Djamila Ribeiro

14/01/2019 - 08:58 h

Entrevistas. La clave del éxito del discurso extremista de Bolsonaro se basa en su llamada a “la moralidad”.

La clave del éxito del discurso extremista de Bolsonaro se basa en su llamada a “la moralidad”.

Djamila Ribeiro dos Santos es una filósofa feminista brasileña. Investigadora y profesora de Filosofía Política a la Universidad Federal de São Paulo, Djamila es muy conocida por su activismo en Internet. Sus principales campos de investigación son las relaciones raciales y de género. También es columnista en diferentes medios digitales. En 2016 fue nombrada secretaria-adjunta de Derechos Humanos y Ciudadanía de la ciudad de São Paulo durante la alcaldía de Fernando Haddad. Recientemente ha participado en la conferencia “Cities for Rights”, que tuvo lugar el 10 y 11 de diciembre en Barcelona, para compartir experiencias de resistencia local a los extremismos violentos en Brasil.

 

En alguna entrevista te hemos escuchado decir que “es muy difícil ser extranjera en tu propio país”. ¿Porqué tu país, Brasil, te hace sentir “extranjera”?

La razón tiene que ver con los estereotipos que existen en el país sobre la población negra. En nuestro país, todavía se nos conecta tanto con nuestro cuerpo, especialmente a través de los medios de comunicación, que parece que no seamos más que eso: negros, cuerpos sexualizados, ciudadanos de segunda clase. Es decir, existe un racismo institucional, patente en todos los ámbitos de la vida, que nos coloca en una posición social u otra, según el color de piel con el que nacemos.

Esto tiene un impacto sobre el imaginario social y la percepción de la población negra como analfabeta, de bajos recursos, etc. En mi caso concreto, siendo además mujer, continuamente produzco sorpresa en las personas que conozco cuando les digo que soy investigadora y académica. ¿Por qué? Simplemente porque soy negra y porque soy mujer, y la sociedad les ha enseñado que esa no es la posición que corresponde a una mujer negra. En Brasil existe una jerarquía social “humana”, y las mujeres negras estamos en la base de esta jerarquía.

 

En tu último libro: “O que é lugar de fala?”; hablas de los llamados “silencios institucionales” y de cómo estos suponen la invisibilización de la población negra a través de jerarquías que son violentas. ¿A qué te refieres cuando hablas de estos silencios y de las jerarquías violentas que los mantienen? ¿Quiénes son estas personas silenciadas?

Cuando hablo de silencios, me refiero a la clara falta de representación que sufre la población negra, y especialmente las mujeres negras, en la sociedad brasileña. Por ponerte un ejemplo, para mí como académica es extremadamente difícil encontrar producciones intelectuales llevadas a cabo por otras mujeres negras dentro de la academia brasileña. ¿Por qué? Porque la academia, y especialmente el mundo de la filosofía, está dominado por una visión patriarcal y occidental, es decir: la impuesta por el hombre blanco. La prueba: en todos mis años como estudiante en Brasil, un país de mayoría racial negra, nunca se me enseñó nada sobre la filosofía negra.

De hecho, se dice que el conocimiento es algo que solo puedes aprender en la universidad o en la academia. Eso no es así. En nuestro país hay muchos movimientos asociativos por la defensa de los derechos de las personas negras y, por lo tanto, muchos espacios y oportunidades para recoger y generar nuevos conocimientos. Sin embargo, la academia y las universidades no valoran estos conocimientos, silenciando así de nuevo a estos colectivos y a las personas de color que los conforman.

¿Esto que supone? La dominación del discurso por parte de los hombres blancos, los únicos aparentemente legitimados para ocupar la esfera pública; y la limitación o negación del espacio para las personas de color y/o los conocimientos que estas podrían compartir. Nos invisibilizan reduciéndonos al “silencio”.

 

Como filósofa y académica, defiendes la necesidad de visibilizar los aportes del feminismo negro y las voces de las mujeres negras a la hora de decidir qué sociedad se quiere construir en Brasil. ¿Qué es para ti el feminismo negro y porqué es tan importante tenerlo en cuenta en la política brasileña actual? Es más, tal y como denuncias en tu libro:  “Quem tem medo do feminismo negro ¿quién tiene miedo de este feminismo y por qué?

Muchísima gente, desgraciadamente. Para empezar creo que el mayor obstáculo es la resistencia de las personas al cambio. Cuando en mis intervenciones, digo las palabras “feminismo negro”, la mayoría de las personas no saben de que estoy hablando o creen que me refiero únicamente al “problema de las mujeres negras”. Al contrario, de lo que hablo cuando me refiero al feminismo negro es de un pensamiento y movimiento alternativo al hegemónico.

Las mujeres que estamos detrás del feminismo negro, somos mujeres repensando la manera de entender el mundo. Somos mujeres creando alternativas sobre cómo ser humano. Somos mujeres buscando una sociedad diferente, libre de la opresión y de injusticia social. Evidentemente, estas propuestas provocan miedo, especialmente entre aquellas personas que no quieren que nada cambie.

Sin embargo, este libro en concreto es un best-seller en Brasil, es decir, se lo está leyendo mucha gente, también hombres blancos. Y esta es la intención. Los hombres blancos también han de leer este libro, porque quiero que sepan que su experiencia no es la única manera de ver el mundo. Hay otras experiencias que cuentan, y estas deben de dejar de estar silenciadas.

 

Sus ideas sexistas, homofóbicas y racistas le valen al presidente electo de Brasil la oposición de diversos sectores. Por ello, fueron muchas las mujeres del país que intentaron parar su avance con la campaña #EleNão. ¿Crees que el mensaje de esta campaña llegó a las mujeres brasileñas? ¿Porqué?

Sí, creo que fue una campaña determinante, ya que muchísimas mujeres de todas partes de Brasil se movilizaron en contra de Jair Bolsonaro y su programa electoral. Ya incluso durante la campaña electoral, fueron muchas las personas LGTBI que sufrieron ataques en las calles, sobre todo de las grandes ciudades, debido al discurso de Jair Bolsonaro. Ante esto, las mujeres fuimos capaces de unirnos y dar vida a esta campaña para mostrar al ahora presidente de Brasil que, independientemente de que ganase o no las elecciones, no íbamos a quedarnos de brazos cruzados ante su discurso de odio LGTBfóbico y sus políticas machistas.

Lo curioso en realidad fue que en el momento en el que Jair Bolsonaro ganó las elecciones, algunos de los partidos de izquierdas en Brasil culparon al movimiento feminista de esta deriva conservadora. Según ellos, “el radicalismo del movimiento feminista había provocado un voto reaccionario entre los y las votantes”.

 

Sabemos que Bolsonaro, además de tener un perfil extremadamente conservador, acumula ya un extenso historial de declaraciones discriminatorias. ¿Por qué crees que un candidato abiertamente racista ha conseguido un apoyo tan amplio entre los y las votantes de un país de mayoría negra?

Lo primero que me gustaría destacar es que las encuestas muestran que la mayoría de la población negra, y especialmente las mujeres, votaron a Fernando Haddad. A Bolsonaro sobre todo le votó la población blanca con recursos económicos altos, y entre esta, mayormente los hombres. Obviamente, aunque minoritario, también consiguió el voto de ciertos sectores de la población negra, principalmente de aquella que simpatiza con las iglesias evangelistas. Es muy importante destacar que estas Iglesias tienen mucho poder de alcance mediático en Brasil, sobre todo a través de la televisión, dónde disfrutan de amplios espacios para difundir sus discursos, en este caso, de apoyo a Bolsonaro.

En cualquier caso, creo que vale la pena destacar que en estas elecciones se han cruzado muchos ejes ideológicos: ¿por qué un hombre pobre vota por Bolsonaro cuando las políticas económicas de éste le van a perjudicar? Pues quizás porque este hombre es, antes que nada, homófobo. O ¿por qué una mujer puede votar por Bolsonaro cuando éste es abiertamente machista? Pues porque quizás esta mujer ha tenido una educación muy conservadora y sexista, y no comprende que las problemáticas de género que le afectan se deben a los discursos y políticas que defienden personas como nuestro presidente.

Por tanto, son muchas las identidades ideológicas y políticas que se cruzan en un o una votante. Y es en estas elecciones en las que se han explotado precisamente los discursos extremistas, lo que ha tenido un gran impacto sobre los y las votantes.

 

Algunos medios de comunicación, como Folha de São Paulo, han denunciado el uso de una campaña de fake news por parte de Bolsonaro para ganar las elecciones. ¿Qué papel crees que ha jugado la desinformación y las noticias falsas en el éxito de la campaña electoral de Bolsonaro?

Creo que ha jugado un papel clave. No solo por los canales o medios (redes sociales) sino también por el contenido. En esta campaña, a veces hemos visto como la población compartía bulos como que Fernando Haddad iba a distribuir “Kits para volverse gay” en las escuelas u objetos sexuales; es decir, información totalmente falsa y difamatoria, pero con un gran poder de movilización, debido a su alto contenido moral.

 

En relación con el debate sobre seguridad ciudadana ¿qué dirías que has aprendido de la deriva autoritaria que ha sufrido Brasil en los últimos años?

Lo que he podido aprender en los últimos años sobre este tema es que el debate está mal enfocado. A día de hoy, sí, son muchas, especialmente en las comunidades más pobres y más pobladas por la población negra, las personas que recurren a la violencia como forma de vida, sobre todo las más jóvenes. Pero es que, en Brasil, también son muchas las personas jóvenes provenientes de estas comunidades pobres quienes se unen a la policía, y no por ello dejan de actuar de manera corrupta; simplemente, actúan con más autoridad.

Al final lo que vemos es que el Estado está apoyando una guerra entre bandos dentro de las comunidades más pobres, al dar rienda suelta a la violencia policial. Por lo tanto, ¿tenemos que preocuparnos por la seguridad de nuestras ciudades? Sí. ¿Pasa la solución por crear más policía y darles más libertad para actuar impunemente? Yo creo que no.

Lo que la sociedad necesita es reflexionar. El reto está en introducir en el debate las temáticas que afectan la seguridad ciudadana: la injusticia social que sufren ciertas comunidades (como las favelas), la delincuencia y la violencia policial, de una manera comprensible. Hay que llegar a la población, buscar que reflexionen al respecto. Sino, no se acabará con la violencia.

 

Además, dada tu experiencia como secretaria adjunta de la Secretaría de Derechos Humanos y Ciudadanía de São Paulo durante el gobierno de Haddad ¿qué crees que se puede hacer desde las ciudades para hacer frente a estos movimientos de intolerancia que están emergiendo?

El trabajo de resistencia desde las ciudades en Brasil puede ser complicado, porque con la llegada de Bolsonaro, los partidos de izquierdas han perdido muchos ayuntamientos a lo largo de todo el país. Es cierto que todavía gobiernan en algunas ciudades importantes, pero no sé si suficientes para crear red o ser un “contrapoder”.

Sin embargo, los que sí pueden ser “la resistencia” son los Estados federados, especialmente en el Norte, dónde la izquierda sí ha mantenido el poder. Además, creo que también se ha de valorar la entrada de muchas mujeres, y mujeres negras, al poder (como diputadas) después de los últimos comicios. Porque ello implica un cambio de actitud, de creencias…un cambio de fondo.

 

Ya que hablas de la izquierda…¿qué papel crees que deberían jugar los partidos de izquierda en el debate sobre la cuestión racial?

El problema es que en Brasil trabajar por una verdadera justicia racial no está en la agenda, ni para muchos partidos de izquierda, ni por supuesto para la derecha. ¿Qué sucede entonces? Que muchas personas negras y movimientos sociales negros no se ven representados en ningún partido -tampoco en los de izquierda-, y ante esta desafección, ¿qué ocurre cuando llegan las elecciones? Que muchas veces ni si quiera votan. Y es que menos del 10% de los diputados del parlamento brasileño son negros. ¿Cómo van a verse representados? Y esto es algo de lo que ni siquiera los propios partidos de izquierda quieren discutir.

 

Sabemos que has participado en la Conferencia “Cities for Rights” que tuvo lugar en Barcelona los días 10 y 11 de diciembre. ¿Podrías compartirnos alguna experiencia de resistencia local a estos movimientos de intolerancia en la que hayas participado?

¡Pues hay muchos! Pero me gustaría destacar:

El proyecto Promotoras Legais Populares, un proyecto ciudadano creado en 1992 con el objetivo de luchar contra la discriminación y la opresión de las mujeres pertenecientes a las áreas más pobres del país, a través de la formación en derechos, violencia de género, feminismo, etc. Este proyecto se extiende a lo largo de varias ciudades y cuenta con el apoyo de muchísimas personas voluntarias, que buscan ayudar a las mujeres y sus familias, que viven en estas áreas -muchas veces favelas- y sufren violencias machistas.

Es un proyecto verdaderamente interesante que lleva mucho tiempo funcionando y que está completamente autogestionado; sin embargo, tiene muy poca visibilidad, muchas personas no lo conocen y apenas tienen financiación. Es un ejemplo más de cómo se invisibiliza el trabajo de muchas organizaciones formadas mayormente por personas negras y que trabajan principalmente para mejorar las condiciones de vida de la población negra (que es la que en su mayoría habita las favelas).

Los brasileños, y sobretodo la población negra de Brasil, no somos como nos se nos estereotipa: personas pasivas que aceptamos cualquier cosa. Hay mucha gente negra en Brasil trabajando para cambiar las cosas, buscando herramientas de resistencia a la injusticia social. Como bien decía la activista y feminista negra Léila González: “compartamos nuestro sufrimiento, pero también el legado de nuestra lucha”.

 

Entrevista realizada por Almudena Díaz y Ana García Juanatey