El Guinardó es un barrio residencial que se extiende por la vertiente oriental de la montaña Pelada. Las calles empinadas se van acentuando a medida que se asciende por la colina, coronada por uno de los principales pulmones de Barcelona, el parque del Guinardó. Aunque las raíces de la zona son totalmente rurales, la inversión de la pequeña burguesía catalana a mediados de siglo XX lo ha convertido en un barrio residencial bien equipado y con un tejido asociativo consolidado.

Aunque las raíces de la zona son totalmente rurales, hoy es un barrio residencial bien equipado y con un tejido asociativo consolidado.

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La estatua el Nen de la Rutlla se ha convertido en símbolo del barrio

 

Una masía inaugural

El origen del núcleo urbano es el Mas Guinardó, una casa solariega del siglo XV, situada en el Puig Cogoll, que permitía controlar el llano de Barcelona y que ha sido un punto estratégico para los invasores a lo largo de la historia. Durante décadas, los vecinos se han apropiado de la leyenda que decía que allí vivía el bandolero Rocaguinarda. La actividad de entonces era totalmente rural, y la única muestra que queda de ello es la masía Torre Garcini. No fue hasta 1897 cuando Salvador Riera, propietario del Mas Guinardó, consiguió el permiso para urbanizar la finca, que compró a buen precio y que se revalorizó cuando el municipio de Sant Martí de Provençals pasó a formar parte de Barcelona. A partir de los años cincuenta, su situación privilegiada fue un reclamo para la especulación y se llenó de bloques de pisos que elevaron exponencialmente la densidad del barrio.

En el año  1993 surgió la Coordinadora de Entidades ante la necesidad de organizar la fiesta mayor.

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El Mas Guinardó está en el origen del barrio

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“Los cargos los ostentamos personas, que estamos asociadas a otro colectivo, y cargos que son cambiantes. De este modo, nadie vela más por su entidad”.

Joan Romero, presidente de la Coordinadora d’Entitats

 

Un siglo tejiendo red

La creación de la Asociación de Propietarios y Vecinos del Mas Guinardó (APV) en 1917 dio inicio al asociacionismo en el Guinardó. “Siempre hemos sido un referente; era la única entidad y aglutinaba a toda la gente del barrio”, explica el presidente, Jordi Pardo. La segunda mitad del XX fue su punto álgido, cuando poco a poco nacieron agrupaciones que todavía hoy siguen activas. Para conectar el diálogo interno con la Administración, en 1993 surgió la Coordinadora de Entidades ante la necesidad de organizar la fiesta mayor. Una excusa para consolidar un tejido asociativo con cerca de un siglo de historia, garantizando la pluralidad de las 35 asociaciones que forman parte de ella. “Hemos tenido que votar pocas veces porque se suele llegar a un consenso, quizás porque compartimos un mismo talante”, explica el presidente, Joan Romero.

La Asociación de Vecinos y Vecinas (AVV) Joan Maragall del Guinardó trabaja de manera autónoma y horizontal recogiendo las demandas y llevándolas al Consistorio. “Nuestra base son los vecinos, las personas”, explica Mila Alcaina, expresidenta de la AVV. Otros trabajan en el estudio del barrio y la recuperación de su memoria histórica, como es el caso de El Pou, un grupo de estudios del patrimonio del distrito de Horta-Guinardó. Revivir la historia es, sin duda, una forma de incidir en la vida diaria del barrio, como hace desde 1978 la Cooperativa Rocaguinarda, que ofrece alternativas de consumo: “Desde un lugar pequeño intentamos incidir en la manera de vivir y consumir en el Guinardó”. En el 2018 celebra su 40.º aniversario en el barrio.

El centro cívico —el primero en inaugurarse en Barcelona— y los equipamientos deportivos de enfrente son un punto de encuentro importante de vecinos y agrupaciones.

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“Hace más de cuarenta años que trabajamos de manera horizontal llevando al Ayuntamiento las demandas de los vecinos”.

Mila Alcaina, AVV

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El centro cívico del Guinardó y el campo del Futbol Club Martinenc

 

Un barrio equipado, pero difícil de movilizar

“El Grupo Torxa nace en el 74 para preservar las tradiciones y las costumbres catalanas”, explica el presidente, Jordi Iturbe. Históricamente, el Grupo Torxa y la Asociación Xerrac han vehiculado las actividades culturales y de ocio en el Guinardó: esplai, diables, tamborileros, gigantes. “Hacemos una labor educativa que cubre la falta de valores que puede tener la educación formal”, explica Laia Carrión, monitora del esplai. “Utilizamos el tiempo libre para promover valores como el pensamiento crítico”. Aunque la oferta sea amplia, “hay poco movimiento, cuesta sacar a la gente de casa”, explica Romero. Por eso, quizás, no hay un centro neurálgico en el Guinardó, pero el centro cívico —el primero en inaugurarse en Barcelona— y los equipamientos deportivos de enfrente son un punto de encuentro importante de vecinos y agrupaciones, como el campo del FC Martinenc.

En el ámbito asociativo, cabe destacar el Mas Guinardó, origen del barrio y, desde el 2007, casal orientado a dar apoyo a entidades, grupos estables y vecinos y vecinas del distrito. Además, sirve de punto de reunión para las distintas secciones de la APV, entre las cuales se incluyen agrupaciones como los scouts o el equipo de petanca, que han sido campeones de Cataluña. Después de constantes demandas de un equipamiento para los jóvenes, hace casi dos años se abrió el Casal de Jóvenes Girapells, sede de las diversas agrupaciones juveniles. Gestionado asambleariamente, “se ha convertido en un lugar para agrupar a todos los jóvenes, ver qué necesidades tienen y motivarlos a entrar en el tejido asociativo”, explica Martina Casanovas, miembro de la asamblea. El Recinto Modernista de Sant Pau, el mercado y el parque del Guinardó son otros emplazamientos destacables.

La orografía ha hecho que la mejora de la movilidad en el barrio haya sido una reivindicación continua del vecindario. La reforma de escaleras y los ascensores en la calle del Telègraf, han mejorado la situación.

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“He vivido siempre en el Guinardó, pero hacía vida en el Clot porque no teníamos ningún espacio para los jóvenes. Ahora tenemos el casal, pero siempre hay trabajo por hacer”.

Martina Casanovas de la Asamblea de Jóvenes, a la izquierda, de verde

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La torre Garcini se convertirá casal para las personas mayores

La memoria histórica, asignatura pendiente

La orografía ha hecho que la mejora de la movilidad en el barrio haya sido una reivindicación continua del vecindario, en especial de las personas mayores. Poco a poco se han introducido mejoras, de entre las más recientes, el proyecto de mejora de escaleras y ascensores en la calle del Telègraf. La necesidad de un casal para las personas mayores ha sido una demanda histórica de Nou Horitzó, y la Torre de Garcini será su emplazamiento. Las demandas no se orientan solo al presente, sino también a proteger la memoria histórica. Las fuentes y masías son los únicos testimonios del pasado rural del Guinardó; por eso, desde El Pou reivindican una protección y restauración singular de emblemas como la Font del Cuento o el Mas Pla-Ravetllat.

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Ascensor inclinado en la calle del Telègraf

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El parque del Guinardó es uno de los pulmones de la ciudad