Pequeño y empinado, situado en la vertiente norte del parque de los Tres Turons y poco conocido por el resto de Barcelona. La Font d’en Fargues es el barrio más residencial de Horta, formado por grandes torres modernistas y casas humildes autoconstruidas durante el siglo XX. Actualmente, cerca de diez mil vecinos conviven en sus escasos 0,7 kilómetros cuadrados. El rasgo principal de la barriada es, sin duda, “la tranquilidad, la pureza del aire y la sensación de vivir en un pueblo”, explica M.ª del Carmen Blas, presidenta de la Asociación de Amigos y Vecinos de la Plaza de la Font d’en Fargues.

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El cruce de la calle de Pedrell con el paseo de la Font d’en Fargues es un punto neurálgico del barrio

La Font d’en Fargues es el barrio más residencial de Horta, formado por grandes torres modernistas y casas humildes autoconstruidas durante el siglo XX.

Una fuente con propiedades mágicas

La paz que define al barrio se encuentra ya en el origen de su nombre: la mítica fuente que desde principios de 1900 se popularizó por sus aguas con “propiedades oligometálicas y líticas, y que durante unos años se comercializó”, explica el historiador Joan Corbera. “Era un emplazamiento donde la gente venía a cuidarse”. El núcleo originario de la zona es la masía de Can Fargas, que data del siglo XI.

 

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Masía Can Fargas, convertida hoy en escuela de música

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“Mis padres construyeron nuestra casa con sus propias manos, y gracias a la organización vecinal paramos la expropiación de nuestras viviendas”.

M.a del Carmen Blas, Asociación de Amigos y Vecinos de la Plaza de la Font d’en Fargues

En 1905, el promotor Pere Fargas impulsó la urbanización de los terrenos al estilo ciudad jardín, con grandes torres y torretas. En 1915, incentivó la construcción de chalés para la Cooperativa de Periodistas. Sin embargo, después de la Guerra Civil, muchos vecinos acomodados no regresaron, y sus grandes torres se han convertido en equipamientos para el barrio y en nuevos pisos para personas con cierto nivel económico. Así, la inmigración de los años cincuenta y sesenta acabó de dar forma al barrio: casas autoconstruidas para vecinos de clases humildes que dieron un sentido especial a sus calles. Nació también una lucha incansable para la protección del patrimonio familiar.

Después de la Guerra Civil, muchos vecinos acomodados no regresaron, y sus grandes torres se han convertido en equipamientos para el barrio.

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Torres en la calle de Pedrell

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“Uno de los objetivos de nuestro proyecto es el fomento de actividades juveniles en el barrio”.

Berta Aguilar, Esplai Xangó

La protección de las viviendas como modus operandi

Durante la dictadura y la legislación posterior del alcalde Porcioles, se pretendía expropiar a las clases más humildes los terrenos donde se autoconstruyeron sus viviendas. M.ª del Carmen fue una de las primeras en iniciar esta lucha a través de la asociación, que se centra en las reivindicaciones de la parte alta del barrio. “Desde los años noventa, hemos luchado por proteger las casas que nuestros padres construyeron con tanto esfuerzo”, explica la presidenta. “Ahora trabajamos para dignificar el barrio”. Las dificultades intrínsecas a un barrio tan lejos del centro de Barcelona también marcaron la consolidación de su tejido asociativo.

La Asociación de Vecinos de la Font d’en Fargues apareció en los años ochenta ante la necesidad de un transporte público de calidad en el barrio. En los últimos años, sus principales reivindicaciones son en materia urbanística y de sanidad: “No hay ningún CAP y la población cada vez está más envejecida. Para ir al CAP del Carmel, que es donde le toca a una parte importante del vecindario, solo se puede acceder andando”. Aunque el tejido vecinal lo engloban las dos asociaciones de vecinos, cerca de una veintena de entidades de todo tipo trabajan a través del casal de barrio y se dedican a ámbitos muy variados: cultura, deportes, ocio, participación ciudadana, enseñanza y personas mayores. El Esplai Xangó es una muestra. “Estamos vinculados al casal”, explica la monitora Berta Aguilar. “Uno de los objetivos de este proyecto es el fomento de actividades juveniles en el barrio y, como somos la única entidad de jóvenes y para jóvenes, el centro de ocio se convierte en una pieza clave”.

 

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Casal Font d’en Fargues

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Parte alta del paseo de la Font d’en Fargues

El casal de barrio pasó a ser de gestión ciudadana en el 2008 gracias al impulso de las entidades vecinales y la compra del espacio por parte del Ayuntamiento.

Un casal que alimenta el barrio

El casal de barrio pasó a ser de gestión ciudadana en el 2008 gracias al impulso de las entidades vecinales y la compra del espacio por parte del Ayuntamiento. “Las diversas entidades y grupos de vecinos no formalizados reclamábamos un equipamiento en condiciones”, explica Elena Sorribes, que ha presidido la asociación que gestiona el casal. Hay que destacar que, además de ser residencial, es un barrio escolar. Más de una decena de escuelas hacen que la Font d’en Fargues sea un lugar de paso para los niños y niñas de todas las edades.

En esta situación, los vecinos echan en falta un centro neurálgico en el barrio. La distribución de las calles y la orografía hace que la única plaza con espacio para el ocio sea la de la Font d’en Fargues. “Es el emblema de nuestro barrio, vienen niños a jugar después de la escuela y por ella pasean los vecinos”, explica M.ª del Carmen, “pero la fuente y la plaza se encuentran abandonadas, ya hace años que pedimos una reforma urgente”. “Será un lugar maravilloso cuando esté arreglada, tanto para los vecinos como para el conjunto de la ciudad de Barcelona, esperemos que la gente vuelva a hacer pícnics o simplemente vaya a pasear”, explica Montse Caselles. Pese a esta situación, todavía quedan en pie emblemas que hablan de la historia del barrio, como la iglesia de Sant Antoni de Pàdua.

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Elena Sorribes, Asociación Casal Font d'en Fargues

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Iglesia de Sant Antoni de Pàdua