Un barrio de contrastes. La tranquilidad y la amplitud de espacios verdes es la principal característica de la Vall d’Hebron, barrio situado al pie de Collserola. “Nos hace especiales la relación de zona verde por metro cuadrado y por habitante, muy superior al resto de Barcelona”, explica la vecina M. Eugènia Ibáñez. La calma se cumple si no se tiene en cuenta la dinámica ronda de Dalt, que hace de límite natural del barrio, junto con los vecinos de la Clota, Montbau y Horta.

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Villa de los Periodistas

Los jerónimos y los Juegos Olímpicos

Los jerónimos son los responsables del nombre del barrio. Aunque hasta el siglo XIX la zona pertenecía a la Vall d’Horta, el nombre procede de una edificación del siglo XIV, situada en la falda de Collserola y ya desaparecida: el monasterio de San Jerónimo de la Vall d’Hebron. Cabe destacar el papel de la familia Martí-Codolar, influyente en el barrio y en el resto de la ciudad. Dicen que en su finca, la Granja Vella, surgió el Zoo de Barcelona. De hecho, el empresario Lluís Martí-Codolar reunía en sus tierras una colección de 163 animales exóticos, que vendió al Ayuntamiento en 1892.

El núcleo residencial es mucho más reciente. El plan comarcal de 1953 calificó la zona de parque urbano y ciudad jardín, y pretendía empezar un proceso de edificación de grandes bloques de pisos. Gracias a las reivindicaciones vecinales, durante los primeros años de transición se detuvo el proyecto. Con el proyecto de ordenación posterior, de 1987, se amplió el polígono con motivo de la celebración de los Juegos Olímpicos, y se urbanizaron zonas donde solo había huertos. En los nuevos edificios se estableció la villa olímpica de los jueces, árbitros y periodistas. A la vez, se crearon una serie de equipamientos deportivos como el Centro Municipal de Tenis, el Pabellón de Pelota o el Centro Municipal de Deportes. Además, se construyó una réplica del Pabellón de la República de París, espacio que acoge uno de los fondos sobre la Guerra Civil más importantes de todo el mundo.

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Residencia Martí-Codolar

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Centro Municipal de Tenis

La participación ciudadana y la importancia de los equipamientos

La participación ciudadana la ha vehiculado históricamente la Asociación de Vecinos y Vecinas del Parque de la Vall d’Hebron. Hasta el año 2010, las principales luchas fueron “la apertura del casal de las personas mayores y el casal de barrio, la proyección de las obras de la calle de Can Travi y las manifestaciones en contra de una sala de venopunción en el Hospital Vall d’Hebron”, explica el expresidente Manel Bello. La nueva junta se ha centrado en reivindicar la apertura de un centro de atención primaria y una biblioteca pública. “Hace unos años hubo una recogida de firmas para solicitar una biblioteca, pero no la hemos conseguido”, explica M. Eugènia Ibáñez. El soterramiento de la ronda de Dalt y la avenida del Estatut, junto con la mejora de la calidad ambiental y la demanda de zona verde de aparcamiento, son demandas históricas en la asociación de vecinos y vecinas.

En el 2009 se inauguró el Casal de Barrio Can Travi y se agruparon en torno al equipamiento cerca de una quincena de entidades y colectivos de todo tipo, sobre todo culturales. El Centro Salvador Allende también tiene su sede en el casal, y trabaja en la exaltación de la figura del expresidente chileno. “Hemos desarrollado una actividad cultural muy fuerte, ya sumamos prácticamente 150 conciertos”, celebra el presidente Eulogio Dávalos.  Los jóvenes con discapacidades motrices también encuentran su espacio a través de Comkedem, una entidad juvenil dedicada al ocio y el deporte. Hay un equipo de baloncesto y uno de jóquey en silla de ruedas, además de un servicio de actividad física y deportiva.

Nuevos espacios entre la herencia de los Juegos Olímpicos

Las instalaciones deportivas y las esculturas colocadas durante los Juegos Olímpicos hablan del pasado de la Vall d’Hebron. Una inversión en cultura que se echa en falta desde aquel momento. “Hay un olvido institucional con respecto a equipamientos culturales, y hay una falta de iniciativas culturales en los casales”, explica Maria Eugènia Ibáñez. Por eso el vecindario materializa sus necesidades culturales a través del casal Can Travi. “La participación, el trabajo en red y la transversalidad con otros agentes del barrio son algunos de los objetivos en los que hemos trabajado durante el último año”, explica el coordinador del casal, Joan Punset. Entre los servicios que ofrecen, disponen de una ludoteca para niños y, adosadas al edificio, se encuentran las dependencias de los servicios sociales. 

Otras propuestas culturales se encuentran en los dos museos que hay en la barriada: el Tennis Museum y el Museo de Carruajes del Fomento. Por otra parte, en el 2018 acabaron las obras de renovación del Mercado de la Vall d’Hebron-la Teixonera, lo que pretende reactivar el comercio y la economía de la zona.  Aparte de Can Travi, el Casal para las Personas Mayores es el otro punto de confluencia del tejido vecinal. Situado en los jardines de Frida Kahlo, se inauguró en el 2008 y, actualmente, ya tiene cerca de un millar de socios. Dos espacios, pues, con una trayectoria corta en el barrio, pero que, a diferencia de los Juegos Olímpicos, se están gestando a partir de las iniciativas vecinales.

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“Estamos pidiendo un nuevo trazado de la ronda que se soterre para evitar que la autopista quede a la altura de los pisos”.

M. Eugènia Ibáñez, voluntaria en el Casal para las Personas Mayores y miembro de la Asociación de Vecinos y Vecinas del Parque de la Vall d’Hebron

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Casal para las Personas Mayores