goteo, tienen una producción agrícola similar a la de cultivos comerciales y capacidad de producir entre 5 y 6 cosechas al año, con variedades de vegetales plantadas durante todos los meses. En concreto, estos huertos han producido lechugas, escarolas, espinacas, acelgas, tomates, guisantes, calabacines, pepinos y pimientos, a bada de diferentes plantas aromáticas.

Su instalación, así como el asesoramiento profesional, cuenta con la colaboración del personal técnico del Instituto de Investigación y Tecnologías Agroalimentarias (IRTA).

El objetivo del Ayuntamiento de Barcelona pasa actualmente por duplicar las cinco azoteas que ya funcionan y llegar a los 10 en un futuro próximo (ya hay dos lugares más en proyecto); aumentar el número de personas con diversidad funcional que participan del programa y facilitar también que se impliquen más en las tareas de gestión; diversificar y ordenar la producción agrícola de los huertos; así como realizar más investigación social y ambiental para evaluar el impacto ecológico de la iniciativa.