Un barrio de montaña, repleto de zonas verdes. Y no podría ser de otra manera, ya que el barrio de Can Baró se sitúa al sur de la cumbre del Turó de la Rovira. Y, coronando el monte, la batería antiaérea que defendía la ciudad durante la Guerra Civil y donde se encuentra el espacio expositivo del MUHBA, con el relato sobre la Guerra Civil y el chabolismo de la época franquista.

El barrio toma su nombre de la antigua masía de Can Baró, y en sus calles han vivido personalidades del nivel de Antoni Rovira i Virgili —quizás por las casas levantadas por una cooperativa de periodistas—.

Haz clic para ampliar la imagen

Pistas deportivas y espacios verdes entre las calles de Tenerife y de Francesc Alegre, con los bloques de la Cooperativa Gracienca de Viviendas al fondo

Haz clic para ampliar la imagen

El bus de barrio entrando en la plaza de Can Baró

Los terrenos de la masía de Can Baró empezaron a urbanizarse al final de la década de 1910, y en los años cincuenta y sesenta se llenaron de grandes edificios.

Zona de íberos y chabolismo

Se sabe que los primeros habitantes de la zona fueron los íberos —entre los siglos IV y lI a. C.—, gracias al descubrimiento de unos yacimientos en los años treinta. Los terrenos de la masía de Can Baró empezaron a urbanizarse al final de la década de 1910, y lo que empezó como una urbanización de veraneo se llenó de pequeñas calles desniveladas con grandes edificios, gracias a las oleadas inmigratorias de los años cincuenta y sesenta. Sin embargo, antes habían empezado a crecer los asentamientos chabolistas del final de los años cuarenta, que densificaron la zona y llegaron a agrupar cerca de 570 chabolas. El principio del fin de esta situación llegó a partir de la mitad de los años ochenta, con la construcción y entrega de los pisos Raimon Casellas, también conocidos como pisos verdes.  Además, es una zona donde históricamente se han asentado canteras, como la Casa Vélez y la de Can Baró, dedicadas a la extracción de cal y piedra para la construcción. Cuando una cerró, en 1967, se aprovechó el agujero para construir el antiguo campo de fútbol del AC Baronense.

Las dos entidades más antiguas de Can Baró consiguieron un hito en la recuperación de la memoria histórica en el Turó de la Rovira, además de un espacio de dinamización en el barrio.

Haz clic para ampliar la imagen

Los conocidos como “pisos verdes” con la placa que recuerda las chabolas en primer término

Haz clic para ampliar la imagen

“Hemos mantenido una serie de actividades, como la jornada del Día de la Mujer, que organiza el grupo de mujeres, o una cena anual con todos los vecinos y vecinas”

Custodia Moreno, directora del Local Social Raimon Casellas

Medio siglo tapando agujeros

La Asociación de Vecinos de Can Baró fue la primera entidad vecinal del barrio, fundada en 1977. “Junto con los Escoltes de Can Baró, iniciamos los campos de trabajo que desescombraron los restos de la batería antiaérea”, indica José Luis Petreñas, último presidente de la antigua asociación de vecinos. Las dos entidades, nacidas en los años setenta, consiguieron un hito en la recuperación de la memoria histórica, además de un espacio de dinamización en el barrio.

En el año 2017 surge otra asociación vecinal, la Plataforma Can Baró, con el objetivo inicial de conservar íntegramente la zona verde y los equipamientos entre las calles de Francesc Alegre y de Tenerife, ante un proyecto de construcción de 127 pisos dentro del marco del Proyecto 3 Cerros (fase 0). Elisabet Higueras, miembro de la Plataforma Can Baró expone que “se ha aceptado nuestra reivindicación y así se refleja en las bases del concurso del anteproyecto, es decir, de dónde irán estos pisos", y añade que "la voluntad de buscar soluciones nos ha llevado a hacer pactos para no perder nuestra única zona de convivencia y cohesión social”.

2018 ha sido clave para conseguir un modelo de barrio con la implicación de todo el mundo, gracias a la coordinación entre entidades. El grupo gestor, formado por la Plataforma Can Baró (que amplía sus objetivos iniciales) y una decena de entidades trabaja activamente para reclamar los medios públicos necesarios para hacer frente a las necesidades del barrio. José Luis Petreñas, que actualmente preside Can Baró Cultural argumenta que “nos preocupa, sobremanera, la atención a las personas mayores que viven solas. Somos un barrio muy envejecido y con problemas de movilidad, por las pendientes de las calles y por los flujos de gente que comporta la proximidad con el Park Güell”. Realidades que también dan impulso al trabajo conjunto: “Ante ciertas problemáticas, como la construcción de la L9 y la organización de la fiesta mayor, que afectaban a todas las entidades del barrio, decidimos crear la Coordinadora de Entidades”, explica el actual presidente, Xavier Simó. Hoy en día agrupa a todas las entidades del barrio. Con respecto al ocio, los Escoltes de Can Baró han sido un referente desde 1974. Sin embargo, no se puede obviar el papel de la Asociación Cultural La Finestra, nacida en el 2004 y que agrupa a las colles del mundo del fuego y los timbales en el barrio: las Fures y los Trons de Can Baró, y la popular bestia de fuego, el Mosquit de Can Baró. Asimismo, desde la entidad se ha motivado la creación de una cooperativa ecológica de consumo que agrupa a 25 familias, además de grupos de teatro. “El objetivo es hacer de entidad paraguas y ayudar a los grupos del barrio a constituirse como asociación, que salgan adelante con o sin nosotros”, remarca Quim Martín, presidente de la asociación.

La buena convivencia entre equipamientos y entidades ha conectado el Local Social Raimon Casellas con el Casal Pirineu.

Haz clic para ampliar la imagen

El Casal de Barrio Pirineu, a la derecha, con su zona verde y la antigua cantera que ocupó el campo de fútbol del Baronense, a la izquierda

Haz clic para ampliar la imagen

“El grupo gestor de Can Baró estamos trabajando un plan de barrio con la Administración. Nos permitirá analizar todos los aspectos de la vida comunitaria y potenciar con medios públicos lo que está poco cultivado”.

José Luis Petreñas, Can Baró Cultural

Equipar un terreno desnivelado

El Local Social Raimon Casellas es el equipamiento con la trayectoria más larga del barrio. “Surgimos en el año 85, momento en que la lucha vecinal consigue la entrega de los pisos verdes para erradicar definitivamente el chabolismo en Can Baró —explica la directora del espacio, Custodia Moreno—. Siempre hemos sido un punto de encuentro en el barrio, hoy en día con 161 familias asociadas”. La buena convivencia entre equipamientos y entidades ha conectado el Local Social con el Casal Pirineu, el otro equipamiento clave, cogestionado entre el Ayuntamiento y el tejido asociativo del barrio. El espacio se consiguió gracias a la lucha vecinal, y en el 2019 acabará un proceso de mejora y adecuación dentro del Programa de acción municipal. Un hito indispensable para mantener la actividad de la quincena de entidades que trabajan en el Pirineu. Otros puntos de encuentro son el Casalet de la Font Castellana y el Esplai Sanllehy, espacios para las personas mayores.

En Can Baró hay tres centros educativos y un casal infantil. “De cara a la juventud tenemos una falta de equipamientos deportivos y culturales”, comenta Xavier Sespluges, presidente del AMPA Escuela ACIS Martorell. Los centros neurálgicos de niños y jóvenes son la pista polideportiva y la reciente plaza de las Pedreres, que se han tenido que defender ante el Consistorio. La mayoría de comercios y servicios se concentran en la parte baja del barrio, lo que supone un obstáculo para buena parte del vecindario, que echa de menos una mejora de la movilidad dentro del barrio. La organización entre los comerciantes fue imprescindible para hacer acción conjunta y reclamar la cobertura de las obras de la plaza de Sanllehy y la L9.

Haz clic para ampliar la imagen

“Es un barrio con muchas carencias —pero unas vistas muy bonitas—, que funciona como un pequeño pueblo”

Elisabet Higueras, Plataforma Can Baró