Es el barrio más pequeño de Barcelona y uno de los núcleos habitados más antiguos del distrito de Horta-Guinardó. También es el barrio con menos densidad de población de la ciudad. Con cerca de mil habitantes, la singularidad de la Clota viene dada por su ubicación, y por haber llegado a nuestros días con una fisonomía semirrural impensable en el resto de la ciudad.

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Casas con huerto en el barrio de la Clota y, al fondo, Ca N’Andalet

El origen del barrio lo encontramos en el llano de Can Tarrida, una antigua masía del siglo XIII ya desaparecida.

Los tres torrentes que lo cruzan lo han convertido, históricamente, en uno de los terrenos más fértiles de toda Cataluña, y los huertos que llenan el barrio son testigos de ello. Su forma triangular está delimitada por la avenida del Estatut de Catalunya, la avenida del Cardenal Vidal i Barraquer y la calle de Lisboa. Los barrancos de densa vegetación, las calles estrechas y las humildes casas unifamiliares definen este pueblecito dentro de Barcelona.

 

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Vista de la Clota desde la calle de Lisboa, a la altura de las calles del Capcir y de la Puríssima

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Promoción de pisos del Patronato Municipal de la Vivienda en la esquina de la calle de Marcel•lí con la avenida del Estatut de Catalunya

El terreno más fértil de la ciudad

El origen del barrio lo encontramos en el llano de Can Tarrida, una antigua masía del siglo XIII ya desaparecida. La abundante agua superficial ha determinado una historia de cultivo, lavaderos y un casi nulo crecimiento urbano. Muchas casas conservan su origen rural, otras las construyeron sus habitantes posteriormente, y todavía se encuentran antiguas torres con su arquitectura singular. El desaparecido tejar de Can Grau fue referente en la zona, junto con otros almacenes y espacios de venta de materiales de construcción.

A principios del siglo XXI, la Clota no llegaba al medio millar de personas. No obstante, la construcción de un bloque de pisos en el 2016 hizo que se duplicara la población. No se puede obviar el aislamiento que han sufrido sus habitantes a lo largo de los siglos, con una importante precariedad de servicios. Eso, junto con la resistencia del vecindario a los proyectos de reforma con los que se quería derribar muchas casas históricas, ha creado una fuerte conciencia de barrio.

El vecindario consiguió proteger sus viviendas y se reconoció a la Clota como un barrio independiente.

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“Aparte de organizar la fiesta mayor, nos dedicamos exclusivamente a temas de urbanismo. En la junta tenemos voz y voto, y opinamos en función de los intereses de la mayoría de la Clota”.

04- Àngels Corselles, presidenta de la asociación de vecinos y vecinas

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“Es un barrio muy poco conocido; hay muy buena relación con la asociación de vecinos y con las comisiones técnicas que propone el Distrito”.

Raúl Lerones, director del Centro Juvenil Martí-Codolar

Una singularidad que hay que proteger

Este sentimiento de barriada se traslada a la Asociación de Vecinos y Vecinas de la Clota. Àngels Corselles, que hace 28 años que vive en el barrio, es la presidenta. “Ante el Plan de reforma urbanística del 2008, los vecinos nos organizamos para proteger al máximo la singularidad del barrio”, explica Àngels. De este modo, el vecindario consiguió proteger sus viviendas y se reconoció a la Clota como un barrio independiente. No obstante, este aislamiento ha hecho que el vecindario participe en entidades de los barrios adyacentes, como Horta o la Teixonera, que tienen un tejido asociativo más diverso.

Si la lucha se ha centrado en la protección de la barriada, ahora se trabaja en su dignificación. “La fisonomía del barrio no ha cambiado nada”, explica Àngels, “pero poco a poco nos han ido llegando los servicios básicos”. Este 2019 se han iniciado las obras de reurbanización de las calles de Alarcón y de Bragança, que incluyen la renovación de la red de alcantarillado. El Centro Juvenil Martí-Codolar es una residencia salesiana, un equipamiento de ciudad que ofrece proyectos educativos y de prevención, y un agente clave en el tejido de la Clota. “La presencia de los salesianos en el barrio se remonta a 1954”, explica Raúl Lerones, director del centro. “Ha ido evolucionando hacia una entidad social con planes de acción que incluyen desde bebés hasta población adulta, pasando por los adolescentes y los jóvenes”.

Desde el 2018, hay una nueva entidad en la Clota que se denominará Asociación Humans a la Terra. Este grupo de personas gestiona el Tros d’en Marcel·lí, un espacio de más de 1.200 metros cuadrados de huerto que recibe el nombre del vecino que trabajaba en él y que ahora, además, está abierto a actividades y talleres relacionados con la horticultura.

Pese a la familiaridad de la Clota, hay un equipamiento que presta servicio a toda la ciudad: Torre Jussana, un edificio de estilo neoclásico que data de 1825.

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“Queremos aprovechar el cambio de modelo a gestión cívica entre el Ayuntamiento y el Consejo de Asociaciones de Barcelona para participar más activamente en la vida comunitaria de la Clota”.

Joan Vilaplana, técnico de comunicación de Torre Jussana

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Calle de la Puríssima

Equipamientos a la altura de Barcelona

El punto de confluencia vecinal es, como en cualquier pueblo pequeño, el bar: El Raconet. Hasta hace poco podía encontrarse, también, El Rincón, pero cerró a comienzos del 2018. Pese a la familiaridad de la Clota, hay un equipamiento que presta servicio a toda la ciudad: Torre Jussana, un edificio de estilo neoclásico que data de 1825. En 1995 se convirtió en el Centro de Servicios de las Asociaciones de Barcelona. Así, se presta servicio a todas las asociaciones de la ciudad, que suben a la Clota para asistir a cursos de formación, asesoramientos, etcétera. “Nuestra relación con el barrio se basa en el uso que hacen del centro las asociaciones de la Clota”, explica Joan Vilaplana, técnico de comunicación del equipamiento. “Por otra parte, hemos colaborado cediendo los espacios interiores y exteriores del centro para actividades de la fiesta mayor; el equipamiento siempre ha procurado tejer complicidades con el barrio”. La Clota es, en definitiva, un barrio pequeño, rural y familiar, pero con servicios necesarios para toda la ciudad.

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Pasaje del Marquès de Castellbell