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La Exposición de Nueva York de 1939

La Exposición de Nueva York de 1939

La Exposición de Nueva York de 1939 se inaugura bajo el lema The World of Tomorrow. La historia la recordará como una promesa de futuro en medio de un contexto desfavorable.

Trylon y Perisphere. Colección Ramon Marull

Este sello celebra la Exposición de Nueva York, inaugurada en abril de 1939, cuando Estados Unidos aún estaba sufriendo los últimos latigazos de la Gran Depresión, y se estaba gestando el mayor conflicto armado que ha conocido la historia. El presente de 1939 se presentaba decepcionante y el futuro inmediato se intuía oscuro, y muy incierto. Para contrarrestar esta coyuntura tan negativa la ciudad organiza una gran feria bajo el lema The World of Tomorrow. La acogida popular fue muy buena, el hecho de prometer que habría un futuro, próspero y tranquilo, resultó alentador para la gran mayoría de visitantes. La feria tuvo dos etapas: del 30 de abril al 31 de octubre de 1939 y, posteriormente, la exposición se volvió a abrir al público del 11 de mayo al 27 de octubre de 1940.

Participan más de cincuenta países de todo el mundo, además de organizaciones internacionales como la Sociedad de las Naciones, en un momento en que el enfrentamiento entre las ideologías contrarias amenaza la paz mundial. Como es bien sabido, la paz llega a su fin y poco tiempo después de la inauguración estalla la Segunda Guerra Mundial. Algunos pabellones como los de Polonia o Checoslovaquia no pudieron reabrir durante la segunda etapa por encontrarse inmersos en el conflicto.

Además de levantar los ánimos de la población, defender la unión de países y culturas, la exposición sirvió para recuperar un espacio dañado de la ciudad de Nueva York, además de crear negocios y empleos.

Sin embargo, había un objetivo mayor, más importante: todo el marketing, todo el espectáculo, todo el despliegue de medios se aunó con el propósito de introducir, de educar a la gente para un futuro que ya había llegado, que ya era posible. Había que acercar la ciencia y la tecnología a la población para que pudieran percibir los avances, para que experimentaran cómo podían facilitarles la vida. En este momento histórico, cuando la iluminación eléctrica de las calles no está generalizada, las grandes compañías dan a conocer productos tan innovadores como la televisión, los coches o el aire acondicionado, y crean a los visitantes una sensación de fascinación. Se presenta un modelo de ciudad en el que los automóviles circulan por las calles iluminadas con grandes focos, en el que la gente vive en rascacielos y disfruta de electrodomésticos que les permiten tener más tiempo libre. El mundo del futuro que se muestra en 1939 es el de una sociedad que tiene acceso a los productos derivados de una tecnología y una industria diseñada para su consumo masivo. Ahora bien, serán necesarios veinte años para que este sueño de futuro se haga realidad, el mundo del mañana de 1939 es el de la clase media americana de los años sesenta.

La moderna imagen presentada en el sello capta la visión de este futuro más brillante y atractivo: un fondo pintado en color sólido con unas siluetas blancas y sintéticas, los dos iconos más representativos de la Feria, el Trilón y la Periesfera.

El estilo del diseño es muy afín al art déco, fue impreso en color púrpura, en rotativa en hojas de cincuenta ejemplares y los laterales superiores e inferiores están enmarcados por líneas blancas. Cabe destacar que el presidente estadounidense del momento, Franklin D. Roosevelt, aficionado a la filatelia y gran coleccionista, intervino personalmente en el diseño.

Muchos de los países participantes también emitieron sellos conmemorativos del evento. La colección Marull tiene en su fondo ejemplares editados para conmemorar este acontecimiento de lugares tan variados como Islandia, Rumania, Francia o la Unión Soviética. Las viñetas hacen referencia a los pabellones de los respectivos países o bien a las estructuras del Trilón y la Periesfera anteriormente mencionados. También las antiguas posesiones asiáticas de países ocupantes como Francia o Portugal emiten ejemplares para la ocasión o bien sobrecargan otros preexistentes; puede consultar ejemplares como el de Indochina, Guangzhouwan o Macau.

La presencia española en la exposición es, desgraciadamente, inexistente, ya que el pabellón español no llegó a inaugurarse. A pesar de los intentos del gobierno de la segunda república española para mantener la propaganda con el exterior, con el único objetivo de conseguir aliados contra el avance fascista, el desenlace de la Guerra Civil imposibilitó la inauguración del pabellón. Hay una anécdota curiosa y algo deplorable: los frescos que Luis Quintanilla pintó para el pabellón fueron localizados en 1990 durante el desmantelamiento de un cine porno gay de Nueva York. El caso fue tan escandaloso que incluso se dedicó un documental titulado “Los otros Guernicas”, de Jesús Calvo. Otra anécdota que pasará a la posteridad es la imagen de Salvador Dalí repartiendo panfletos de la Declaration of the independence of imagination and rights of man to his own madness sobrevolando la feria en una avioneta. Los cambios estructurales que la organización le exigió a su proyecto arquitectónico El sueño de Venus parece que no fueron muy de su agrado.

La cultura popular también se inspiraría en la exposición para presentar el futuro de manera positiva, brillante y feliz. Si os apetece visitar un vídeo de la feria preparado por la New York Public Library clicad aquí.

La Exposición de Nueva York de 1939 influyó enormemente en varias generaciones de americanos, y por extensión, también en el resto del mundo. El objetivo del gobierno de Roosevelt fue más allá de una inversión económica aparentemente prescindible, sería una inyección de esperanza y de reafirmación identitaria dentro de un contexto socioeconómico muy desfavorable.

Laia Aleixendri

Pobles colonials i vista de la ciutat de Nova York

Pueblos coloniales y vista de la ciudad de Nueva York

Avió sobrevolant el globus terraqüi

Avión sobrevolando el globo terráqueo